Domingo, 31 Octubre 2021 00:32

Hermes, un campesino feliz con ovejas, trabajo y su estancia en Güicán

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Este productor es la clara muestra de lo que pasa en el campo, fincas asoladas, vías terciarias inexistentes, pobreza y muchas dificultades para progresar. En opinión de sus habitantes, la ruralidad implica sufrimiento.

Al ingresar a Corferias, el recinto ferial icónico e imponente de Bogotá, la mirada se acelera y en la cabeza la curiosidad genera inquietud porque hay muestras impresionantes en ganadería, equinos y especies menores.

Van y vienen unos animales que encantan y se apropian con toda la razón de la admiración y el tiempo. Después de terminar un compromiso académico y al salir de la inauguración de la versión XXIII de Agroexpo ingresamos al Gran Salón, Óscar Pérez Gutiérrez, la primera experiencia en los interminables corrales perfectamente adaptados fue la pregunta de un hombre mayor, campesino, amable, y sonriente, con su sombrero de ala y copa, irrumpió, sobándose las manos por la fría tarde, con una pregunta seca y entusiasta, ¿quieren comprar ovejas?

Luego de hablar con el criador de corderos, curioseamos su selección de ovinos, hicimos algunas preguntas y entablamos una charla técnica, muy del sector agropecuario, pero al final de la conversación nos contó detalles de su vida, de la actividad agraria y de las muchas dificultades que enfrenta un productor para poder acceder a los mercados.

Más allá de los problemas, de las falencias y todo lo que implica complejidad en las productivas montañas colombianas, en los valles, selvas y llanuras, hay algo cierto y es el apego de la gente por su terruño, un entorno agreste en donde los campos florecen, la fauna fluye y los ríos adormecen con su permanente murmullo.

Esa Colombia agraria, la del olvido y la inequidad, es el paraíso que los viejos y curtidos no quieren dejar, así broten de sus ojos lágrimas nostálgicas por el inmejorable pasado, por las ausencias y partidas, y desde luego debido a las metas que quizás no se alcanzaron.

La vida campesina es una oda a la existencia, por el campo la humanidad respira, bien sea por la producción de alimentos o por ese trabajo permanente y abnegado que respeta entornos, ambientes y aire. Algunos quisieron alterar la agricultura con sustancias y productos letales, pero hoy el lugareño quiere apostar por unas buenas prácticas agrícolas que contemplan cero químicos, menos desperdicio del recurso hídrico, trazabilidad y alimentos para el provecho y no generadores de cáncer y otras enfermedades.

Hay preocupación por los efectos de los plaguicidas, abonos y otras sustancias peligrosas. Aquellos que vieron reverdecer el campo de manera ancestral, están queriendo rescatar un sistema productivo limpio, sin patógenos y totalmente comprometido con la vida, las especies y la rentabilidad.

 

Hermes Carvajal Velandia

 

En charla con Diariolaeconomia.com, el señor Hermes Carvajal Velandia, quien nació hace 75 años en Güicán, Boyacá, aseguró que desde niño trabajó con cultivos de papa y ganado, pero en general con todo lo que fueran menesteres del campo. Expresó su tristeza por la falta de atención a la ruralidad, los subsidios y el asistencialismo que atomizaron la mano de obra campesina.

Calificó la agricultura, como un oficio que subsiste de milagro y dijo que de no ser por la vocación y el apego que hubo y hay en las veredas colombianas, la tragedia habría sido total. Muestra del compromiso, apuntó, fue el abastecimiento que se hizo en plena pandemia, favor que a los agricultores, se les pagó con mayores importaciones de papa y con unos precios en las centrales de abastos extremadamente irrisorios, de no te lo puedo creer.

Mirando a los costados, como buscando a su hijo con la mirada inquieta, Carvajal expuso que lo mejor para no dañar la poca alegría de una feria, es acudir al recuerdo, a las labores campesinas de hace 30 o 40 años cuando el país exportaba alimentos e insinuaba dejar regado en dinámica y productividad, al resto de países en Latinoamérica, hoy el escenario es otro, y mientras el campo se marchita en el entorno local, va como volador sin palo en países que hoy son un verdadero ejemplo a seguir, puntualmente el caso de Perú y Ecuador.

 

"Recuerdo que mi señor padre sembraba a puño limpio, a duras penas se ayudaba de una piqueta y la fuerza bruta la aportaba un buey. En esos años la siembra de papa era grande, las producciones fueron abundantes y la plata no faltó, se premiaba el esfuerzo de un campesino. Aparte de la papa, en las partes bajas el pueblo produce maíz, cebada, trigo y otros alimentos. La tierra es buena, tiene excelente característica y permite recolectar cosechas importantes”, declaró el señor Carvajal Velandia.

