Hablar de droguerías, contrario a lo que muchos piensan, no es asunto fácil toda vez que la medicina, la farmacia y por consiguiente la venta de medicamentos han estado atados al ser humano desde el homo sapiens. Nunca se equivocó quien dijo que la primera gran farmacia encontró grato techo en la selva y en el mismo bosque, totalmente cierto porque en las infusiones y plantas, el ser humano encontró alivio a los eternos quebrantos de salud, a los dolores o a las heridas que fueron comunes en tiempos de los antiguos imperios en donde la confrontación fue común denominador.
El hombre, inquieto por naturaleza, fue auscultando el ambiente y de manera afortunada encontró pronto paliativo a determinadas enfermedades que nacieron con algunas personas, que fueron desarrollándose o que simplemente prosperaron por deficiencias higiénicas, abusos y malos hábitos. En fin, la farmacia se hizo indispensable y empieza a tomar vuelo hasta hacerse determinante en el imperio romano, en Grecia, el antiguo Egipto y en las más añejas civilizaciones pasando por oriente y viajando en el tiempo a la increíble América, la de culturas avanzadas y claro está, también aprovechando la botánica para curar los males ocasionados por la atmósfera y los retos en zonas tropicales.

La farmacia y la medicina caminaron juntas inclusive acompañadas de la alquimia que fue haciendo aportes importantes hasta llegar al alcohol, los aceites, esencias y otros productos que brotaron del trabajar sobre la base de los elementos y la transmutación. Como si fuera poco aportó herramientas e instrumentos que serían vitales en el desarrollo de la química. La alquimia que empezó a darse desde el siglo III antes de Cristo tomó mayor fuerza en tiempos de Alejandría, sitio en donde su extinta biblioteca guardó estudios y avances de mucha importancia para el contexto humano más con su articulación potenciada y fortalecida gracias a tratados y estudios provenientes de Oriente y Egipto que fueron el complemento ideal a los avances griegos.
La farmacia con los años fue quedando en manos de los médicos, de los curas y de algunos particulares que tras estudiar y profundizar en temas de salud le dan vida a las boticas en el ocaso del siglo XV cuando los boticarios dan el salto a la industria, eso sí llenos de conocimiento y asumiendo retos endémicos que crecían a la par con la sociedad. En esas épocas los indispensables empresarios de la botica, previo estudio, se dedicaban a producir medicamentos y remedios para lo cual acudían a las infusiones, maceraciones, destilación, emplasto y otros mecanismos.
Colombia se funda con farmacias
Al mirar el entorno colombiano se puede decir que la medicina y la fabricación de medicamentos llegaron con la conquista pues desde ese momento fueron desembarcando a América médicos y expertos en el tema farmacéutico. Las soluciones fueron apareciendo y en Colombia el estudio de las plantas despertó demasiado interés en los criollos y en los mismos advenedizos que buscaban nuevas respuestas en plantas muy esenciales para curar como lo fue la quina. Con todas estas opciones se hicieron expediciones, explorando las inmensas posibilidades de curación que ofrecía el Nuevo Mundo. No en vano los recorridos de José celestino Mutis y luego las crónicas imperdibles de Alexander Humboldt mostraron culturas prehispánicas usando arbóreos y hasta orina para los tratamientos.
Colombia abrió su primera botica en Santa Fe de Bogotá en 1871 en los alrededores de la Plaza Mayor cuando el señor Alejandro Gastelbondo, le dio rienda suelta a su empresa y a su oferta de soluciones médicas.
En el siglo XVII empezó el comercio de quina gracias a los milagros que le atribuían a ese árbol frondoso de once metros y que en una tarde cualquiera le salvó la vida al recordado indígena Pedro Leyva, quien logró salvar su vida luego de los embates de la malaria. Por más de tres siglos aseguran los expertos este alcaloide fue la solución para los líos de malaria que empezó a ser utilizada por la comunidad jesuita, siempre con ojo avizor.
Tristemente las propiedades de la quina fueron la condena de muerte para esta arboleda que fue derrumbada por ejércitos de comerciantes que lo llevaron al Viejo Mundo e hicieron del macizo salvador tan solo un recuerdo.

