El café llegó a Colombia hace 300 años y resultó una fuente de ingresos y desarrollo esencial para el país. Jamás los jesuitas se imaginaron en el siglo XVIII que ese grano de espectacular aspecto sería con el tiempo la carta de presentación de un país, su ADN y la identidad de un pueblo de montañas, propietario de variedad étnica, climática, generoso en ríos, siembras y culturas, así como rico en biodiversidad. El café de la mano de Dios llegó para quedarse, por fortuna apareció la variedad arábica que encontró en los suelos colombianos el escenario ideal para optimizar aromas, sabores y atributos, un cultivo que hoy en medio de las vicisitudes sigue siendo prometedor, rentable y matizado por el tejido social.
Al cierre de 2023 fue gratificante ver un exitoso Congreso Nacional Cafetero con ministros del equipo económico interactuando y proponiendo, llevando un mensaje expedito a la comunidad cafetera de institucionalidad y gobernanza, esa que se ha hecho al unísono con el aparato estatal con el fin de llevar progreso, crecimiento e inclusión. Hoy el café es de lejos la siembra emblemática y la amable responsable del desarrollo colombiano, una actividad bella, de paisaje y retadora que permite escuchar risas entre cafetos, pero también lamentos y llanto, no obstante, sigue siendo resiliente, valiente, innovadora y audaz.
Siembra preciosa en altozanos, de falda de montañas y cerros retadores, semillas que germinan y crecen como plantas prometedoras en las alturas muy cerca de las nubes, pero igual vecina respetuosa de nacimientos de agua, árboles de bambú como también de cóndores, águilas, colibríes, canarios, azulejos, iguanas, felinos, venados y golondrinas.
Hablar de café es una alabanza agrícola hecha en cordilleras, oda a la vida, al esfuerzo y el trabajo, poema a las migraciones paisas que le dieron vida a la Colonización Antioqueña, pero igual al canto indígena que lo alaba en tierras espirituales. Es sin duda el grano excelso un motivo para cantar y trazar los derroteros de una economía fuerte que, como todo, está sujeta a los vaivenes de la oferta y la demanda al igual que a unos entornos cambiantes que suben y bajan precios.
El 2024 es al parecer un año de complejidad económica, los expertos prevén un primer semestre difícil y un segundo periodo de mejor comportamiento, de hecho, tienen a 2025 como el referente de la reactivación y la recuperación de los indicadores económicos. En café las cosas parecen no estar nada sencillas y hay contextos que llevan a pensar que los precios pueden estar débiles y dependiendo de factores ajenos a la calidad y know how.
El economista y analista de café Guillermo Trujillo Estrada, le dijo a Diariolaeconomia.com, que, de cara al devenir de la economía cafetera, hay una expectativa muy grande por la producción de Brasil que puede ser un factor que determine una desviación de precios en el mercado internacional, el ciclo normal de la caficultura mundial porque la demanda no crece a la velocidad de los ciclos productivos señalados.
En opinión del experto, si la producción de Brasil llega a ser del tamaño que los analistas la han presupuestado, se puede asegurar que habrá un año difícil para lo cual no queda sino el recurso de la tasa de cambio que a decir verdad no es que esté ayudando mucho porque si el precio del dólar estuviese como hace un año, el país tendría fácilmente precio interno de 1.8 o 1.9 millones de pesos por carga. Expuso que al café indiscutiblemente lo ha afectado más el tema cambiario que las cotizaciones internacionales ya que el volumen de la producción cafetera en Brasil aún no ha mostrado un efecto muy importante.
Cabe anotar que la cosecha brasilera supera los sesenta millones de sacos porque no se puede olvidar que dentro de los estimativos hay que incluir las nuevas áreas cultivadas para reponer las pérdidas originadas por la helada, más o menos 400.000 hectáreas con las propiedades brasileras, algo similar a la producción colombiana de café, recalcó, sumando solo las nuevas superficies destinadas a la caficultura en el gigante de Suramérica.
Al hablar de las otras ofertas de grano, Vietnam, Asia en general, Centroamérica, África y productores suramericanos, no hay mayor impacto porque muestran estabilidad puesto que no han hecho ningún ruido raro.
Renovación cafetera, la clave del éxito
A criterio de Trujillo Estrada, el café de calidad lo ha producido Colombia hace más de 200 años, un grano suave de gran propiedad que hoy lo tiene en los más alto del olimpo cafetero, es decir que la calidad no entra en esa discusión sobre retos y tareas pendientes.
