Muchas veces oí hablar del municipio de Paime, pero jamás imaginé que detrás de ese pueblito enclavado en las montañas del norte de Cundinamarca se ocultaran tanta belleza y lo mejor tantas personas buenas y en medio de todo aperadas de fe y optimismo.
Salimos de Pacho, pasadas las cuatro de la madrugada, ese era un buen horario para recorrer las dos horas y treinta minutos que demora el viaje desde esta municipalidad hasta el nombrado Paime. El viaje fue agradable porque en medio de los saltos del carro que nos transportó, el martirio de la “dizque” carretera fue compensando con una terapia óptica inimaginable para muchos. Entre Pacho y Paime el viajero disfruta de un paisaje paradisiaco toda vez que se ven verdes, espesas y boscosas montañas que a medida que avanza la madrugada parecen izarse aún más para darle paso a los primeros rayos de sol que dejan ver un cuadro verde que por momentos se pierde en el blanco de la neblina, son gigantes copos de algodón que cubren las montañas dejando entrever que hay agua en cantidad y una tierra impecable, limpia que regala lo mejor de ella.
Las orillas de la carretera se adornan con lindas heliconias silvestres de tono amarillo, de orquídeas árboles de siete cueros, yarumos de gran valía porque le dan firmeza a la tierra, frescas y verdes pasturas, cafetos y árboles de bambú. Las pupilas se recrean también con begonias silvestres, guamos, venturosas, arbustos, cedros y muchas flores que le van dando paso a la seguidilla de cascadas de agua pura que baja helada de los picos de las montañas. Paime es sin duda una fábrica de agua, es el paraíso olvidado de la región a donde no van ni siquiera los hijos de la bella tierra porque se cansaron de esperar atención y ésta jamás llegó, lo terrible del cuento es que cuando tibiamente apareció acabó con la agricultura, con la ganadería y con otras actividades porque las cosas según muchos, se hicieron al revés, entró en vigencia el asistencialismo y liquidó las labores del campo. A lo anterior se suma que las personas prefirieron partir de la tierra porque hubo una mixtura bien venenosa y era nada más y nada menos que violencia combinada con apertura económica y la puesta en marcha de los acuerdos comerciales.
Hoy Paime es un municipio de algo más de 5.376 habitantes lo cual le da paso a sus cuatro inspecciones y 36 veredas. Paime tiene como vecinos a Yacopí, Topaipí, Villa Gómez, San Cayetano y la zona esmaraldífera del norte de Boyacá pues muy cerca están Quípama, muzo y el legendario y precolombino Coper.
A las seis y treinta de la mañana nos recibió con gran carisma y entusiasmo el señor, Arturo Romero Silva, un hijo de Paime preocupado por su región y por la oscura realidad del campo, no solo en su tierra sino en la región de Rio Negro y muy seguramente en todo el país.
El señor Romero fue alcalde de Paime entre 1995 y 1997, en una época bien difícil porque la apertura ya hacía de las suyas y la violencia campeaba por el país sin medir consecuencias y sin importarle nada en absoluto.
Romero afirmó en Diariolaeconomia.com que Paime es agrícola en un ciento por ciento porque produce café en escala mayor, frutas, cítricos y recientemente los campesinos iniciaron con unos cultivos de pitaya y sábila. “La actividad ganadera se da, pero en una escala menor lo que resulta lamentable porque hace 40 o 50 años el principal renglón productivo era la cría de bovinos. Hoy eso terminó, entre otras cosas, porque se perdió el mejoramiento genético y la calidad en nutrición. Esas tierras ahora están sembradas con café que resultó igualmente un fracaso para los campesinos que no han visto media en años”.
Leche a precio de huevo
Evocó este campesino de Paime, orgulloso de su tierra y de sus gentes los tiempos del ayer porque hace 40 años se obtenía mayor renta con la vaca criolla o la bien recordada Siete Colores.
Comentó que todo el impulso se perdió porque jamás hubo ayuda del gobierno y de sus instituciones en mejoramiento genético y poder criar animales de doble propósito, la gente sigue con las vacas de siempre, con las criollas que llegaron con la conquista.
En materia de precios de la leche, dijo, la situación es bien triste porque quienes la compran son gentes que vienen de otros municipios y la pagan a 500 pesos por litro en total detrimento del campesino que produce a casi 800 pesos ese litro. “Abusan del productor, del pobre campesino y la pagan al precio que quieren porque hay casos en que la leche se remunera a 400 pesos y es la leche que va para Muzo”.