Como quiera que sea con las boticas, unos negocios de venta de medicinas preparadas, nacía una gran industria. En esos tiempos los locales eran muy bien amoblados con muebles en fina madera, dotados de sala de recibo, charla o “cotorreo” así como con estantes en vidrio, loza e instrumentos de fina arcilla y una oferta de opciones para el cuidado del cuerpo.
Con los años el decreto 1099 de 1930 que fue a su vez reglamentario de la ley 35 de 1929 hizo la clasificación de las farmacias dejando las de primera clase operando en ciudades principales en donde había despacho al público, producción o manufactura de recetas, depósito de drogas y una exigencia adicional que consistía en libros de consulta. Las farmacias de segunda clase quedaron autorizadas para los pequeños municipios y allí tan solo se hacía despacho al público y trabajo en farmacia, el libro de consulta en ese capítulo no era exigencia.
La farmacia como la medicina tuvo orígenes y desarrollo pues hubo universidades que empezaron en Francia en donde la revolución industrial en 1879 le dio un fuerte impulso a la fabricación y ventas de medicamentos por la unificación y legislación en asuntos farmacéuticos. Colombia no fue ajena a esa cátedra para optimizar y profesionalizar el sector farmacéutico y nace en 1927 la Escuela Nacional de Farmacia, en 1941 la Universidad de Cartagena crea la facultad de Química y Farmacia, carrera que igual adoptó la Universidad de Atlántico en 1942. La Universidad de Antioquia le da vida a una especialidad dictada por el señor Miguel Uribe Ángel, llamada 8quit, o cátedra en Farmacia y Materia Médica, más adelante se transforma y se convierte en toxicología y despacho de fórmulas.
En 1940 el Presidente Eduardo Santos expidió el Decreto 1736 por medio del cual reglamentó el funcionamiento de laboratorios y especificó la manera cómo debían fabricarse medicamentos. En 1943 es erigida la Escuela de Farmacia de la Universidad de Antioquia, ya en 1967 se abre paso la tecnología en regencia de farmacia.
La década que transcurrió entre 1940 y 1950 fue determinante para que llegara la inversión extranjera en farmacia y fue así como recibieron su aval una serie de firmas que de inmediato abrieron laboratorios en el país. Los primeros en hacerlo fueron Lab H Robins, Lutecia, Abbott, Undra, Home Products, Cicolac y otros que le dieron al país inversión, tráfico de divisas, empleo y prosperidad.
Todo el tema siguió creciendo a nivel mundial y ante los inconvenientes de higiene y los precedentes de las pandemias que habían cobrado millones de vidas, hubo dos trabajos vitales en la farmacología y tienen que ver con los trabajos de Louis Pasteur, con el suero antirrábico en 1885 y sin duda el aparecimiento de la penicilina en 1928 que marca el antes y el después de la química farmacéutica.
Luego de este paseo por la historia entremos en materia con las farmacias y droguerías en la actualidad que siguen mostrando dinámica y siendo pieza clave en el andamiaje que el país y el planeta entero ha tomado para enfrentar con mejores armas la pandemia derivada del Covid-19. Estos negocios como vimos, de vieja data, hacen parte del sector real de la economía, pero igual de la familia, de la confianza y de un entorno que nos acompañó durante generaciones y hoy incólume sigue prestándonos tan fundamental servicio.

La Directora Ejecutiva Nacional de la Asociación Colombiana de Droguistas Detallistas, Asocoldro, Alba Rocío Rueda Gómez, indicó en Diariolaeconomia.com, que en medio de la situación pandémica es importante destacar el papel determinante de las mujeres y hombres de las droguerías que son igualmente héroes los cuales se unen a los médicos, enfermeras y profesionales de la salud que hoy representan todo porque están defendiendo el activo más preciado por los seres humanos, representado nada más y nada menos que en la vida.
“Estamos confiados que de esta vamos a salir bien porque sabemos que tenemos esos profesionales allá en clínicas y hospitales atendiendo los pacientes. También hay que hacer un reconocimiento a esos colombianos que están en la calle, exponiendo su integridad y en este caso puntual, los droguistas que han asumido un compromiso férreo con el gobierno nacional en aras de prestar un buen servicio, atendiendo que los medicamentos y los dispositivos médicos están catalogados como elementos de primera necesidad para los seres humanos. Dentro de ese convenio acordamos el abrir nuestras droguerías y farmacias en todos los municipios, inclusive en lugares tan lejanos en donde no hay infraestructura hospitalaria ni centros básicos de salud, por ellos estamos jugados y creo que todo saldrá en favor de todos, pero principalmente de la salud de los nacionales”, declaró la señora Alba Rocío Rueda Gómez.