 

 

Este enorme ser humano extraña la ruralidad hecha por los ancestros, dijo que actualmente hay tecnología, mecanización y una actividad totalmente modernizada. En su diálogo florido, de enorme desparpajo, hizo pausas para ir en la máquina del tiempo al pasado y traer por fragmentos una remembranza nostálgica sobre las prácticas agrícolas adelantadas por sus padres y abuelos.

Insistió que en el campo, todo pasado fue mejor porque había más gente para trabajar, la mano de obra sobraba y se utilizaba en varios frentes productivos así como en el cuidado de las fincas, pero hoy por hoy todo es complejo, los labriegos abandonaron la agricultura y los que se quedaron, dijo Hermes, generalmente son dueños de predios que dan órdenes para ejecutarlas ellos mismos. “Ahora el tema es a otro precio porque al patrón, la situación le volteó la torta, como quién dice, mande y hágalo”.

Lamentó que la juventud campesina se haya dejado obnubilar con el sueño capitalino o de ciudad a donde se desplaza para ir a sufrir y pasar necesidades, cuando no a delinquir o formar parte de los cordones de miseria en donde arranca la prostitución y toda la pérdida de valores. Deploró que los campesinos jóvenes y llenos de vida prefieran el trato indigno y el hambre de las ciudades, solo por no untarse las manos de tierra y agua.

En asuntos de agricultura, Hermes Carvajal Velandia, aseveró que la labranza se ha venido deteriorando por el surgimiento de unas empresas y comercios que optaron por cambiar las semillas sobre la base del mejoramiento genético, pero aclaró que las cepas del pasado eran confiables, de buenos rendimientos y no demandaban gastos adicionales en abonos o fungicidas. En ese tiempo, indicó, las tierras no estaban tan contaminadas, no se utilizaban químicos y el abono lo aportaban las ovejas, la mayoría de siembras eran orgánicas como pasó con la papa.

 

 

A criterio del agricultor Hermes Carvajal, hubo dos activos que hoy se perdieron en el sector agropecuario, la semilla nativa y la pureza en las siembras ya que hoy los químicos entran a los suelos, los afectan, pero lo más grave, le abre las puertas a enfermedades mortales como el cáncer. Atrás, afirmó, quedaron los corrales de ovinos, los cortes, la extracción de abono y un agro limpio, totalmente apto para el consumo humano.

Cualquiera que tenga sus años encima, dijo, le puede ratificar que la papa y otros alimentos sembrados a la antigua usanza eran de mejor sabor y con mucha más calidad que los que se comercializan en la actualidad.

 

“Hoy la gente no dura precisamente porque todo es química, las siembras, la ganadería y el universo agropecuario. No hay que ser muy inteligente para saber que hay productos tóxicos recomendados para los cultivos que están ocasionando enfermedad y muerte”, anotó el campesino.

 

La infancia de Hermes fue amable, eso sí, dejó de gatear y cuando tuvo uso de razón empezó a colaborar con los oficios de la finca. Agradece eternamente que su progenitor le enseñara a trabajar porque es algo que le gusta, disfruta y ama hacer. Reconoce que ya siente cansancio con sus oficios, pero hace su mayor esfuerzo y sigue adelante con lo que le da vida, el paisaje, la finca, sus siembras y desde luego, sus infaltables ovejas.

 

 

Aclaró que si bien desarrolló un gusto gigante por el campo, la ganadería y las ovejas, todo se tiene en bajos volúmenes, pero con la paz que brinda llevar una vida tranquila. Don Hermes manifestó que no es gente de mucha plata pues cuenta con lo suficiente para ser un hombre feliz.

Casado con la señora Alcira Duarte, tuvo siete hijos que educó y formó como personas de bien, apegados a las buenas costumbres, al trabajo y al estudio. Su esposa es y ha sido un apoyo importante porque aparte de darle soporte al hogar, la gran dama con la que contrajo nupcias resultó dedicada, solidaria y la mejor aliada.

Le envió un mensaje al Presidente de la República y a los congresistas en el sentido que propendan por un mayor apoyo al campesinado, a esas personas virtuosas, las mismas que laboran con el sol encima o la lluvia pertinaz, pero que siguen cultivando y cosechando para garantizar el suministro a los colombianos y así llevar alimentos a los hogares sin la preocupación latente que pronto el abastecimiento faltará.

