Sábado, 18 Febrero 2023 09:57

Guerra en Ucrania amenaza con nuevas alzas en pan y derivados del trigo: Andi

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Guerra en Ucrania amenaza con nuevas alzas en pan y derivados del trigo: Andi Imagen-de-Vugar-Ahmadov-en-Pixabay

El enfrentamiento bélico entre Ucrania y Rusia, dos jugadores importantes en la oferta de cereales ha impactado el precio de este commoditie esencial en la dieta familiar.

El trigo, una planta emblemática, asociado a la abundancia, la paz y la prosperidad, en tiempos milenarios los egipcios relacionaban el alimento con la resurrección y el bienestar de quienes morían, es por eso que el pan era incluido en las tumbas ya que ese pueblo consideraba vital que en el largo viaje el derivado amasado de la espiga llevaba a un mundo de exuberancia.

La gramínea, que en este caso no es un cereal perpetuo, ha mostrado durante siglos diversas características ya que es posible verla de manera silvestre o juiciosamente plantada. Hablar de su origen puede llevar a un amplio debate, sin embargo muchos relacionan el trigo con las culturas de Mesopotamia cuando la agricultura progresaba en esos fértiles valles bañados por los ríos Tigris y Éufrates.

Si bien, Medio Oriente puso la primera piedra en la gran cruzada por la alimentación del mundo antiguo, fue Egipto la civilización que trabajó como pionera en la fermentación de los granos con el fin de obtener alimentos de especial transformación. Los egipcios que sembraron este cereal en los valles vecinos del rio Nilo son al parecer los pioneros de la panificación, labor y arte que sigue creciendo.

Los historiadores aseguran que hace 8.000 años hubo no solamente cruces y trabajos genéticos con el trigo sino alteraciones o evolución en las plantas rústicas, un trabajo que redundó en una agricultura indispensable, pero esencialmente en el gran salto al desarrollo agrario en pleno neolítico habida cuenta que transfiguró la vida de los seres humanos.

 

 

Esa revolución neolítica en Oriente Medio condujo la siembra del trigo a lugares preponderantes, haciéndolo uno de los productos básico en la alimentación, una apuesta histórica determinante puesto que el trigo, según los expertos, aporta entre el 10 y 20 por ciento de calorías por día.

A nivel industrial los cambios han sido fundamentalmente tecnológicos en vista que el trigo es un producto que se sigue moliendo, eso sí dejando atrás el viejo triturador de piedra, tan útil en los albores de la raza humana.
Actualmente la industria molinera produce harina de trigo tipo A, totalmente panificable, pero con tres grados de calidad, estándar, fina y extrafina. Está la oferta tipo B en donde encajan las sémolas, nada apropiadas para la obtención de pan, pero sí, inmejorables en la fabricación de pastas en todas sus presentaciones.

El trigo, como se observa, produce harina que mayoritariamente tiene como finalidad la producción de pan y en una escala menor la preparación de galletas, pasteles y las siempre ricas pastas.

 

En América el trigo potenció la dieta

 

 

Los conquistadores y colonos fueron los encargados de introducir la siembra del trigo, logrando que la incipiente América adoptara la gramínea como uno de los cereales primordiales en la dieta de los nuevos habitantes. Sobre su llegada que puede tener algo más de 500 años se dice que arribó con Hernán Cortés.

En Norteamérica, dicen los investigadores, el trigo fue transportado por las colonias inglesas en las tierras ocupadas, sin embargo, existe la presunción que este cereal fue sembrado por emigrantes rusos en 1870 en predios de Kansas, lo cierto es que el trigo ya había llegado con las primeras incursiones a suelo americano.

Sobre trigo la historia en América es relativamente corta, pero en materia de harina, los pueblos americanos en su totalidad tuvieron como base el maíz que fue utilizado para muchas preparaciones gastronómicas, de diferentes maneras e inclusive fue fundamental en la sagrada fermentación de la chicha.