Aclaró que los cafés súper especiales se dan en cantidades ínfimas razón por la cual no solucionan el problema de fondo de la caficultura, sin embargo, reconoció que el tema vale la pena porque entusiasma mucho los caficultores que lo obtienen, sin dejar de mostrar un concepto más muñequero porque se produce en muy bajas cantidades.
El conocedor manifestó que el tema de la renovación es un tema realmente importante en donde se perdió terreno fuertemente en los años 2022 y 2023, un determinante crucial de la producción colombiana.
Aseveró que la renovación es tan trascendental que con árboles nuevos y aumentando densidades con cafetos por hectárea, con la misma área puede doblar fácilmente el ingreso de los campesinos y subrayó que desde ese punto de vista lo fundamental es la renovación porque el resto puede calificarse como arandelas, todo, insistió, es factible con una caficultura renovada.
“El árbol nuevo blinda mucho, sin embargo, yo creo que frente al cambio climático la caficultura ha dado un paso muy grande en vista que subió sola de piso térmico y atendiendo, claro está, temas de mercado porque los cafés de los pisos térmicos más bajos son de inferiores calidades, tienen una gran alometría, es disperso, de menor baya como se llama, un tema que ya pronto la siembra cafetera irá tabulando porque se ha erradicado mucho café de tierras cálidas. Estoy convencido que en 2023 la caficultura logró mantenerse, vamos a ver cómo se comportan las florescencia en este primer trimestre de 2024 para la región central y que tal avanzan las de las zonas de cosecha de abril y mayo que son básicamente las del sur, pero pienso que con árboles renovados hay mayor densidad de cafetos por hectárea porque la gente al hacer la soca se le olvida resembrar y pasa por alto que está perdiendo población y lo que produce en café son los árboles no la hectárea, luego rejuvenecer la caficultura es fundamental”, declaró el señor Trujillo Estrada.
Para el experto, el árbol renovado tiene mucha más capacidad de distensión porque hay que tener en cuenta que están sembradas variedades más adaptadas a las circunstancias actuales, semillas y varietales que ha liberado el Centro Nacional de Investigaciones del Café, CENICAFE, totalmente confiables, versátiles y con las características ambientales y de suelo de cada región colombiana, es decir, dijo Trujillo, que cada vez, todo se va volviendo más apropiado al diverso clima de Colombia porque no es lo mismo un cafetal en Nariño que uno en Norte de Santander.
El robusta es un capítulo aparte, muy lejano del café de ladera
En su análisis el versado en café y catedrático Guillermo Trujillo Estrada precisó que el asunto de sembrar grano tipo robusta conocido científicamente como Coffea canephora, nada tiene que ver con el café suave de ladera cultivado por los campesinos colombianos. Apuntó que ese es un debate en el cual los caficultores y el país deben tener la apertura mental para entender que es otra variedad, otro empresario y otro tipo de territorio, un tema que puede ser bienvenido para el país agrícola, pero partiendo que los productores de suaves que están agrupados en la Federación Nacional de Cafeteros fundada en 1927, nada tienen que ver con la propuesta ya que siempre han defendido un café diferente, arábica, de distintas características.
Sobre la controvertida opción, el creador de la cédula cafetera señaló que siempre serán bienvenidas las oportunidades de renta para el sector agrícola, pero detalló que en robustas el tema no es fácil porque se trata de ensayos que apenas se están haciendo para ver el comportamiento de los suelos frente a ese tipo de café, segundo, explicó, porque no son granos de ladera.
“Uno no puede pedirle a un caficultor de arábica que se pase a robusta cuando el café propuesto vale la mitad del suave, algo que no le cabe en la cabeza a nadie, luego yo creo que ese no es un café que sea alternativa ni para minifundio ni para grandes empresarios agrícolas, es un café más indicado para zonas más cálidas, de mejor topografía, más mecanizables que como sostengo está en pleno ensayo, sin embargo, si es factible, habrá que darle la bienvenida a los robustas a la producción de café en Colombia”, comentó Trujillo Estrada.
Expresó que Colombia requiere de esos cafés porque necesita adaptarlos al patrón de consumo de los colombianos en vista que es un café menos suave toda vez que los colombianos están acostumbrados por distintas razones a tomar otro tipo de grano, primero, porque el segmento de los cafés suaves tiene un muy bajo consumo en el país por tratarse de un café muy caro, generalmente destinado a la exportación, luego mezclar esos bebestibles robustas que son los que de alguna manera van reemplazando las pasillas colombianas que era lo que consumían los colombianos que educaron sus papilas gustativas para un café más fuerte y más económico, es algo extraordinario.
