Los productores de frijol le dieron buen recibo a los anuncios de paz con las Farc y auguraron igual éxito con el ELN y con otros grupos armados al margen de la ley que se cansaron de participar en una guerra sin cuartel en donde nada pasa, el tiempo se paraliza y el mundo avanza dejando atrás a los países de la guerra.
El presidente de la Asociación Nacional de Pequeños Productores de Frijol, Asonapfrijol, Bonisalvo Susa, habló con Diariolaeconomia.com y dijo que la llegada del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no debe verse con preocupación porque se trata de una persona que llega a poner la casa en orden y a defender su economía lo cual es legítimo. Indicó que lo mejor que puede hacer el mandatario norteamericano es anular el TLC con Colombia porque tal y como se negoció fue adverso y de total desventaja toda vez que se entregó el agro, la avicultura y la ganadería de leche.
Según Susa, si hay revisión del tratado de libre comercio con Colombia, lo ideal y obvio es que saquen al campo y a la economía rural de esa negociación, adversa desde todo punto de vista porque los efectos no se han visto por gracia de la devaluación, pero en otras condiciones, como en 1991 con la apertura económica, el campo está llamado a quedar arrasado.
Una mirada a tener en cuenta para seguir con el controvertido acuerdo sería por la vía de importar tecnología de menor costo, bienes de capital y todo lo que necesitan las pequeñas y medianas empresas para ser más competitivas, pero no concesionando una economía de base o primaria que le dio desarrollo y grandeza a Colombia, lo anterior sin decir que alimentó sin problemas a una nación exigente y de muy buena mesa.
El posconflicto necesita tierra para producir alimentos, dijo, y eso solo es viable sembrando y cosechando, pero también haciendo agroindustria para vender valor agregado y no quedarse solo en los commodities. Aseguró que en Colombia debe impulsarse una política de estado para el agro en donde se generen las herramientas técnicas y jurídicas que le den dinamismo a un sector que está llamado a ser muy importante, no solo por la seguridad alimentaria, sino por todas las implicaciones favorables en el frente social y económico.
Asonapfrijol le hizo un llamado al gobierno para que fortalezca los núcleos de producción los cuales son los primeros a tener en cuenta antes de definir una determinada importación porque solo así se determina que hay o que hace falta.
A criterio de Susa, el gobierno no preparó a los productores del campo para un TLC porque jamás se le inculcó al productor el manejo de pos-cosecha, de buenas prácticas agrícolas y ganaderas, no hubo un acompañamiento técnico ni la manera de incursionar en agroindustria. Para el experto en temas agrícolas, el gobierno de ese momento negoció mal, no vio una y terminó entregando el país.
“Los campesinos quedamos a la deriva porque a nosotros no nos dijeron como entregar una habichuela en Estados Unidos, o como entregar un frijol transformado y enlatado en Norteamérica o en Europa, es decir lo mejor sería renegociar con el Presidente Trump y sacar al agro de ahí porque a decir verdad nos ha ido mal con este y con todos los tratados firmados”, expresó el presidente de Asonapfrijol.
Los agremiados en Asonapfrijol que pasan de 11.800 tienen en mente transformar y enlatar frijoles antioqueños con todo y chicharrón, pero para ello se están preparando porque quieren mostrar que Colombia es un país de gente capaz y con inventiva.
Todos por la paz
Este hombre, que nació para la dirigencia campesina le dijo desde este medio al Presidente, Juan Manuel Santos, que los productores de frijol que son quienes han soportado el peso de la violencia y de un conflicto que se ganaron sin comprar la boleta, son los primeros en apostarle a la paz y a la reconciliación de todo un país porque la Colombia rural se cansó de ver crecer las filas de viudas, huérfanos e inocentes inmolados solo por haber servido de manera obligada una comida o por dar un simple vaso de agua.
Anotó que si bien habrá reparación y vendrá todo un proceso de construcción de nación, lo cierto es que hay zonas en donde no hay electricidad, otras que no conocen el agua potable y una gran mayoría que tienen que caminar por trochas o a lomo de mula durante horas para llevar al mercado una carga de frijol, unas frutas o cualquier otro alimento. Así las cosas, dijo, hay que empezar a identificar esos problemas para darles solución y edificar la verdadera paz sobre pilares de inclusión social, oportunidad y derecho a la educación, a la salud y a los servicios más elementales porque hay mucho nacionales que viven en huasipungos o cavernas, lo cual no tiene presentación en pleno siglo 21.
“Hay sitios como Chucarima, Norte de Santander, en donde sacar el frijol tarda nueve horas porque no hay vías, hay regiones en donde la sacada demora días y eso debe ser lo primero que hay que corregir de cara a una paz estable y duradera”, apunto.
Manifestó que hay preocupación porque persisten aún las extorsiones y amedrentamientos por parte de grupos armados lo cual debe corregirse para lograr plena confianza en los campesinos y en las personas que quieren conocer Colombia y hacer turismo, pero solo con garantías en seguridad.
