Domingo, 24 Marzo 2024 00:36

Café de Guayatá, las mejores notas en taza provenientes de suelos vivos

Por

En este municipio de Boyacá no solo se propusieron recuperar café de grandes condiciones, además están cultivando café orgánico porque saben que la tierra agoniza y con ella la especie humana.

En el cálido y amañador Valle de Tenza, una región rica en agricultura, ganadería, turismo y café, los productores del excelso grano siguen repuntando en calidad y por eso se han apartado de los commodities para entrar de lleno con café especial tostado y molido. Es el caso de los caficultores de Guayatá que siguen sacando provecho de unas montañas distinguidas por sus suelos fértiles en donde crece una variedad de plántulas que gracias a un beneficio óptimo y un proceso con el mínimo detalle, todo impulsado con el entorno, ayuda a obtener un bebestible de creciente demanda.

Los cafeteros guayatunos también han apostado por sostenibilidad ambiental, mejora en los negocios y un apalancamiento comercial que se fundamenta en la explotación de cafés diferenciados y orgánicos, a toda vista una actividad económica a futuro con cifras exponenciales y compras trascendentales en el exterior.

Con Diariolaeconomia.com, platicó el Gerente de Beraka Café Agroecológico Arnold Camilo Gutiérrez Linares, quien dijo que frente a la volatilidad en las cotizaciones del café en el mercado internacional, muchos caficultores se han volcado por agregar valor y propender por mejores ingresos, algo que no se da con el grano en pergamino o verde comercializado a manera de commodities.

Los cafeteros han revisado el mercado y han notado que el café ha mostrado mejores cifras cuando se mezcla con el turismo natural y de experiencia ya que los visitantes nacionales o foráneos parten a sus lugares de origen con unas cuantas libras de muy buen café, una tesis que sustenta que las ganancias están por el lado del valor agregado pues no debe asustar el hecho de alcanzar un eslabón adicional en favor de los productores de café todo optimizado con transformación y obtención de cafés especiales de marca y origen, desde luego con unos procesos de beneficio diferenciados, una actividad que permite que el caficultor no dependa estrictamente de la intermediación o de los inestables y generalmente bajos precios de la bolsa de Nueva York.

 

 

El reto, manifestó Gutiérrez Linares, es añadir valor en la cadena productiva del café para mejorar los ingresos y llevar de esa forma una bebida de lujo a los consumidores colombianos y extranjeros. Beraka, comentó, es una marca joven, con tres años en el mercado, pero con siete u ocho años cultivando café, una labor que ayudó a quienes se dedican a la intermediación, pero al ver el potencial de producción de Guayatá y al analizar las calidades del grano y sus características, la decisión se tomó de manera tajante, producir cafés especiales.

La marca guayatuna trabaja con la empresa Cannor Oriente que cuenta con todos los equipos y la infraestructura para generar valor agregado en el café para que el agricultor no se quede en la producción de grano pergamino seco sino que se decida a transformar y empacar lo mejor de los cafetos boyacenses en las tierras de la Provincia de Oriente.

 

“Al ser una firma de las cinco que hay en todo el país bien se puede aseverar que es una oportunidad que se abre para los caficultores del municipio y por ello desde hace unos años cuando fue expuesta la alternativa, la marca logró identificarla para aprovechar otra experiencia que resulta vital a la hora de agregar valor”, puntualizó Gutiérrez Linares.

 

 

Cierto es que Boyacá tiene historia cafetera porque fue uno de los departamentos pioneros en la comercialización de grano a finales del siglo XIX cuando la cordillera oriental mandaba en la economía cafetera, un departamento que ha venido retomando el camino para dar sorpresas muy gratificantes, todo un legado de varias generaciones que fueron trabajando con Típica, Caturra, Variedad Colombia y Castilla, pero haciendo mejoramientos a través de la Federación Nacional de Cafeteros, FNC, con el Centro de Investigación del Café, Cenicafé, pero igual con adaptaciones hechas en la región con los cafés que mayor potencial tienen a nivel de productividad y taza.

Resaltó que hay variedades que lograron adaptarse al medio y que se trabajaron durante 15 o 20 años en la comarca tenzana, ello con variedades como Tabi y otras ya mencionadas, pero a juicio del empresario el caficultor debe casarse con una o dos variedades puesto que esa decisión la toma con mayor exactitud el ecosistema a donde irán los colinos o varietales.

Normalmente, explicó Gutiérrez, cuando se habla de características en taza hay que tener en cuenta tipos de grano y beneficio, empero, subrayó para hablar de variedades y una buena taza es determinante tener en cuenta semillas y procesos en todas sus etapas, lo que incluye el momento de la cosecha, secado, los días de fermentación y la tostión.