La que se fue se fue, pero desplazada
En Paime aplica un tema musical del álbum popular de Colombia y es que seguramente el espíritu del pueblo canta a grito entero, “La que se va se va, la que se fue se fue y si no vuelve más ya que le voy a hacer” e insiste, “La que se va de mí, se va, se fue, no hay que llorar lo que no ha de volver”. Todo lo anterior porque del bonito pueblo la gente se fue y se está yendo pues no en vano de los 12.000 habitantes del censo de 1993, hoy la población cuenta a lo mucho con 5.300 personas y todo con cargo a la violencia, al desplazamiento y a la falta de atención estatal y de oportunidad en el campo.
La mayoría de los habitantes de Paime, dice Romero, se han desplazado a la sabana de Bogotá, a los barrios marginados de Bogotá y de Soacha, llegan a engrosar las filas del empleo en los famosos cultivos de flores, en vigilancia y otros se van a administrar fincas en la Sabana cuando esa misma labor la podrían hacer en Paime.
En esta tierra en donde el clima promedio es de 23 grados centígrados, pero con registros de 30 grados por contar con tierras por debajo de los 700 metros sobre el nivel del mar hay de todo por las condiciones de piso térmico. “Aquí se manejan varias siembras, también se está implementando el cultivo del cacao que requiere pisos por debajo de 900 metros y hay veredas que ya están cultivadas en su totalidad con este alimento”.
Carretera fantasma
A los pueblos enterrados en el olvido les llega todo y les pasa de todo inclusive hasta las obras fantasmas en donde aparecen obras y vías finiquitadas que jamás empezaron y lo peor que jamás fueron concluidas, pero lo aberrante es que figuran como grandes soluciones que gozaron de inauguración con pipiripao y todo.
Según Arturo Romero, en el mapa vial de Cundinamarca y de Colombia aparecen pavimentados los 40 kilómetros que separan a Paime de la central del Rionegro, la vía importante de la provincia, pero en realidad con pavimento hay tan solo dos kilómetros, ¿qué paso con los otros 38 kilómetros?, como dijo la reina, “Averígüelo Vargas”.
De lo único que se acuerdan es que la obra se hizo en el mandato del gobernador, Manuel Guillermo Infante Braiman, e inclusive en tiempos de doña, Leonor Serrano de Camargo en plena presidencia de Andrés Pastrana.
Con los TLC no hay que pensar, hay es que llorar
Arturo Romero Silva es punzante al decir que con los acuerdos de libre comercio no se puede pensar en un cultivo o en un producto perecedero importante porque en primer lugar no hay vías que acerquen los productos del campo a los puertos, a los aeropuertos o a los centros de logística y a las zonas francas de agroindustria.
“Si tuviéramos una vía pavimentada, lógicamente podríamos pensar en vender productos de Paime al exterior, podríamos participar del libre comercio, pero con trochas es muy difícil pensar en exportaciones. Cuando les antoje hacer la vía, de seguir la tendencia, ese día ya estaremos en banca rota y tomando leche americana”, dijo este escéptico por la promesa del cuatro por mil para el campo.
En desarrollo de la charla, Romero lamentó las falencias en infraestructura y competitividad porque en su opinión siguen sumiendo a Paime en el atraso y todo por el olvido estatal que tienen a este municipio a cinco horas y media de Bogotá cuando la vía esta seca y en condiciones pues en invierno es impensable transitar.
“El gobierno tienen que volver a mirar al campo, debe darle garantías a quienes lo trabajan para que los que partieron vuelvan y dejen las ciudades superpobladas y peligrosas por múltiples agentes de violencia. La gente tiene que volver al campo, pero con una reforma agraria seria impulsada por el mismo ejecutivo, sin condiciones no podemos competir y la verdad, como estamos, con TLC no hay que pensar, nos toca llorar”, expresó el ex alcalde.
Asegura que la inversión en el campo es sinónimo de paz, pero deploró que el gobierno le haya enviado a Paime un grupo de desplazados que lo único que generaron fue violencia. “Aquí el mismo gobierno les dio unas fincas y los desalojados llegaron a matar gente, a pedir plata, a robar ganado, eso es lo único que nos ha mandado el gobierno afectando lo que anteriormente era un remanso de paz. Hoy estamos a merced de la delincuencia que proviene de los grupos armados al margen de la ley afectando a toda la comunidad de Paime”.