Dijo que atrás deben quedar esos días o esas noches en que había que llevarles alimentos a los guerrilleros de manera obligada o simplemente ceder caballos o mulas para luego morir de miedo ante la presencia militar porque el campesino estuvo en medio de dos fuegos y eso jamás nadie lo entendió porque hubo castigos por llevar ayuda a un lado o al otro sin que nadie supiera el horror que soportaron muchos labriegos.
“Ojalá que con este proceso todo salga bien porque la paz se necesita para salir del pasado y entrar por rutas de progreso y darle a Colombia la verdadera dimensión que tiene, pero que vivió oculta por décadas por una violencia que no llevó a nada y que si castigó al campo así como al desarrollo”, expuso Susa.
Un inconveniente que el gobierno debe sumar es que los campesinos están endeudados con todos los bancos y fundaciones porque invierten en una cosecha y muchas veces estas registran pérdidas. Para apalancar ese lío, expresó Susa, debe dársele vida a un Fondo Rotatorio para el campo el cual debe ser alimentado con dineros propios que pueden venir del gobierno y darle vida así a la verdadera asociatividad que se sostiene con producción que al ser comercializada ingresa al fondo, generando renta económica y social acabando con muchos problemas tal y como ha pasado en países como Ecuador y Bolivia. Recalcó que la solución no es darles dinero a los campesinos como si nada porque esa plata termina en las arcas de los estancos.
Con la figura del Fondo Rotatorio habría dinero permanente para el pago de insumos, de herramientas y hasta para compras elementales, pero el dinero cumpliría con su función de cultivar y trabajar la tierra sin que se quede a mitad de camino.
La idea es lograr que los productores sean autosostenibles y puedan inclusive hacer las compras de insumos en bloque, mostrando que el espíritu solidario es efectivo y que da los mejores resultados cuando se hace con probidad. Ese mecanismo podría llevar la producción campesina a las grandes superficies sin intermediarios dándole la oportunidad al agricultor de ganar más y de aportar cumplida y tranquilamente al Fondo Rotatorio.
El trabajo articulado es tan efectivo que un grupo de productores compraron fertilizantes y abonos que costaban en puerto 86.000 pesos y gracias al modelo asociativo se logró adquirir a razón de 74.000 pesos. Con ese precio la asociación cargó dos tracto-camiones y se quitó de encima el mayor costo de las distribuidoras de los pueblos que ya no son la encargadas de distribuir sino intermediarias de las grandes firmas o de almacenes.
Con esta figura de Fondo Rotatorio se pueden adquirir insumos económicos a bajo precio y a crédito lo cual sería muy útil para el país. Además, conceptuó, se puede adelantar con ese dinero infraestructura para el campo como centros de acopio y adelantar la transformación de productos para exportar. “Si este esquema se da, no lo para nadie porque a los campesinos les encanta ver resultados”.
Sobreoferta de frijol
Asonapfrijol indicó que hoy el negocio del frijol es menos rentable por cuanto en los buenos tiempos del precio que llegó al millón de pesos, los productores de café decidieron pasarse a ese alimento y con ello las siembras pasaron de 11.300 a 36.000 hectáreas disparando la oferta y bajando los precios como consecuencia lógica.
Hoy se consigue frijol a 500.000, 400.000 y a 350.000 pesos cuando los niveles de precio de hace un año daban para dar y convidar. De todas maneras con el buen momento del café los caficultores volvieron a sembrar el bebestible por lo que se espera que en un año o antes el precio del frijol reaccione en favor de las más de 480.000 familias que devengan su sustento de ese cultivo.
“El frijol arbustivo está a precios normales es decir a 300.000 0 350.000 pesos, pero el voluble si cayó porque la gente poco come Cargamanto y Bola Roja y busca lo más barato. En Becerril, Cesar, hay 350 productores de frijol y esos agricultores pasaron de 200 a 2.000 hectáreas con esa planta herbácea, lo que explica porque cayó el precio pues el mercado se saturó”, declaró Bonisalvo Susa.
Lo propio pasó en el Huila y en el Catatumbo, pero en el valle nortesantandereano el problema fue menor porque en esa zona hay mucho comercio con venezolanos que absorben esa producción de frijol Zaragoza.
En opinión de Susa, la caída del frijol se dio como una buena noticia de cara a bajar la inflación, pero consideró mucho más consecuente, de cara al futuro, reparar al agro que será la verdadera locomotora económica del país.
A comienzos de 2016 e precio del frijol estaba en un millón o un millón 100 mil pesos, pero hubo casos en los que se vendió frijol blanco a 1.5 millones de pesos tarifa que beneficio a los productores del Meta y a los de Urrao.
En Cabrera y en el Putumayo se comercializó frijol Bola Roja a millón cien mil pesos y Cargamanto a 910.000 pesos lo que mostraba las bondades de la siembra. En el Caquetá salieron cargas de arbustivos a 600.000 y 700.000 pesos.
Tristemente para los frijoleros, el precio empezó a desplomarse desde el mes de agosto pasado poniendo a sufrir a los más de 192.000 cultivadores del alimento.
La caída en el precio desestimuló a un grupo importante de productores que no encontraron respuesta en el gobierno, pero que fueron apoyados desde la agremiación para que subieran el ánimo y se prepararán para los tiempos buenos


