En las majestuosas montañas del Magdalena, en donde se levanta espléndida la Sierra Nevada de Santa Marta, crece un café de espectaculares propiedades, es tal su calidad que al parecer los granos que brotan de los árboles están bendecidos por los ancestros de una tierra bella, pero a la vez dura y compleja, por momentos melancólica por un pasado que castigó a las familias Arhuacas, Wiwa, Kankuamas y Koguis.
Estas montañas selváticas y exóticas siguen siendo el hogar del rey jaguar, de pumas y águilas crestadas, solitarias o iguaneras. También el hogar de dantas, venados, ardillas, monos, nutrias y ratones silvestres. Terraza bendecida y madre tierra, igual alberga tangaras, paujiles, pájaros carpinteros y coloridos colibríes. Allá en los cielos de la Sierra, vigila con celo el cóndor de los Andes, imponente, enorme y servicial. A su lado volitan almas ancestrales que cuidan su descendencia humana y lloran la tragedia del hombre en contra de la pulcra naturaleza.
Al lado de la espesa y densa vegetación de la Sierra Nevada, el bosque húmedo de gran característica que deja escapar los sonidos de la selva expresados en quebradas y ríos que brotan de piedras y nacimientos cristalinos, crecen cafetos de gran atributo. El bosque Higrofítico en donde abunda el agua y le permite vivir a una vegetación arbórea de 25 metros de altura, toda una mezcolanza de especies forestales le ofrece sombra y entorno a la caficultura de tan mágico territorio.
La constante niebla hace parte del paisaje natural. El lugar, por su retiro de los Andes ha acogido especies habituales en flora y fauna que no se ven en otros parajes. La región ofrece una belleza natural de gran espectáculo, pero igual ampara unas siembras de café especial y diferenciado que conecta con los espíritus verdes.

Inspirados en un café sanamente espirituoso, un grupo de emprendedores y empresarios le dieron vida a Sierra Santa, la marca de la mejor bebida de la Sierra Nevada. En charla con Diariolaeconomia.com, el socio fundador de la marca, Juan Ávila, un habilidoso desarrollador de negocios, aseguró que por precios y por gusto, el planeta y el mismo país están en la onda del café, una bebida ancestral y placentera que todos quieren tomar, prefiriendo orígenes y agricultura nacional a unos granos importados de la más mala característica.
El experto manifestó que Colombia quiere tomar buen café, por eso el consumidor cambió el chip y empezó a explorar cafés especiales, de la más alta particularidad porque, entre otras cosas, ya sabe que los cafés industriales, con estructura financiera y poder mediático, no hacen parte del mercado autóctono, del que sale de las montañas colombianas, en este caso el que se siembra en las laderas y picos de la bella serranía.
“Tristemente la mayoría de los colombianos acceden a un café que no es nuestra gran joya, pero nosotros a través de Sierra Santa y de un tema social por abordar traemos nuestros ancestros, nuestros indígenas, los que edificaron historia y entorno. En sus tierras estamos produciendo un café orgánico que representa y constituye nuestros orígenes como colombianos. El consumidor de hoy está más interesado en vivir nuevas experiencias, en entender y aprender de café porque finalmente todos en el país somos embajadores del espectacular producto”, expuso el señor Ávila.

Invitó a los nacionales amigos del café a defender la marca país, el producto y el esfuerzo de los caficultores que se rompen el lomo a sol y agua para poder cosechar un grano óptimo y con característica, un agricultor que termina desplazado por las marcas y por las casas de tostión que venden todo, menos café excelso colombiano. La gente, indicó, se cansó de unas ofertas en sellos, que, pese a su volumen publicitario, no pueden engañar al comprador que sabe de antemano, sobre el origen de muchos cafés, puesto que vienen importados de Perú, Ecuador, Brasil y Honduras.
En opinión del emprendedor, es gratificante contar con empresas generadoras de riqueza, desarrollo y empleo, una labor loable que ofrece oportunidades, pero reconoció que en café hay mucho más por mostrar.
En el caso de Sierra Santa, la marca extrae lo mejor de la caficultura de la Sierra Nevada de Santa Marta, un lugar único en el mundo y una de las montañas más altas, medida desde la orilla del mar, un punto de concentración, de temas místicos y aspectos ancestrales de gran importancia que se rescatan a través de una buena taza de café.