Los estudios sobre la molienda son extensos, a tal punto que muchos dicen que la primera harina se obtuvo hace muchos miles de años cuando se utilizó la piedra en un proceso muy afín al uso que se le da al mortero. Este trabajo avanzó, pero no terminaba en grano triturado sino que se hacía perentorio zarandearlo en cedazos hechos con tela, papiro o tallos. No era nada fácil el proceso y dejaba un significativo desperdicio razón por la cual la gluten blanca estaba destinada a los nobles y acaudalados los más vulnerables accedían a un gluten marrón saturado de salvado.

Una publicación socializado en Proceedings of the National Academy of Sciences reveló hace unos años que los europeos que habitaron el Viejo Mundo hace 30.000 años lograron extraer harinas utilizando todo tipo de plantas. Así las cosas, la región en pleno Paleolítico Superior no solo acudió a la carne y otras fuentes elementales de alimento sino a los carbohidratos.

Los estudios sobre el origen de las harinas son variados, empero los más incisivos estudiosos se quedan con su aparición hace mucho más de 8.000 años, algo que revela que este insumo de gran impacto en la alimentación era utilizado 6.000 años antes de Cristo.

Muy a pesar de que los egipcios sean reconocidos como precursores de la producción de harina y la elaboración de pan, fueron los romanos los encargados de optimizar las técnicas de trituración, haciendo uso de molinos hidráulicos, justo en el siglo primero antes de Cristo.

La actualidad del trigo sigue siendo producción de harina a partir de la molienda, solo que pasó de las piedras, ruedas y lozas impulsadas por fuertes animales a maquinaria muy moderna hecha para la industria en donde la tecnología asombra y los rendimientos son cada vez más óptimos, todo porque la era digital, la inteligencia artificial y la modernidad fueron hábilmente incorporados a unos molinos que integran técnicas o procedimientos con desarrollos evolucionados de punta, todo un salto a la modernidad y a la articulación de celeridad, aumento en la capacidad, mejor calidad del producto y casi cero pérdidas.

 

 

En diálogo con Diariolaeconomia.com, la Directora de la Cámara de Molineros de Trigo de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, ANDI, Pilar Ortíz, aseveró que el entorno geopolítico, puntualmente el enfrentamiento entre Rusia y Ucrania ha impactado los precios por cuanto desde que empezó la guerra, entre febrero, marzo y abril el ajuste en valor fue del 40 por ciento, el commoditie de mayor costo por el lamentable escenario bélico.

El tema es apenas consecuente porque el trigo es muy importante en la nutrición de todos los países y la humanidad entera, y entre Rusia y Ucrania está nada más y nada menos que el 30 por ciento de la oferta global del alimento comercializado en todos los rincones del planeta. Precisó que no puede omitirse el hecho que el grano logró estabilizarse un poco luego del pacto firmado entre rusos y ucranianos que contó con la intermediación de Turquía, oficio que permitió la salida de buques graneleros de la Península Balcánica de la cual hace parte Ucrania por motivos históricos y culturales. La gestión facilitó los despachos de cereales y otros bienes agrícolas desde el enorme puerto de Odessa en el Mar Negro.

Según la Directora de la Cámara de Molineros de Trigo de la ANDI, muy a pesar de lo logrado, el conflicto entre las dos naciones de Europa Oriental tendrá volátil el precio del cereal puesto que se trata de grandes jugadores y hay estudios que inclusive ubican la tierra ucraniana como el posible origen del trigo, lo que explica que tenga el mejor trigo del mundo.

 

“Sí es una complejidad y en tanto siga la guerra en Europa Oriental los precios siempre van a estar volátiles y eso obliga a tener ojo avizor y alertas encendidas para que no bajen los inventarios internacionales de trigo porque la producción, independiente de que país lo coseche, entra en una gran bolsa de oferta mundial y por ello ese cruce de información sobre demanda para no permitir un desplome en los citados registros o reservas de trigo”, comentó Pilar Ortíz.

 

 

Un hecho innegable es que hay variables que juegan en el mercado, de un lado oferta y demanda, el vetusto fenómeno económico, tasa de cambio, inflación, asuntos geopolíticos, incertidumbre y varias aristas que pesan no solo en producción sino en transformación y por ello el pan de 200 pasó a 500 pesos, el gran inconveniente, sostuvo Pilar Ortíz, es que si el contexto de mercado persiste, vendrán nuevas alzas porque las materias primas siguen costosas y el trigo es un producto importado y las externalidades no permiten ser optimistas ya que la guerra continúa, el dólar trepa sin freno y el costo de vida escala de manera vertiginosa.