Comentó que enhorabuena, en la llamada otra Colombia hay droguistas prestando un servicio indispensable para sobrellevar lo que paradójicamente se puede bautizar como el libro de “Gabo”, “la Mala Hora”, eso sí, llenos de fe y confianza que haciendo la tarea de confinamiento y apuntándole a la prevención, el país saldrá del túnel oscuro, aterrador y amenazante por un virus que mata y seguirá matando si no hay disciplina y una responsabilidad que garantice beneficios en cadena.
Recalcó la muy notable dirigente que en medio del riesgo de contagio, los droguistas siguen empeñados en dar una mano amiga para superar la crisis pues en la coyuntura de emergencia sanitaria son sumamente importantes para brindarle apoyo a la población razón por la cual siempre habrá una droguería con sus puertas abiertas para servirle a toda la comunidad.
Como ocurre con otros sectores, algunos han dicho que todo lo que en este momento esté articulado a la salud debería incluirse dentro de un plan de beneficios estatales porque nadie en el grupo de medicina o servicios complementarios está exento de que algo fortuito ocurra. En ese orden de ideas, el sector de las droguerías hoy no cuenta con un beneficio o trato diferencial pues estando dentro del sector salud y prestando un servicio básico que no se queda solamente en la entrega del medicamento sino en dispensar, es decir en asesorar al paciente, enseñarle y orientarlo sobre la forma como debe guardar o preservar el medicamento, la manera como se lo debe tomar, comentarle al consumidor sobre los efectos que dicha ingesta puede tener, las contraindicaciones y en general decirle cómo debe hacer uso adecuado de un medicamento para mayor efectividad, todo esto en un rol muy importante dentro del servicio de salud.

La directiva expuso que todo lo anterior, es decir el cúmulo de información resulta de máxima utilidad porque muchas veces los medicamentos no tienen la misma efectividad si no son tomados adecuadamente. Explicó que en asuntos de adherencia, una cosa es tomar un medicamento en ayunas y otra con alimentos porque hay muchas formas en las que el principio activo actúa y ello pada también por el almacenamiento o manera de tener los remedios.
Para Asocoldro en esa cadena médica el droguista es fundamental porque luego del ir al médico, de escuchar o ver un diagnóstico, de recibir tratamiento y medicamentos, el servicio de droguería es más que necesario porque es el encargado de hacer que los objetivos médicos se logren en favor del paciente que es el objetivo final de la estructura de salud y a quien debe dársele toda la ayuda posible para que recupere su salubridad, tesis que demuestra que las droguerías no hacen parte solamente de un negocio o acto comercial sino parte fundamental de la salud sobre pilares de ética y dispensación oportuna, como ya se dijo entrega de los medicamentos de la fórmula y una adecuada información sobre la misma.
La dirigente gremial afirmó que un plus que tiene el sector de las droguerías es que sus asociados son los droguistas de barrios y municipios que hicieron o hacen parte del diario vivir de los colombianos ya que muchos abuelos y abuelas y madres y padres, estuvieron más tiempo con el droguista que con el médico. Ese donado desde su botica ha prestado un servicio ancestral y por ello en las farmacias aún se ven droguistas con setenta o más años, comprometidos con la comunidad.
“En esto hubo bisabuelos, abuelos, padres de familias y las actuales generaciones que son personas que llevan toda una vida dedicada a esta profesión lo cual les genera confianza a los hogares. Es tanta la familiaridad que el droguista ya sabe qué tiene el paciente, cómo le ha ido con los medicamentos, cómo avanza el tratamiento y cuáles son las situaciones adversas que ha presentado lo cual hace que sea muy importante su experiencia y su conocimiento sobre cada paciente. Aquí juega un papel preponderante y es el factor confianza”, sostuvo Rueda Gómez.