 

“Vale la pena aclarar que no necesariamente debemos enfocar la calidad y las cualidades de estos cafés a las variedades sino al manejo que se le debe dar al grano en todo el ciclo productivo”, expresó el conocedor.

 

Café, medio ambiente y suelos vivos, la fórmula ganadora

 

 

Un punto igualmente esencial es la buena relación que debe existir entre cultivos de café y medio ambiente, en ese aspecto la caficultura de las décadas de los 50 y 60 fue altamente dependiente de insumos externos y de síntesis química que con el correr del tiempo llevó a pensar que lo ideal es generar producciones limpias, sostenibles y que transiten hacia una agroecología sana y sin la dependencia de este tipo de químicos. En su análisis el empresario consideró que el café es uno de los cultivos que puede abordar ese tipo de conceptos e integralidades, pero también de acompañamiento con otras siembras, respetando por encima de todo, la vida de los suelos, el agua, la biodiversidad y la sostenibilidad productiva.

Precisó que la asociación del cultivo de café, básicamente en la región del Valle de Tenza, permite que se intercalen cafetos, plátano, frutales, componente forestal y otras labores lo que genera una agro-biodiversidad que le permite al café enfocarse en conservación no tanto en la dependencia de insumos exógenos.

Por lo visto en otros países, algunos representativos de Asia, hay suelos adictos a la síntesis química, una dependencia malsana que invita a pensar en una caficultura y agricultura totalmente orgánicas. En los más de 12.000 años de producir alimentos, una historia que arranca en pleno neolítico, se tergiversa todo en un fragmento de la humanidad, todo empezó en el siglo XIX cuando por falta de rendimientos llegaron hambrunas y el hombre recurrió a la química con productos nitrogenados y de todo tipo.

Son más de 100 años en los que el hombre cambió el chip, ese momento en el que los científicos y químicos alemanes Fritz Haber y Carl Bosch exploraron y hallaron la forma de extraer nitrógeno del aire y así producir amoniaco, base de los fertilizantes, la tragedia de los suelos porque los excesos acabaron con la vida en las superficies que en muchas partes del globo ya no son productivas, yacen no bajo tierra sino cubiertos de capas de agroquímicos.

De alguna manera vino una cultura coactiva y leonina para la producción de alimentos porque las grandes casas de agroquímicos impusieron sus reglas y como todo en la vida, el poder y la plata, todo lo pueden, así le cueste a la humanidad, cada vez más enferma y con una corta fecha de vencimiento. El hombre, dejó una agricultura limpia y sin necesidad de químicos para entrar por un camino incorrecto y de alto riesgo, se obvió imitar la naturaleza y por ello dejar de entender los ciclos naturales que se dan, un ejemplo de los minerales, el curso del agua, los momentos de la materia orgánica y todo lo necesario para devolverle la vida a unos suelos, meta de muchos países, porque son extremadamente dependientes de fuentes externas, algo elemental si se quiere porque ese suelo sano puede ser un organismo que le permite a cualquier siembra redundar en excelentes cosechas, pero solo comprendiendo la dinámica de éste ya que las tierras de cultivo necesitan con urgencia generar actividades microbiológicas para que se estabilice la fertilidad y haya producción limpia y consciente.

 

Los cafés diferenciados y de origen, una opción local

 

 

Una queja de los colombianos es que toman cualquier pasilla no tostada sino quemada que expone el organismo a enfermedades catastróficas, negándoseles el derecho adquirir producto nacional, café suave, excelso y de elevada calidad.

Si bien el café colombiano suave, de origen, puede costar algo más, la gente está dispuesta a pagar, como se está viendo en algunas capas de la sociedad un dinero extra por una bebida diferente y producida en Colombia, café puro, de atributo y no el exabrupto al que acostumbraron a muchos bajo el techo de marcas poderosas, a tomar cualquier cosa.

En Colombia, detalló Gutiérrez Linares, a la gente la engañaron porque le vendieron un café que no era colombiano, una jugada jamás revisada por los encargados de velar por la calidad y la seguridad de los productos que se consumen. En ese asunto es necesario, dijo, mirar mezclas y orígenes.

Las personas ya hablan en las ciudades y poblaciones de los cafés de origen y especialidad, un ejemplo Guayatá que al igual que otros municipios del país, ya están pidiendo y exigiendo distintas preparaciones de café, precisamente porque creyeron en la propuesta nacional de grano arábica, excelso para los colombianos.

Este tema es cada vez más espinoso, el público está demandando café diferenciado, Guayatá, es notorio, ha hecho muy bien la tarea en materia de cafés especiales, cuenta con más de 20 o 25 marcas, todas de gran propiedad como la propuesta de tiendas de café que sigue creciendo, ello, buscando educar a la gente en el consumo de cafés de muy alta calidad, son negocios que promueven un consumo de altura y defendiendo un activo de todos, la caficultura.