Hay muchas inquietudes como si el pan seguirá subiendo y la respuesta como es apenas lógico, la da el mercado, eso que no se consigue o que repunta en precio vale más, sin embargo Colombia está en un sitio geográfico privilegiado que le permite canalizar cereal de Norteamérica o el Cono Sur en la región, una ventaja que lo tiene con muy altos estándares en competitividad molinera, inversiones, crecimiento y tecnología de punta, toda una respuesta al por qué se cuenta con la harina de trigo más barata de América Latina. Según la conocedora, entran a escena otras variables que impactan el precio del pan ya que no solo se paga harina de trigo sino otros insumos dependiendo de la elaboración, además influye los costos laborales y otros rubros.

En opinión de la directiva, lo importante es saber administrar la plata disponible para alimentos en los hogares y en esa mejor manera los derivados del trigo siempre serán una excelente opción.

Hay temas reales y en materia de pan y sus costos, si se hace un DOFA, el mayor precio por lo que pasa hoy más los números que maneja la industria, será de hecho una amenaza. Pilar Ortíz recalcó que al hacer cuentas en el frente de alimentos, hay de por medio una tormenta perfecta porque siguen los aprietos entre Rusia y Ucrania, inflación, tasa de cambio, el año anterior hubo crisis global logística y unos aspectos internos en vías, puertos e infraestructura en mora de resolver. Como si fuera poco la naturaleza ha puesto su cuota y entre excesivas lluvias y derrumbes, hay apuros que suman en los costos finales de un producto en el mercado.

 

 

Dejó claro que la crisis logística por contenedores, de hecho quedó superada, empero siguen notándose algunos líos porque no ha terminado de regularizarse el entorno de comercio con lo que quedó de atraso, consecuencia de la gran crisis, ahora, subrayó la Directora, el pleito ruso-ucraniano suma complejidades en el frente logístico.

Por el suministro de trigo, expresó Ortíz, Colombia es un ejemplo de las bondades de tener la cadena cerca toda vez que ni con la pandemia y menos con la guerra en los Balcanes, hubo susto o dificultades con el abastecimiento del cereal, todo porque se tiene a los productores y proveedores cerca, bien sea América del Norte o Suramérica.

Una complicación se pudo dar si Colombia le hubiese comprado trigo a Ucrania pues, se trata de un país lejano que habría agudizado los inconvenientes. La situación le da razón a quienes defienden y promueven el aprovechamiento de las cadenas regionales de valor, una de las grandes enseñanzas de la pandemia y el caos logístico.

La zona triguera de Canadá, puntualizó, está muy cerca del puerto de Vancouver y de esa terminal sobre el Pacífico llega a Colombia el trascendental grano a el puerto de Buenaventura, haciendo que sea viable optimizar los costos logísticos. Amén de las facilidades, Ortíz estimó que Colombia debe promover unos puertos más eficientes para desinflar los valores internos del transporte y hacer de Buenaventura la indiscutible alternativa cuando ingresa a carretera para dirigirse a Cundinamarca o el interior del país en donde son notorias las falencias y falta de condiciones.

 

 

La experta sostuvo que la industria de la molinería en Colombia es bastante organizada y cumple con los más altos estándares de calidad e inocuidad, algo trascendental en la industria de alimentos ya que no solamente acude a lo mejor en tecnología e innovación sino que busca ingredientes óptimos puesto que el sector importa trigo de Canadá y Estados Unidos, reconocido a nivel mundial por sus enormes atributos. Manifestó que al lograr una harina altamente diferenciada, las empresas o molinos agregan una pre-mezcla vitamínica que se hace con virtuosos proveedores, los mismos que ofrecen la más adecuada fortificación para que el resultado de la molinería les llegue a los niños y a todos los nacionales que examinan con finura lo verdaderamente ideal para su sana alimentación.

La industria dedicada a la molinería y producción de harina de trigo, agregó Ortíz, ha venido consolidándose de manera encomiable porque es esencial para la seguridad alimentaria de los colombianos y la puesta en el mercado de la más destacada opción nutricional.