Para el desarrollador, es importante que las comunidades indígenas que están detrás del cultivo del café crezcan, ya que hay toda una realidad que conmina a trabajar por aspectos sociales y económicos, sobre todo en una región en donde campeó la violencia, una ignominia que fue disipándose con el café. En ese orden de ideas, todas las ventas internas así como las exportaciones con la marca de Sierra Santa impactan favorablemente a los caficultores que decoran el gigante jardín de montaña con cafetos, un bálsamo e incentivo para familias que debieron sufrir los embates de la guerra y la inmisericordia de un conflicto que en muchas ocasiones fue ajeno, tal y como pasa y acontece en otras regiones colombianas.
“Creemos en el crecimiento colaborativo, en la construcción de marca país y en nuestro deber como embajadores de todo lo que expresa el valor de Colombia, algo que puntualmente se concentra en un grano de café”, sostuvo Juan Ávila.
Al retomar el tema de las marcas, Ávila dijo que los productos nacionales, para este caso el café sembrado en Colombia y comercializado en el país debe tener los logos de la Federación de Cafeteros y la bandera de Colombia, pero no las industrias o grupos que venden café extranjero el cual debería tener el origen y toda su trazabilidad. Muchas veces, explicó, se aprovechan de la ignorancia de las personas que desconocen del tema café y no tienen claro toso lo atinente a calidades.

En café, agregó, hay que mostrar lo mejor y llevar el grano nacional a estándares internacionales a un nivel superior, aprovechando que el consumidor está pidiendo taza, calidad y producto diferenciado. No se puede negar que hay muchas marcas, fundamentalmente regionales, que han hecho un trabajo loable en tratar que la gente conozca y se aproxime al rimbombante mundo del café. En experiencia y comprensión, recalcó, se está avanzando, lo cual es una buena noticia.
Al amparo de Café Sierra Santa, son comercializados productos de gran calidad como Café Women´s, un producto especial, aromático y lleno de notas, cultivado, recolectado y beneficiado por mujeres de la Sierra Nevada. Sin duda, no tomar este café es perderse de una bebida única y de gama alta.
Los empresarios también venden un café tipo gourmet de la Sierra Nevada, un grano tostado y molido que dejan una excelente sensación en taza.
A los colombianos y a los extranjeros que visitan el país hay que decirles que pidan café de verdad, no un producto importado, totalmente alejado del trabajo y el sacrificio de quienes con amor, espiritualidad y entrega lo cultivan. La mejor experiencia no puede quedar atrás.
Los baristas, los artistas del sector cafetero, dicen que a los colombianos hay que educarlos para tomar buen café, puesto que se enseñaron a una bebida negra y amarga. Tienen el concepto que las personas merecen darse la oportunidad de acceder a una buena bebida, pero en café hay un aspecto y es que está muy ligado a la personalidad, ya que, generalmente, hay bebestibles que conectan. Es por eso que los más entendidos recomiendan abrirse a la diversidad de cafés y a las diferentes tonalidades y fragancias que la multiplicidad brinda.
Los emprendedores puntualizan que la Sierra Nevada ofrece una experiencia insuperable por los cafés orgánicos, empero precisan, que lo fabuloso sería entrar a esa gama interminable de granos que propone Colombia a lo largo y ancho de su geografía.
Si bien, hay cafés con sabores suaves, con matices de panela, chocolate, cítricos y otras tonalidades, el verdadero sabor del café es la felicidad que brindan las matas y la cosecha, en donde generalmente hay esperanza, fe y una generosa sonrisa. Para Ávila, es un hecho que el café vende placidez, porque culturalmente reúne las condiciones, la bebida, afirmó, es familia, trabajo, esfuerzo y perseverancia, sellos muy colombianos. Subrayó que sería magnífico que la gente supiera más de café, del esfuerzo que implica sembrarlo, más si se trata de un producto orgánico.
Resulta especial, señaló Juan Ávila, que las familias estrechen sus lazos de amor, confraternidad y unión alrededor de una buena taza de café cosechado en la Sierra Nevada de Santa Marta. Una gran ventaja es que el bebestible es ideal para las personas que viven solas o están a la espera de alguien porque sencillamente un café es la mejor compañía.