Añadió que en medio de las vicisitudes surgió una especie de movimiento colombianista que busca que todos en el país demanden artículos y productos nacionales porque aparte de apoyar la industria local, se premia a quienes hacen bien su tarea y por ello en el sector farmacia, en droguerías de barrio, en las micro, pequeñas y medianas empresas, en el comercio, el campo y en todo lo que requiere inventiva, está el sello colombiano que puede fortalecerse solo con la ayuda del mercado interno porque si colombiano consume o compra colombiano, está contribuyendo con el impulso y el progreso de todos. Las droguerías colombianas hoy necesitan más el respaldo de un mercado que atendieron y han atendido por décadas y por ello la directiva insistió en hacer un llamado que invita a creer y a preservar todo lo que trae la impronta de los empresarios nacionales que si venden mantienen los dineros en el país.
En medio de guerras, conflictos, pandemias y adversidad, en tiempos de bonanza, en periodos de expectativa y en todo instante de la vida, el droguista o el boticario acompañó al país muy a pesar que en ocasiones las farmacias fueron borradas o afectadas por los capítulos que han caracterizado al país pero amen de las circunstancias el boticario o el señor de la droguería siempre estuvo allí cuando más se le necesitó. “Cómo no agradecerle al droguista un trabajo importante durante toda la vida, con ellos crecimos y vivimos evolucionar a Colombia”.
No en vano nuestras madres o abuelas pasaban buen tiempo de sus vidas en las boticas o droguerías tratando de solucionar dolores, enfermedades comunes, catarros, gripes, líos de estómago, afecciones de garganta, alergias, efectos pos sereno, adquiriendo vitaminas, jarabes o cazando guerras sin cuartel contra los parásitos por lo que vivían actualizadas del vademécum de purgantes, la tragedia de fin de semana de nuestra infancia.
Las farmacias han estado en todo, inclusive en el mismo momento de la gestación, las madres embarazadas acudían a suplementos vitamínicos, medicamentos y productos de droguería. Son sin lugar a dudas muy importantes, señaló la Directora Ejecutiva Nacional de Asocoldro, a tal punto que en este momento de pandemia el gobierno estableció cuales elementos eran esenciales para permitirles apertura permanentes y allí entraron sectores de comidas y medicamentos con lo cual nadie sube los niveles de estrés.

Foto Diariolaeconomia.com
Un punto muy importante es la profesionalización en el sector de la farmacia y por ello hay muchas normas y no poca reglamentación lo cual es bueno porque hace que este renglón de la economía sea mucho más confiable. Hay que reconocer que desde hace muchos años, quizás desde los albores de la farmacia la actualización, el estudio y el profesionalismo han hecho carrera en un servicio primordial en la vida humana. Hoy, aparte de las personas que estudian regencia en farmacia o química farmacéutica, hay mucha vigilancia y una serie de controles que le dan mayor credibilidad a una industria y a unos expendios que demandan por encima de todo honestidad, probidad, ética y buena fe, de los mismo, todo, en uno solo.
En esta formación, dijo, están las universidades y los centros tecnológicos, pero igual participa el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, con lo cual hay regentes, químicos y auxiliares en farmacia y otros colaboradores que por lo general están al día con productos, servicio e innovación. Para Asocoldro el conocimiento es vital y por ello incentiva y promueve capacitaciones, cursos, foros y actualizaciones.
“Todo esto es muy importante para nosotros como gremio, pero igual buscamos gente dispuesta, comprometida, profesional y llena de amor porque en farmacia o droguerías ese factor es igualmente importante y en eso estamos”, apuntó Alba Rocío Rueda, una dirigente gremial con notable liderazgo.
Colombia cuenta en promedio con 23.000 droguerías que mal contado generan más de 70.000 u 80.000 empleos que impactan favorablemente a igual número de familias.
Como a las droguerías les llega el producto terminado, no tienen inconveniente con el precio o el origen porque bien sea fabricado en Colombia o importado este llega con un valor al público en donde nada tiene que ver el distribuidor porque es puesto en vitrina regulado por el gobierno y en esos controles el droguista no tiene nada que hacer diferente a venderlos al valor autorizado. Con las últimas disposiciones si el medicamento llega a mayor precio, el costo se transfiere al consumidor, pero si caso opuesto baja, igual el beneficio lo recibe el demandante de medicamentos y eso se vio con las disposiciones del ministerio de Salud que ordenó revisar precios y morigerar el valor de los mismos, una medida sana que llegó a las droguerías colombianas y a los consumidores que hoy pagan menos por sus fórmulas.