Las empresas, un ejemplo, El Lobo, son plantas o molinos dotados con la maquinaria más moderna en el globo lo que hace que haya muchas bondades en la industria, una de ellas tener la mejor calidad en harina de trigo que se logra tras un proceso totalmente limpio, con la inocuidad garantiza y desde luego poniendo sellos de calidad a la nutrición.

A propósito de la dieta, la vocera dijo que resulta correcto comer pan sano, preparado a la antigua usanza, sin grasas o azúcar en cantidades elevadas como acontece en algunas regiones colombianas en donde la ingesta de amasijos hechos a partir de trigo no son tan recomendables para la salud frente a los excesos con otros insumos o ingredientes, un problema si se consume en exceso porque hay en el proceso unos nutrientes críticos.

 

 

Expuso que hornear pan de manera sencilla, con más cantidad de harina de trigo y menos componentes utilizados en panificación, habrá mayor contenido nutricional y adicionalmente habrá un pan de mucho mejor sabor porque lo rico de la hogaza recién horneada es poder oler y disfrutar del sabor del trigo como si quién lo come estuviera en el cultivo.

Aclaró que los famosos y tentadores “churros” así como los roscones, salpicados con azúcar y con relleno de bocadillo o arequipe, están en la categoría de postres a lo cual se tiene derecho. Igual pasa con un espectacular emparedado acompañado de jamón, tomate, lechuga y queso con un pan que tenga alto contenido de trigo, las dos opciones, “churro” o roscón entrarían a potenciar como sobremesa, un algo que puede consumirse responsablemente.

 

“La industria de la panadería en general para el capítulo Colombia tiene un gran reto y es que ante las tendencias regulatorias que hay a nivel mundial de etiquetar con advertencia los productos con alto contenido de grasa, azúcar o sal, igualmente de ponerles mayores impuestos así como restricciones de venta, el sector panificador local tendrá que empezar a disminuir los nutrientes de interés en salud pública que son críticos y producir panes con mayor contendido de harina de trigo”, declaró la señora Pilar Ortíz.

 

Manifestó que el consumo de productos derivados del trigo se mantiene en Colombia, las cifras, explicó, son estables y tan solo hubo un incremento en tiempos del pico alto de la pandemia cuando las familias estuvieron en sus casas, incentivando la compra de productos de panadería, de todas maneras la demanda sigue estable muy a pesar de que Colombia no sea un gran consumidor de alimentos derivados del trigo un factor que justifica los indicadores de compra.

Agregó que las importaciones igual reflejan el comportamiento de consumo razón por la cual en 2021 fueron adquiridas en el mercado internacional dos millones de toneladas de trigo y en 2022 el año cerró con una internación de 2.3 millones de toneladas, un repunte relacionado con la absorción en grande cantidades de harina de trigo que están haciendo comercializadores de Santander y Norte de Santander para enviarlas al mercado venezolano.

Cabe anotar que Colombia y sus 40 plantas molineras importan el 99.4 por ciento del trigo el cual ingresa desde 2012 con cero arancel de países con destacada producción como Canadá que despacha el 52 por ciento, Estados Unidos que vende al sector el 33 por ciento de cereal, Argentina que participa con el 13 por ciento y otros que pueden sumar un dos por ciento.

 

 

La garantía de esas compras permite que la industria molinera produzca anualmente 1.36 millones de toneladas de harina de trigo fortificada, una labor de tremenda exigencia que genera 120.000 empleos. Los molinos llevan seguridad alimentaria y las cifras así lo muestran por cuanto el país con la harina como materia prima produce dos millones de toneladas de pan artesanal e industrial, 229.000 toneladas de galletas y 139.000 toneladas de pasta por año.

El crecimiento es tan importante y las inversiones en innovación tan relevantes que Colombia exportó en 2022 67.7 mil toneladas de harina de trigo por un valor de 148.4 millones de dólares, una gran experiencia porque los empresarios aportaron con la seguridad alimentaria de otras naciones.