Precisamente, puntualizó el contertulio, las pasillas han mermado mucho en Colombia porque se han disminuido mucho las áreas sembradas en los pisos térmicos bajos que era en donde se producía la gran cantidad de este tipo de materia prima.
Pasillas, ¿son confiables?
En algunos sectores médicos e inclusive técnicos se maneja una versión que genera inquietud, pero que sin lugar a dudas obliga a ahondar en las investigaciones y establecer si en efecto las pasillas son altamente cancerígenas. El tema está en el aire, pide mayores conceptos, pero ya hay una inquietud que seguramente será resuelta.
Para Guillermo Trujillo estrada es increíble la versión, ya que si así fuera, por lo menos la mitad de los colombianos tendrían líos con el cáncer. Recordó que el impuesto de pasilla y ripio era 5.5 por ciento de pasilla y punto cinco de ripio que rigió hasta los años noventa que era lo que los exportadores tenían que entregarle a la FNC, pasillas de finca y trilladora, y acto seguido la federación les vendía los granos defectuosos a los grandes tostadores.
Dijo que, si la hipótesis llega a tener alguna veracidad, asunto que le genera toda la duda, habría que buscar una solución inmediata y esa sería importar más café para poder satisfacer la taza del colombiano que adaptó su paladar al café fuerte. Anotó que en los supermercados hay cafés de 30 pesos gramo, es decir 15.000 pesos libra de la marca que sea, también, acentuó, hay bebidas de 40 pesos gramo, 20.000 o 25.000 pesos libra de Quindío, Juan Valdez y otros, pero también los hay de 80 pesos gramo, unos 40.000 pesos libra, imposible para el colombiano del común que no tiene capacidad de compra para adquirir café de gama alta y segundo si lo consiguiera tampoco lo tomaría porque su gusto no le da para un café suave arábica.
Finalmente, Guillermo Trujillo Estrada, destacó la institucionalidad de la Federación Nacional de Cafeteros, que a juicio suyo sigue cumpliendo un papel muy importante en el factor aglutinante y tejido social demasiado visible y posible con el café. Asimismo, reconoció grandes bondades con la figura de la parafiscalidad como forma de auto-provisión de bienes públicos para la caficultura, un modelo que tantos han querido copiar, con éxito algunos, porque con el aporte impositivo ha sido viable lograr importantes niveles de desarrollo desde el mismo gremio.
Con la parafiscalidad, manifestó Trujillo Estrada, es trascendental la adaptación a la nueva realidad cafetera, algo que le ha costado al país lo que incluye a los dirigentes de los departamentos tradicionales productores café que no han podido acoplarse a ese contexto cafetero. Hay que ver, afirmó, que, entre Huila, Cauca y Nariño, añadiendo al Tolima, está prácticamente el 55 por ciento de la caficultura colombiana, un factor que tiene que reflejarse en el mapa político y de toma de decisiones que indudablemente sigue cambiando y empoderando las lecciones buscando un equilibrio porque desde luego el poder, concluyó, se debe desplazar por el mapa de la producción, algo que bien entiende el economista por sus vínculos con la FNC.
Independiente de todo, el café es cultura, montañas, sol, agua, trabajo, constancia, sacrificio y amor. Es una siembra que fue creciendo por todo el territorio colombiano para llevar calidad de vida, progreso y bienestar a las familias que encontraron en su siembra una razón contundente de vivir y un motivo consecuente de existir. El café en Colombia vio épocas distintas, guerras, celebraciones, vida y muerte. Gracias a los colonizadores cafeteros fue posible desmontar cordillera y fundar pueblos coloridos y encantadores, un trabajo de fuerza en donde participaron con entereza los campesinos aventureros y aventados, pero también la potencia ilimitada de mulas, caballos, burros y bueyes.
De selvas imposibles e infestadas de paludismo, fiebre amarilla, dengue y otras enfermedades, el arriero y el viajero, aperado de escapulario y credo, ese nómada juicioso, necesitado y soñador pasó a poblaciones bellas, cargadas de hechizo, con casonas grandes, de enormes ventanales y balcones muy bien definidos, sitios ideales para los desfiles especiales y clericales, o simplemente para observar y saborear la obra fruto del empuje montañero, ese que se cristalizó a pata y machete, claro, con ayuda del establo y la incondicional compañía de perros alegres y leales. En esa travesía cafetera, osadía de hombres y mujeres, el país afianzó un sello, una identidad y una cultura repleta de orgullo gestada entre montes y matas apaciblemente sembradas, el tiempo con calma y nobleza le dio luz propia al inmarchitable y siempre solicitado café de Colombia.