El café es un patrimonio con más de 300 años que ha potenciado país, generado riqueza y le dio identidad a Colombia, el grano perfectamente es un símbolo en torno al cual se fue gestando toda una cultura y una forma de vida.
Con el café no hay regiones, hay país y toda esa tenacidad que destaca a una raza cafetera que por siglos encontró oportunidad, hogar, ingreso y creatividad en la especial siembra. Ese tesoro, insistió, hay que mostrárselo al mundo en toda su dimensión.
La coyuntura cafetera es compleja en el mundo y por ello Sierra Santa cree que los precios seguirán altos. Este año la Federación de Cafeteros ha dado una mano porque hay una crisis de café en Brasil por el clima y en los países centroamericanos, totalmente sitiados por la roya.
El reto del café hoy es aumentar consumo con calidad y origen, pero igual generar cultura y educación cafetera, porque el colombiano debe tener más apego por su bebida, por lo que se cosecha en las montañas y que finalmente viaja por el mundo para complacer los paladares más exigentes, ese grano que se siembra y se procesa en el país está a la mano de los consumidores locales, pero hace falta oficio, que lo pueda adquirir el público para que pueda vivir así los mejores momentos, en comunidad y conectados por la esencia de la Sierra Nevada.
Caficultura de la Sierra Nevada, ancestral y especial

La denominación de origen café Sierra Nevada cubre el grano producido en 33 municipios del Magdalena, Guajira y Cesar. Se caracteriza por tener un perfil de taza limpia y balanceada, con cuerpo medio-alto y uniforme. Este grano tiene una acidez media con sabores asimilables al chocolate.
“Lamentablemente el país no conoce su propia cultura, no reconocemos nuestra historia y el café es eso, historia. Detrás de cada taza de café hay trabajo, sabiduría y conexión con la tierra. Esas familias de campesinos, indígenas que aman su terruño y valoran el café, un cultivo que llevan en el corazón. Ellos, los caficultores de la sierra, no están expresamente por el tema económico, no, lo hacen porque el café es su vida y su siembra les permite fomentar ese encuentro venturoso con la madre tierra, algo que nosotros queremos transmitirles a las personas, porque hay muy buenos cafés, de todas las calidades, con estadísticas y estándares elevados, pero nuestro café, de Sierra Santa, sembrado y cosechado por Coagronevada, una asociación de caficultores, anhela llevar el mensaje sagrado de la Sierra al resto del mundo y ello porque la región tiene una conexión y una mística única, el café de la Sierra es ancestral y sabio. Esa característica no se aprecia en ningún otro lugar del planeta”, manifestó Carlos Quintero, socio fundador de Sierra Santa.
Añadió que el mundo está en un proceso de transformación humana y de conexión con sí mismo, algo muy particular de la pandemia que generó espacios para los seres humanos, pero igualmente para las especies de fauna y flora. Ese reencuentro es una petición intrínseca que solamente se logra de manera amena con un buen café de la Sierra Nevada de Santa Marta que no es solo café, es una mezcla de sabiduría y experiencia, la gran joya de los ancestros.
Un café sembrado y tratado en la Sierra conecta con el rey jaguar, con el puma y el águila, igual con el cóndor y su inmensidad que su ojo avizor advierte y encanta desde las alturas, esas elevaciones en donde el viento choca con las verdes eminencias de la cadena montañosa, un símbolo muy del arraigo en la Costa Norte. El café del Magdalena, esbozó el experto, conecta al ser con el ser y le muestra la tierra y sus encantos.
“Nosotros no estamos ofreciendo café, nuestra misión es conectar al corazón del mundo que es la Sierra Nevada de Santa Marta con el resto del mundo, razón por la cual el café que allí se siembra es 100 por ciento orgánico, una cualidad que le entregó sus certificaciones porque la idea es volver al origen, el café que sale de la Sierra tiene responsabilidad social y amor por la tierra, porque todo lo que está en la Sierra Nevada tiene que ser respetado y conectado con la propia tierra”, afirmó Carlos Quintero, un psicólogo de profesión.

Detalló que en el cultivo del café y su beneficio nada se desperdicia porque todo se reutiliza a manera de abono y agua. El café sabe que el territorio en donde brota es sagrado.