Por todos esos motivos la gente del municipio se fue para nunca más volver y triste y preocupantemente Paime se quedó sin manos para meter en la tierra, se quedó sin campesinos que siembren y aseguren la producción de alimentos. Insistió en la creación de un colegio con vocación agrícola para formar niños y jóvenes para el campo, pero nuevamente elevó la queja por el desdén gubernamental.
Para completar el cuento fracasaron los Hogares Juveniles Campesinos que este año no pudieron abrir sus puertas por falta de recursos y ahora Paime ve niños montando en ruta escolar pagada por el municipio y alejados del campo.
Un pueblo para visitar
Paime es un pueblo sugestivo, con una ruralidad envidiable toda vez que hay contacto directo con la naturaleza. Es una zona rica en fauna y en flora, la calidad de sus tierras permite cultivar productos de muy alta calidad, orgánicos y saludables. En ese municipio la alimentación que sale es limpia, inocua porque no se fumiga.
Gran parte de la alimentación es campesina, pero muy sana porque hay un bajo consumo de grasas, allí se come rico y con cero colesterol, es un ambiente apto para los que buscan tranquilidad, salud, descanso y relajación.
El turismo que promueve Paime es de total descanso y tranquilidad pues si bien no hay un enorme potencial en fincas ecoturísticas, si hay sitios para el reposo con óptima atención y descanso garantizado porque no se toleran ni las comunicaciones, se trata de conectar al ser humano, al urbano con el medio ambiente.
Un municipio ejemplo de exclusión
El productor y amigo del campo, Ismael Malaver Márquez le dijo a este medio que desafortunadamente el olvido es el común denominador del gobierno con Paime. Dijo que la precaria malla vial del municipio colapsa en tiempos de lluvia.
Desafortunadamente, aseveró, el estado nunca le ha puesto cuidado a estos municipios que están cerca de Bogotá y que tienen la posibilidad de producir gran cantidad de comida, pero no se puede sacar al mercado, porque no existen vías de comunicación pavimentadas.
Explicó que un caso patético es el de la obtención de naranja porque Paime es uno de los municipios que más produce esta fruta en el departamento de Cundinamarca la cual se caracteriza por su excelente calidad. Asegura que de manera increíble el bulto de naranja vale 5.000 pesos en época de cosecha, precio que pierde valor al descontarle 1.000 pesos del empaque más el transporte. “Eso significa que un productor va a trabajar a pérdida porque no hay forma de sacar la naranja del sitio de producción hasta el sitio de la comercialización”.
Dijo que con la leche el asunto es peor porque desafortunadamente gran parte del municipio no cuenta con luz eléctrica y por ello no es posible refrigerar la leche para poderla vender, escenario aún más dramático por las normas que prohíben la venta de leche cruda y que finalmente hacen que el campesino aproveche el alimento para sí mismo porque la leche, infortunadamente no se puede vender y por eso hay tanto pescador en río revuelto.
Urge revivir el IDEMA
Malaver dijo que es muy urgente volver a tener entidades como el Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, porque es la única forma viable para que el campesino le pueda vender su recolección a una entidad que le pague lo justo y no lo tumbe, a un ente que ejerza la absorción de cosechas.
“Además los productos le llegan directo al consumidor y con un precio más favorable porque se evitarían tres o cuatro cadenas de intermediarios que aumentan el valor de todos los alimentos”, sostuvo el señor Malaver.
A criterio de Malaver, el gobierno tiene que entender que la salida a todos los problemas está en el campo porque hay épocas de cosecha de café que pueden ofrecer más de 1.000 empleos permanentes por día, a tal punto que muchas personas que están en Bogotá sin ingreso lo pueden recibir en las fincas de Paime y una vez termine la recolección se pueden ir a otras zonas en donde se requiere mano de obra.
Expuso que al campesino hay que ayudarle en este momento de adversidad por cuanto en las siembras de cualquier producto en Colombia valen más los insumos que la renta del labriego. “Mientras los insumos tengan un precio elevado, el campesino no va a salir de donde está”.
Los productores de Paime lamentan el aislamiento porque consideran que tienen capacidad y oportunidad de conquistar mercados con productos totalmente sanos y cultivados bajo parámetros de exigencia máxima como lo piden en Europa y otros países.