El mejor control o la mejor auditoria la tiene el droguista porque el paciente es quien mira y compara precios pues en una cuadra, dependiendo de la ciudad se encuentran entre dos y hasta tres droguerías con lo cual quien compra determina quien tiene precios bajos y si las droguerías cumples con lo dispuesto.
Las ventas del sector no son fáciles de determinar, pero basta con ver las ventas promedio de las droguerías y supermercados de salud que superan los seis billones de pesos anuales en promedio, una cifra en donde los droguistas tradicionales tienen una participación importante que con portafolio, producto y servicio quieren potenciar. El número seguramente es mucho mayor porque como dicen los analistas, se trata de productos de la canasta de consumo masivo que suele ser dinámico y de demanda permanente.
En Colombia la gente tiene preferencia por los productos de farmacia OTC, es decir productos farmacéuticos que pueden ser comercializados sobre el mostrador sin necesidad de fórmula médica. Así las cosas, dice Asocoldro, los medicamentos más pedidos son los analgésicos como el acetaminofén, vitaminas, jarabes para la tos, cremas para el dolor muscular y suplementos dietarios como multivitamínicos y magnesio que hoy está muy de moda. Igual hay demanda de Omega Tres.

Hoy las farmacias tienen todo tipo de productos y es por eso que aparte de los OTC hay surtido para todo tipo de patología como hipertensión y otros cuadros patológicos. Las farmacias cuentan con el mejor surtidor del país que es Coopidrogas, una cooperativa que abastece y distribuye todo lo que las droguerías necesitan lo cual las hace tan útiles para el público.
Además de todo Coopidrogas garantiza medicamentos con buenas prácticas de fabricación y almacenamiento pues tiene como política hacer todo un seguimiento y una apuesta por trazabilidad para poner en las manos de los droguistas medicamentos debidamente tratados y almacenados lo cual es una garantía para expendedores y consumidores.
“Las droguerías tradicionales tenemos como valor agregado el conocimiento, la experiencia, la formación de los droguistas, buena atención y calidad en los productos. Es también un plus la dispensación o la mejor forma de llegar al paciente que está en tratamiento lo cual permite crear bancos de información que potencian la farmacovigilancia una exigencia de las secretarías de salud y de los mismos laboratorios. Todo esto se canaliza a través de las droguerías y nos reconforta que hacemos la tarea muy bien”, dijo Rueda Gómez.
Otros valores agregados de las droguerías y boticas tiene que ver con horarios extendidos, servicios a domicilio y una amabilidad que hace parte de todo lo que han implementado estos negocios para prestar un servicio de elevada calidad y sobretodo de mucha confianza.
En opinión de la amabilísima vocera, si Colombia logra protegerse y se auto-preserva, muy seguramente podrá salir adelante como país y por eso en estas coyunturas si bien llega una emergencia de salud, no habrá un caos económico.
Con la llegada de las EPS y el nuevo formato de salud al amparo de la Ley 100, las droguerías no resultaron tan impactadas porque en ese formato los médicos tan solo recetan una o dos cosas y por ello la farmacia tradicional sigue siendo la gran proveedora de medicinas del pueblo colombiano que usualmente busca lo mejor para sí mismo o para los miembros de su familia.
Los clientes de hoy buscan alternativas, se asesoran y así tengan que invertir un poco más por un producto de mayor calidad que agilice el proceso de recuperación, lo adquieren responsablemente.
Un factor que incide directamente en el costo de los medicamentos es la devaluación porque no es lo mismo tener un dólar de 2000 o 3000 pesos que de 4000 y eso hace muy complejo importar medicinas o lo que es peor materias primas más costosas, unas por dólar y otras por especulación con cargo a la pandemia que hace que el producto se encarezca y deba, por fuerza de mercado, trasladarle el excedente al consumidor.