Dijo que los retos del Gobierno son grandes en agricultura porque el campesinado necesita atención médica y un sistema de salud eficiente en la ruralidad, mejorar la escolaridad, trazar una política de infraestructura veredal, con el fin de construir vías terciarias y secundarias puesto que hoy no hay forma de extraer producción porque las arcaicas rutas están destruidas por el invierno.

 

Colombia debe ponerle punto final a los subsidios

 

 

El agricultor Hermes Carvajal Velandia, dijo que es urgente que el Estado le ponga fin a la política de subsidios porque las famosas ayudas fueron las directas responsables de acabar con la mano de obra. Denunció que obligaciones como Familias en Acción, el bono solidario y otros amparos volvieron a la gente perezosa, atenida y conformista, porque con un poco de plata que les llega por no hacer nada, viven.

 

“Ya no hay jornales, se fueron los buenos trabajadores, no se volvió a ver una mujer hilando lana para darle sostenibilidad a un comercio dinámico medido en manufacturas como ponchos, ruanas y otros trabajos artesanales. El tema es tan terrible que no es posible encontrar tejedoras para que le hagan una manta a alguien, y ni que decir para negocio. Todo eso se lo debemos a unos subsidios que sacaron personas dinámicas y las volvieron completamente vagas e inútiles. Como dicen popularmente, estamos en la olla”, dijo el juicioso labrador.

 

El problema en su opinión es demasiado grande porque a los campesinos los mal enseñaron, ahora quieren plata fácil y todo gratis, el Gobierno no se ha dado cuenta que alimenta zánganos con la plata de los demás, de los honestos y sacrificados contribuyentes. La moda es tomar trago subsidiado y sin el menor esfuerzo y embarazar la mujer para sumar otro cheque, un caos total.

 

Imagen tomada de Twitter

 

Comentó que en tiempos de cosecha o mayor trabajo se invitan diez personas a laborar y a duras penas llega una por tratarse de un amigo o compadre, y con todo y eso, hay condicionamientos como el irse temprano y de esa manera, afirmó, no se hace nada. “Hay que reconocerlo, la mano de obra se acabó, o mejor dicho, la acabaron los subsidios”.

Manifestó que el relevo generacional en el campo sí está y puede retomarse, pero para ello, razonó Carvajal Velandia, hay que crear políticas de fomento al campo, que inviten al campesino a volver para sembrar y ganar por su trabajo, cambiar ese regalo injustificado de Familias en Acción o el plan para el Adulto Mayor, que entre otras cosas no es para todos porque a la fecha, precisó el labriego, no le han dado ni un tinto.

 

“Con los años que tengo, si no trabajo no como, y lo triste es que mirando alrededor, hay gente que no hace nada, eso sí están de domingo a domingo en las cantinas comprando trago y haciendo fiesta con la plata que mal llega, porque no significó esfuerzo, tan solo un asistencialismo malsano”, señaló el productor.

 

Su gran anhelo es seguir con la salud plena porque no quiere ir a una cama a postrarse mientras llega el día del adiós. Espera que el Santo Padre le de vida para caminar por los campos y dedicarse a sus ovejas con vitalidad y empeño. Otra aspiración, quizás lejana, es ver reverdecer el campo con cosechas exuberantes y gente en masa trabajando.

 

Ovinos, un sector prometedor

 

Hermes un hombre de 75 años de edad, es una persona a la que la vida, de alguna manera, le llegó a la inversa, pues contar ovejas le quita el sueño. Este buen hombre, creyente y temeroso de Dios, madruga todos los días a revisar sus rebaños, los alimenta, les suministra agua y les proporciona el debido suplemento. Cada mañana, tarde y noche piensa en sus espectaculares animales, en el trabajo genético que está haciendo y en las ferias y sitios de exposición a donde debe ir para vender y ganar algún dinero.

Carvajal, un hombre aplicado, de la generación del fuete, el rejo o chancletazo a secas, recuerda que así con disciplina y llanto se formó como una persona honesta, trabajadora y portadora de principios. Al mirar sus manos es fácil ver un cúmulo de callos, muestra de su esfuerzo y laboriosidad. Agradece que nunca faltó el pan en la mesa puesto que la comida sobró, la tierra dio frutos y la familia jamás pasó necesidades.

En el campo, añadió, sobra la carne, las verduras y los alimentos en general, lo único que debe comprar el labriego es sal y panela.

El reconocido criador de ovejas lleva 18 versiones de Agroexpo en las que asiste como expositor con unos ovinos de gran calidad y una excelente manutención. En las primeras participaciones le fue muy bien, vendió animales y cuadró caja. Invitó a los colombianos a consumir más carne de oveja en vista que es una proteína sana y muy conveniente en aspectos de nutrición. Desde su análisis, es importante arrancar con una campaña extensiva para incentivar el consumo de ovinos y caprinos.