Hoy los turistas que llegan a Guayatá se han contagiado de la fiebre cafetera, de esa que se calma con una café caliente o frío lleno calidad, nada de desechos o productos de dudosa procedencia porque tristemente muchos se quedaron equivocadamente e cafés ordinarios, algo falso porque por un poco más llevan café nacional, una manera deliciosa de afinar el paladar porque viene de manos campesinas.

Una libra de café Beraka cuesta la libra 30.000 y media a 16.000 pesos, un precio cómodo por un café agroecológico, limpio, saludable, producido sin químicos y bajo parámetros de comercio justo, todo alejado de algunos paradigmas como que el café orgánico debe valer muchísimo más y que solo la gente de estrato alto es la única que tiene derecho a consumir productos libres de químicos.

El enfoque agroecológico busca que todos en absoluto accedan a productos saludables y de gran condición, una opción sin exceder los valores. Beraka tomó su nombre de una expresión hebrea que traduce tierra o valle de bendiciones, y para los creadores de la marca tomar café Beraka, es eso, toda una bendición.

 

Fonzaque: La experiencia de tomar café de verdad

Dentro de las marcas de café en Guayatá está una que se metió en corazón de muchos, Fonzaque, el sabor distinto, del emprendimiento, el valor agregado y la calidad en taza.

 

 

El Gerente de Café Fonzaque Benjamín Piñeros Ruíz afirmó que Guayatá es un pueblo con tradición cafetera, unos 150 años de caficultura y dinámica económica, ello sin dejar de costado la generación de empleo y el aporte en tejido social. En el capítulo nacional, este aromático grano llegó en el siglo XVIII con la comunidad Jesuita, es decir 300 años de historia.

El café junto con la caña de azúcar ha sido un renglón importante junto con la caña de azúcar y resultó vital para desarrollar el municipio y formar diferentes generaciones hasta los días recientes.

El experimentado empresario y caficultor anotó que el café de Guayatá es un café suave que se ha posicionado en el mercado precisamente por el impulso que le dio la señora Lina Pizarro, un envión trascendental para catapultar el grano guayatuno y adentrar la actividad cafetera en un mundo mucho más global, llevando a que los productores se actualizarán y se pusieran a tono con las exigencias nacionales y extranjeras, todo en un marco complicado porque la obtención había caído a niveles críticos, sacudón y llamado de atención que agradece el Valle de Tenza, región que retomó los cultivos, la recolección y entró por un derrotero empresarial, como pasó en Guayatá, municipio en donde empezaron a surgir diferentes marcas y con ello el comercio local porque las tiendas incentivaron la toma de un buen café, escenario que condujo a los agricultores a investigar, capacitarse y hacer lo posible por innovar y mejorar para que el consumidor se lleve la mejor impresión del pueblo, su gente y sus valientes cafeteros.

Una explicación para la reactivación cafetera y el impulso por fundar nuevas marcas obedeció a la gran acogida por los cafés especiales y a esa espectacular mixtura de caficultura y turismo.

 

“El hecho de transformar nos genera una economía local, se pone un producto en el mercado de mucha más calidad y prácticamente no se compite con grandes marcas o cafés de góndola porque el que se vende en Guayatá es grano suave de altura y sin químicos, todo dentro del mandato de la buena fe y el amor por una caficultura local y regional, muy colombiana, sin mentiras y con el mejor sabor”, destacó Piñeros Ruíz.

 

 

Con una oferta de café de origen, especial y de atributos, gana el consumidor y también los productores que hacen su mejor esfuerzo por vender a los colombianos grano excelso y sin restricciones. Los cafeteros de Guayatá, dijo, tienen marcas pequeñas con granos cosechados en microlotes.

Piñeros tiene una propiedad con 10.000 plantas que arrojan tonelada y media de café, siempre buscando calidades desde la siembra, trabajar bajo pilares de trazabilidad, mejores manejos de cultivo, de cosecha y avanzar en beneficio, almacenamiento y tostión, siempre procurando que al cliente le llegue la mejor taza.

Café Fonzaque ha puesto su producto prácticamente en todo el mundo, alguna vez llegaron 20 libras a Islandia, pero la marca ha recorrido los cinco continentes porque lo llevan turistas de fuera del país y los guayatunos que viajan, eso sí empacando con entusiasmo entre dos y tres libras de café de la tierra, Fonzaque, una de las preferidas, un ejercicio que ha terminado en el reconocimiento y que recoge los frutos de un trabajo que pasa de los diez años.

Visto 4697 veces