En días pasados el Presidente de la Asociación Nacional de Industrias Farmacéuticas, Asinfar, expresó en este medio su preocupación por unas materias primas que por coyuntura de la Covid-19 han subido por encima del 600 y hasta el 700 por ciento. La angustia hoy la reciben los droguistas porque un medicamento que demande componente importado y este tenga un precio muy alto más devaluación, automáticamente se verá impactado en los precios lo cual es un asunto que en ocasiones el cliente no comprende.

“El gran lío es que Colombia no produce materias primas para la industria farmacéutica y aparte del cannabis, el país tiene que importar todos sus insumos para la industria de los fármacos o medicamentos lo cual de entrada es un tema delicado en costos porque hablamos de una divisa que hoy cuesta más de 4.000 pesos lo cual es un talón de Aquiles en el negocio”, precisó la Directora Ejecutiva Nacional de Asocoldro.
En materia de medicamentos y salud, aseveró la experta, Colombia deja ver ventajas frente a otros países por la universalidad o el acceso a la salud para todas las personas, un tema difícil, verbigracia, en Estados Unidos en donde ir al médico o comprar un medicamento es un completo lujo. El capítulo Colombia por el régimen contributivo o subsidiado vía Sisbén, le da oportunidad a todos los nacionales que estén adscritos al servicio de salud de tener citas médicas, medicamentos, tratamientos y poder someterse a cirugías.
Como en todo caso, escribió, hay debilidades y muchas veces la gente quisiera más, pero lo innegable es que el sistema de salud es incluyente, eficaz y para todos, un acierto de la ley 100.
Las droguerías que en Colombia dichosamente están en la esquina de la casa son un tema fabuloso que permite tener soluciones a la mano y a un costo justo. Las farmacias hacen inclusive parte del romanticismo y las cuitas de muchos colombianos porque si algo fue imperativo y necesario era el policía de la cuadra y la droguería, el resto se conseguía fácil porque eran compras sin tanta dependencia de confianza. A propósito de Policía, la institucionalidad y el orden, Asocoldro logró cerrar un acuerdo con este cuerpo de seguridad frente a los problemas crecientes de robos y atracos y por eso hay más protección para establecimientos comerciales y droguistas.
Hay que decir que son varios los programas sociales que adelantan las droguerías tradicionales, un voto del sector por la inclusión y el tejido social. Dentro de los datos importantes está el hecho que las familias colombianas hacen en promedio seis visitas anuales a las farmacias habituales.
El sector es consciente que habrá una menor dinámica en la economía colombiana y del mundo, pero dejó claro que por tener productos esenciales, las farmacias no van a sufrir ante la contracción, y si algo sucediera, la estadística no sería tan drástica porque las droguerías venden con o sin crisis pandémica o económica. Un ejemplo es la venta de alcohol, de analgésicos, jabones, gotas, leche para el bebé, pañales y muchos productos inaplazables en su compra que hace de las droguerías el tercer canal con más crecimiento.
Por clases sociales, los estratos uno, dos y tres compran fórmulas infantiles, desodorantes, suplementos, champú y bienes de mayor urgencia. En estratos más altos la mayor venta está en multivitamínicos, vitaminas, fórmulas por prescripción médica y cosmética. Por todo esto, y por tener productos básicos, las droguerías estarán, según Alba Rocío Rueda, dentro de los sectores que saldrán por su dinámica, indemnes de la tormenta.
Locales y productos que producen nostalgia

La medicina tan antigua como el hombre tuvo representantes de lujo en sus momentos históricos y dentro de farmacia y botánica no puede obviarse la Medicina Tradicional China, quizás la más legendaria y la que hizo uso de las ofertas de la selva para la preparación de medicinas y productos manufacturados en pro del bienestar en salud.
Este trabajo nos permite ingresar a la máquina del tiempo y recordar productos de droguería infaltables en las casas hace unos años, algunos de ellos recordados por sus comerciales en radio, revistas y periódicos como Merey, el ungüento de fama nacional, Desenfriol D, Desenfriolito, Kola Granulada JGB, la del tarrito rojo, Alka-Seltzer, Sal de Frutas Lua, Crema Cero, Crema Número Cuatro, Aspirina de Bayer, el primer medicamento creado por el hombre en 1897 y comercializado solo hasta 1900 , Dolorán, al que el dolor le tiene miedo, elixir paregórico, Corifina Diuresinol, Mercromina, pastillas McCoy, Vick Vaporub, linimento de Sloan, el mata dolores odontológicos y reumáticos, el peligroso Jarabe de la Señora Winslow, Nene-Dent, agua de rosas, Metronidazol, Matacallos, parche León, Baltisicol Compuesto y muchos otros productos que hicieron y siguen haciendo historia.