“Aquí en este municipio la gente no utiliza fertilizantes porque no los necesita, las de Paime son de las mejores tierras que hay en el país, aquí se siembra una mata de plátano y al año está produciendo un racimo de más de una arroba y media, mientras que en otras partes tienen que meterle mucho fertilizante, mucho producto químico para poder producir”, declaró.
Este productor y empresario criticó el hecho de que algunos productos que fueron emblemáticos en la región como la yuca, hoy se llevan de otras zonas, desplazando el producto y erradicando el empleo.
Asistencialismo acabó con el campo
Según Malaver, todas las ayudas del gobierno han redundado en pereza y comodidad porque la gente no quiere trabajar. Dijo que cuando la plata llega sin necesidad de buscarla o ganarla, el campesino entra en una posición de confort que lo aleja de su inherente actividad.
Aparte de bajar el precio de los fertilizantes, consideró prudente entregar ayudas en bienes de capital, semillas, asistencia técnica, vías y tierra, pero en donde no se pierda la vocación ni la identidad campesina que finalmente es la que le da de comer a millones de personas en Colombia. “La mayoría de las personas asistidas económicamente no necesitan la famosa ayuda y muchas están allí porque fueron incluidas políticamente, pero no porque lo necesiten”.
Con esas ayudas, enfatizó, el ejecutivo convirtió al campesino en pordiosero pues al que producía le resulta más cómodo recibir ayudas que trabajar y eso explica porque la yuca, el plátano, el tomate y otros productos cultivados en Paime ahora llegan de Bogotá. “La gente no trabaja esperando que el estado le pague y por eso hay fincas con cero actividad con tierra muy buena, pero hoy lamentablemente ociosa”.
Preservación y amor por la naturaleza
Un reconocimiento que hay que hacerle a Paime y a sus gentes es el apego por el ecosistema. En ese frente el municipio adelanta una ardua tarea y los resultados son visibles toda vez que hay un entorno verde, amigable con el medio ambiente que invita a prolongar la estadía.
El representante legal de la asociación, Agua, Turismo y Flora de Paime Cundinamarca, Ricardo Díaz Bello, afirmó que la misión de la asociación es precisamente el fomento de la educación ambiental con el fin de que los niños crezcan con apego y respeto por su entorno natural.
Consideró vital defender las cuencas de agua para garantizar el suministro de un líquido potable y puro que permitan acopiar cuantiosas reservas para hacer próspera la agricultura orgánica. Instó a los productores a proteger la capa vegetal usando menos químicos en sus procesos productivos y auspiciando la defensa de las cuencas hídricas.
“Desde esta tierra le hago un llamado al gobierno, a muchos empresarios, a los campesinos y al país entero para que dejen el ecocidio que es la muerte del ecosistema, hay que parar la tala de bosques y cuidar la capa vegetal. Es muy importante que tengan conciencia que no se puede cultivar en los páramos y mucho menos adelantar actividad minera en estos porque eso si contribuye a secar la tierra y matarla de sed”, indicó.
Finalmente exhortó por el cuidado de los gatos manchados y de la fauna en general porque hay persecuciones despiadadas contra muchos animales que están a las puertas de la extinción y que son claves en el equilibrio de la naturaleza.
Este es el acuífero municipio de Paime en la región cundinamarquesa de Rionegro, tierra otrora de los aborígenes Muzos llena de riqueza y de potencial productivo, pero sin apoyo, sin incentivo y prácticamente sin futuro. Las personas que se quedaron en el pueblo de colores vivos están haciendo una apuesta por convertir la región en una empresa turística y amable que brinde seguridad y tranquilidad para quienes allí lleguen. Al olvido le dicen alto que es finalmente lo que significa Paime en lengua indígena.
Como muchos municipios, Paime solo recibe visitas por estos días, coincidencialmente por estas épocas, en momentos de campañas políticas en donde se buscan votos para llegar al Congreso, a la Gobernación, al Concejo y a la Asamblea de la clase política. Lo triste del tema es que se van los que prometen, los del perjurio, esos que viven en tiempos de la mita y el resguardo o los que convencen con cerveza y tejas, los que aún tienen el coraje de poner la cara en medio del incumplimiento para seguir con la pantomima política, esos que salen corriendo a tomar posesión del cargo para luego olvidar que estuvieron en Paime. Por fortuna sus gentes buenas son mucho más que la infamia y por eso están convencidas que solo con un trabajo juicioso y en cadena, su pueblo podrá decirle a Cundinamarca, a Colombia y al mundo, presente y con impulso.