Cuestionó que el mercado no compensa el esfuerzo que hacen los criadores en genética y cuidado de los ovinos, porque en Chocontá, municipio en donde se comercializan las ovejas en pie, hay que dejarlas muy baratas, casi sin utilidad porque la logística cuesta. “casi siempre nos toca trabajar por trabajar”.

Con todo y lo que representa para su economía, el campesino, y puntualmente don Hermes ha hecho una apuesta en mejoramiento genético, pero pidió del Gobierno facilitar la importación de ovejas de Reino Unido, Nueva Zelanda y Uruguay entre tantos países con buenos rendimientos.

 

 

En la finca de Carvajal Velandia prosperan ovejas de la raza Romney Marsh, un animal de origen británico de doble propósito. Dentro del equilibrio zootécnico de la especie un 60 por ciento está destinado a la producción de carne y el 40 por ciento a la obtención de lana. Estas ovejas tienen como atributo una complexión sólida, fuerte y vigorosa que las hace eficientes y de alto rendimiento. 

Dijo que a la fecha los campesinos no tienen los recursos suficientes para comprar una oveja de raza y por eso sería determinante que el Gobierno importara los animales y se los vendiera a bajo costo y con facilidades a los productores. En el sector nadie quiere nada regalado, tan solo de cómodo acceso y rentable a la hora de ir al comercio. Un macho Romney Marsh para aporte genético cuesta aproximadamente 14 millones de pesos, una inversión rentable porque asegura un excelente pie de cría.

En ese amable y plácido ambiente bucólico de Güicán, es común ver fincas y corrales llenos de corderos y ovejas de esta apetecida raza. Las muy espectaculares borregas de don Hermes ratificaron ser las mejores de Colombia, ya que en las pistas de juzgamiento en el marco de Agroexpo 2021, barrió con todos los premios y reconocimientos. Hoy la genética de su finca es certificada por quienes más saben de la especie y la raza, ganó valor por la calidad y potencial de su apuesta, Romney Marsh. La vida continúa premiando a un hombre del campo comprometido con la excelencia, que sigue haciendo las cosas de la mejor manera. Actualmente, en ovinos, el prestigio de Carvajal Velandia sigue catapultándose, la máxima feria agropecuaria del país habló y calificó, con los mayores merecimientos, los laureles e interminables aplausos fueron todos para el tozudo, admirable y formidable Hermes.

La tarea la hace muy bien el conocido ovejero y eso lo ha llevado a salir de Colombia para adquirir más conocimientos. Fue a México, Venezuela y Ecuador. Exportó papa al país bolivariano y se dedicó a aprender de mercados y oportunidades. Con Juicio logró profesionalizarse y hacer de su finca un emporio de genética y buenas prácticas agrícolas y ganaderas.

A Hermes Carvajal Velandia, aparte de los animales de cría y la agricultura, lo seducen los carros. Hoy tiene una camioneta Mazda 4x4 modelo 2001 de color azul.

 

 

Vive feliz en la casa de su finca Cueva Blanca en donde cuida con celo sus 55 ovejas que atiende en madrugada de bruma y escarcha, es consciente que llegarán alteraciones que van a generar impactos en salud, cambio climático y otros aspectos como la misma globalización de los mercados. Dice que hay que trabajar duro para ganarse el plato de sopa, pero admite que aún es posible comer bien en Colombia.

Este amable labriego supo de los embates de la violencia porque a su padre lo mataron el nueve de abril de 1948 cuando estalló el Bogotazo luego del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán. Infortunadamente su región igual entró en conflicto y las muertes se contaban por docenas, lo que incluyó mujeres, niños, ancianos y gente inocente, víctima de una persecución sin cuartel que sacó a muchos de la comarca como fue el caso de la familia Carvajal Velandia que huyó al Tolima. En ese tiempo Hermes tenía un año habida cuenta que nació en 1947.

Hermes es un convencido que los conflictos tienen un común denominador, fomentar el pánico y despojar a los campesinos de sus fincas.

El núcleo se atomizó, todos tomaron un destino y una ruta diferente, Hermes regresó a su casa en Güicán y retomó labores. Su madre falleció a los 95 años en medio de una lucidez envidiable.