También fue compra obligada el aceite de ricino, aceite de manzanilla, el negro, cremoso y mentolado Yodosalil, Cafiaspirina, Minevitam, Redoxón, Cal C Tose, jaleas, antigripales, antibióticos, con fórmula, y todo lo atinente al aseo personal, incluidas fragancias que iban desde Old Spice, hasta la clásica Farina. Las damas encontraron en farmacias cremas humectantes como Hinds, esmaltes, rubor, pintalabios, removedor Lander, limas para uñas, base facial, pestañina, tampones Tampax y todo tipo de toallas higiénicas. Igual fue clave encontrar la leche de magnesia Phillips para las ulceras, pero igual como desodorante. Fue comprado el Ditopax, Pipelon, Cholagogue Indio, solución oral, el mal recordado Limolax, y el anhelado y ponderado Lomotil.
Igual la farmacia vendió leche en polvo, curas, confitería, accesorios de tocador, cortaúñas, medias veladas, gomina, sueros, pegantes, papelería y surtido de miscelánea. Aparte del servicio de inyectología, la farmacia del barrio sirvió para afianzar noviazgos y matrimonios que endulzaban las tiernas frases de cupido en el emblemático sitio con chocolatinas, helados y conos. ¡Qué tiempos aquellos!.
Los datos más curiosos en tiempos lejanos e incipientes de la farmacia no son menores pues era comercializada, entre 1890 y 1910, heroína de Bayer con el nombre Heroin, que en la etiqueta aparecía como un sustituto no adictivo de la morfina y un remedio contra la tos de los niños. La emulsión de Scott fue recomendada por sus dueños para la tisis y las afecciones del pecho. Igual fue vendido opio para el asma y otras afecciones espasmódicas, su nombre comercial fue Vapor-Ol.

En la época fueron varios los medicamentos hechos a base de coca como Coca Wine, por 15 centavos de dólar el cliente en Estados Unidos podía adquirir Cocaine Toothache Drops y Maltine, unas increíbles medicinas que sanamente usaron los abuelos pues esos tres productos, la coca, el opio y la heroína, tuvieron potencial curativo en las épocas recordadas en sepia. El tema no golpea la ética y por el contrario muestra que las plantas estaban allí para prestar un servicio, sencillamente un grupo de personas le dieron un uso diferente y satanizaron la benévola oferta de la madre naturaleza que aún siguen dando alivio y haciendo que los tratamientos sean más llevables.
En síntesis por la droguerías y boticas pasó, y de qué manera, la historia de Colombia pues en esos infaltables establecimientos llegó todo tipo de producto para las dolencias y falencias de las diferentes épocas. En las droguerías nos dieron desde tiempos prenatales sulfato ferroso y vitaminas y después, ya en la cuna y con chupo Evenflo, comprado en esquina, en la tradicional farmacia, nos despacharon leche Nido, Nan Uno, Klim, Pelargon y fórmula S-26.
Nuestros abuelos y abuelas en compañía de nuestros padres sí que disfrutaron la droguería pues allí la salud encontró amable aliado, los compradores momentos para el recuerdo y los abuelos el pintoresco almanaque Bristol, creado casualmente por un médico en 1831. En el librillo de tono naranja y letras negras fue posible ver avisos de Agua Florida de Murray y Lanman, Tricófero de Barry y las colonias que venían en sugestivos envases. Allí en la farmacia, siendo chicos, vimos en el llamativo texto anuncios que exacerban la nostalgia pues hubo jabones, píldoras, brillantina y la famosa zarzaparrilla.
¡Caramba!, el corazón se arruga pues en las farmacias o droguerías quedó la infancia, la juventud e inicio el ciclo de padres, eso nos confirma que tendremos esta sublime vecindad, afortunadamente, por siempre.