Dijo que el proceso de Sierra Santa ha sido agradable y ejemplar porque de la mano de Carolina Torres, la otra socia fundadora, encargada de la parte legal y con los oficios de Juan Ávila, se han logrado grandes cosas por el bienestar de una región, por la defensa del café y apuntado nuevamente al origen, la razón de la marca y del trabajo adelantado.
Para Sierra Santa no hay fronteras, la Sierra Nevada escogió el proyecto para conectar al mundo con la sublime montaña. El café de la marca llega a donde tiene que llegar y quintero indicó que la empresa no busca mercados, simplemente la gente se relaciona o enlaza con el producto y lo pide porque sencillamente requiere de esa relación natural y bonita.
La marca ha ido a Europa y Estados Unidos, hace poco fue despachado a Alemania y a Argentina, pero igual el café está en Japón, Canadá e Italia, unos mercados que llegaron por el encanto del grano.
Según Quintero durante años la Sierra Nevada estuvo contaminada con los cultivos ilícitos y con la violencia. Aclaró que la coca no fue un problema ni un narcótico ancestral, apuntó que la hoja hizo parte de la cultura porque fue vital en la sanación y en la conexión. Dijo que cuando a la hoja de coca se le dio una utilización indebida, el nuevo mercado generó guerra, muerte, desplazamiento de las comunidades y tragedia.
Ahora con dos cultivos estelares, café y cacao, la Sierra está retomando su camino, las comunidades dejaron la siembra de coca y le apuntaron a la caficultura, hoy con grano orgánico recuperaron un trabajo, una pasión y por encima de todo, la tranquilidad.
“Cuando el país, los empresarios y los mismos consumidores logren conectarse con la importancia de los territorios, lo demás llegará por añadidura, el café y la naturaleza les mostrará el camino a muchos, todo en beneficio del planeta y de unas actividades milenarias, las que empezaron con la agricultura y tomaron consciencia del cuidado y el amor por la tierra”, ilustró Quintero.
Las mujeres de la Sierra Nevada, comprometidas con calidad

El café Women´s, es un café producido única y exclusivamente por mujeres cafeteras de la región. Ellas se encargan de cultivarlo, cosecharlo y darle un beneficio muy particular que luego en la tostión deja ver los atributos en taza. Las féminas encargadas de la marca son afiliadas a Coagronevada y aparte de poner en el mercado un café de muy buena calidad, encuentran rentabilidad y bondades en la asociatividad.
Este café tiene certificación Women´s Care a nivel internacional, certificación de comercio justo, es decir que a las productoras se les paga una buena suma porque aparte de todo tiene partida orgánica mundial. El socio fundador dijo que la mujer en la Sierra Nevada tiene un papel muy fundamental y simbólico porque es la creadora.
Ahí está la caficultura juiciosa en la Sierra Nevada de Santa Marta, cumpliéndoles a los cafeteros y a la tierra. Los productores dicen que el café es un sector potente que cuenta con un gremio casi centenario fundado el 27 de junio de 1927. Igual el productor tiene facilidades logísticas con Almacafé, un almacén general de depósito que brinda todas las garantías para el sector cafetero.
Desde la parte estratégica, fundamentó Juan Ávila, Sierra Santa exhibe al mundo la joya de la Sierra Nevada porque se trata de uno de los mejores granos del país, estimó que sin temor a exagerar, la caficultura del sitio permite ofrecer un producto de lujo, tan cierto que el valor por cada libra de café es exorbitante, un precio que llega a los productores.
El café de la Sierra Nevada, con unas condiciones topográficas únicas y un sabor particular conecta los orígenes de Colombia, de la bella Sierra con el planeta. Un kilo de café colombiano de calidad especial y enteramente diferenciado, puede valer entre 100 y 400 euros.
En caficultura la sostenibilidad tiene tres ejes, la parte ambiental, social y la económica, pero lastimosamente hay limitaciones en el conocimiento de los recursos del medio ambiente. El concepto de sostenible está en los granos diferenciales. Ávila referenció que hay una matriz en marketing llamada VRIO, ese factor que significa valioso, raro, inimitable y organizacional, genera ventajas competitivas a largo plazo, todas las características del café colombiano y más exactamente del que sale aromático de la Sierra Nevada de Santa Marta, el origen del buen café.