 

Güican, un municipio espectacular en el corazón del Cocuy

 

El municipio de Gúicán de la Sierra fue fundado por el padre Miguel Blasco, el 26 de febrero de 1756, es conocido también como Nuestra Señora de la Candelaria de Güicán, y hace parte de la próspera Provincia de Gutiérrez en el nororiente de Boyacá. Esta población con 6.909 habitantes vive de la agricultura y las labores pecuarias, el trabajo campesino no resulta fácil por tratarse de una plaza con una altitud media de 2.983 metros sobre el nivel del mar. Su elevada geografía la hace dueña de un paisaje único y no en vano el 81 por ciento de su área forma parte del Parque Nacional Natural El Cocuy.

En tiempos prehispánicos la región fue el fortín de los indígenas Güicanes, una comunidad muy cercana y vinculada con los U´wa, igualmente llamados tunebos. Esa tribu fue comandada por el cacique Güaicaní. Es bueno recordar que en la lengua atávica, el nombre Güicán expresa “en el cercado de la esposa”.

Previo a su fundación la comarca fue conquistada por Hernán Pérez de Quesada, quién, como cosa rara, llegó con su terrorífico ejército con una misión casi febril y onírica, buscar oro sin importar que fuera a cambio de vidas.

En sus fértiles suelos, rodeados de una atmósfera fría y ardua se siembra papa como el principal producto agrícola, pero también los campesinos cultivan uchuva, habas, maíz y arveja. La ganadería bovina de leche igual crece y las especies menores están lideradas por la cría de ovejas, actividad ancestral a la que muchos le ponen alma, corazón y vida.

El municipio, de gran belleza y un paisaje esplendoroso se articula maravillosamente con la reserva del Cocuy, uno de los pocos sitios hermosos y placenteros que le quedan al mundo natural.

Quienes allí van, buscan por recomendación explícita la cueva de Cuchumba situada en medio de un paisaje magnífico y de ensueño por donde corre gélido el río Cóncavo, afluente que en su paso deja una llamativa cascada y una sucesión de maravillosos pozos de agua diáfana, límpida y constante, haciendo de la reserva una región preclara.

Güicán es un pueblo devoto y entregado a la fe, de todas maneras la historia dice que en plena conquista los misioneros se acercaban a las muy difíciles tierras del norte de Boyacá para cumplir con su objetivo evangelizador. Uno de los clérigos se acercó al cacique Güaicaní, y después de recurrentes muestras de amistad y confianza, el presbítero le ofreció al líder aborigen un cuadro de la Santísima Virgen, la reacción fue asombrosa y quizás una experiencia contundente para el hombre de Dios y sus acompañantes de romería. El noble indígena le dijo al cura que su comunidad tenía una imagen de mejor característica y de mayor belleza, un obsequio que les fue entregado a sus ancestros por un respetable y loable anciano que les enseñó a querer a la muy especial mujer que entró en sus corazones razón por la cual ni la cambiarían, pero igual tampoco ella los iba a dejar.

La imagen permaneció oculta en la cueva de Cuchumba, bajo la densa y fría nieve en una gruta que sirvió por años de refugio y sagrado albergue. El religioso fue persuasivo y convenció al cacique de dejar ver la sacrosanta imagen, tiempo después fue trasladada al caserío, tras aquel acto piadoso y ceremonial que terminó en un festín, los habitantes eligieron a la virgen como reina y patrona del entonces nuevo pueblo al que bautizaron Nuestra Señora de la Candelaria de Gúicán.

Desde hace más de 260 años la sagrada imagen ha regido la fe y los milagros de una población precolombina que sorprendió a los españoles de la conquista que partieron con la convicción de la obra de Dios. Hoy todos en el municipio, luego de santiguarse, se acuestan y se levantan con la imagen sublime de la Virgen Morenita de Güicán, a la que le piden que vuelva la agricultura, la paz y la justicia social para el campesinado.

Güicán es un destino imperdible, está repleto de belleza, historia y amabilidad, quienes van, vuelven, porque dicen que no hubo necesidad de morir para conocer el paraíso. El viaje es enriquecedor desde Bogotá o desde cualquier ciudad colombiana, todos quedarán encantados con el paisaje paramero y glacial, igual con cada una de sus veredas, El Calvario, El Centro, El Jordán, El Tabor, San Antonio de la Cueva, La Unión, San Ignacio, San Juan de Nepomuceno, San Luis y San Roque.

Como nos narra Hermes Carvajal Velandia, la vida del campo es difícil, muy compleja, pero posible con un poco de voluntad y política agraria. Su vida es trabajo, honestidad, vocación y mucha convicción. El país está postrado en materia agrícola, pero es seguro que se levanta con el concurso de los campesinos y de muchos seres humanos al estilo Hermes, de los que debemos replicar, a Dios gracias, aún quedan.

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