En ese sentido, la Directora de la Cámara de Molineros de Trigo de la ANDI, aseveró que Venezuela siempre ha sido un mercado muy bueno para la industria de derivados del trigo y en general de alimentos porque son vecinos y como todos saben lo mejor es lo que se tiene cerca e indiscutiblemente el país hermano puede ser un destino de las exportaciones interesante, pero aclaró que en este momento hay muchas limitaciones y falta de información sobre los procesos de comercio exterior, los protocolos de inocuidad alimentaria y los pasos a seguir para poner en sus puertos o bodegas un alimento confiable con la mayor responsabilidad.

Insistió que el elevado volumen de comercializadores en frontera son quienes abastecen a Venezuela de harina colombiana, haciendo del negocio algo sumamente dinámico, pero lo cierto es que una vez sale de las plantas, la industria no sabe cómo funciona el proceso de venta y cobro de la materia prima.

 

El 2023 va bien y sin la presión de los anuncios apocalípticos

 

 

Mucho se habló de la recesión económica que golpearía al mundo en 2023 por todo el contexto geopolítico, la inflación, las tasas de interés y unos temas que tuvieron bastante ocupados a los analistas, si bien hay algunas caídas en la dinámica, cierto es que el movimiento es visible y que fluyen los negocios en medio de un marcado optimismo.

El sector molinero es consciente que más allá de las advertencias y anuncios grises que vuelan como los cisnes negros, lo importante es trabajar, seguir adelante y no parar en ese grato objetivo de poder nutrir a los colombianos, una finalidad que invita a meter el pie en el acelerador y a mostrar un mayor compromiso con las metas trazadas lo cual incluye inversión.

Colombia suma 25.000 panaderías que permiten mover el mercado de trigo, una cifra que impacta la economía nacional, el empleo e igual a los molinos que ponen harina de calidad, con alto valor nutricional, y alejada de las enfermedades. No sobra decir que en el negocio de panadería es posible que cierre uno y abran dos, cierran dos y abre uno, en fin, una cifra que se mantiene, reconociendo que las panaderías de barrio son por todo lo que brindan, el mejor vecino.

La harina no solo llega a las panaderías, tiene puesto en la alacena familiar porque hay sopas que solicitan harina de trigo, arepas o arepuelas fritas, platos apanados que pueden ganar consistencia con el producto de la industria molinera que llevan producto no solo con calidad, potencian la mesa de la primera institución por naturaleza en donde padres e hijos aprenden sobre el valor nutricional de los alimentos y de la importancia de contar con ellos.

A criterio de la Directora de la Cámara de Molineros de Trigo de la ANDI, Pilar Ortíz, los colombianos deben consumir muchas más pastas, aumentar el consumo de pan y de galletas. Concluyó que los fideos, los macarrones y toda la gama de pastas se caracterizan por su aporte en nutrición, además que pueden combinarse de diversas formas o cocerse con leche y mantequilla, muy al “burro”, como se le conoce a esta particular receta.

 

Harinas El Lobo, una empresa que sabe moler

 

 

Las empresas suelen tener historias apasionantes y cargadas de anécdotas, muchos de sus fundadores erigieron sendas compañías a fuerza de amor, conocimiento y apego por el trabajo, tan comprometido, visionario y probos fueron los patricios que los primeros pilares que edificaron fueron esos de valores, ética y compromiso por el tejido social.

Hablar o escribir de Harinas El Lobo invita a subir a la cámara del tiempo y devolverla 75 años atrás para ver con entusiasmo al señor Rafael Martínez Nieto, un molinero empedernido que fundó en sus años mozos el molino San Cayetano, todo un inicio de empresa, emprendimiento y proyección. Fue tan exuberante su éxito que arrancó con la dinastía de los Martínez en el sector molinero.

El Gerente General de Molino El Lobo Hernando Martínez le dijo a este medio que su familia fue amplia y laboriosa, todos tuvieron por herencia el ADN empresarial de su señor padre y fue cuando hace 42 años salió a la venta Molinos El Lobo y la familia conocedora del negocio y de las perspectivas del sector en el mercado se hizo a la empresa.

El nombre de la empresa surgió por el nombre de la primera maquinaria que tuvo la empresa y que fue importada de Estados Unidos, se trataba de equipos fabricados en Minneapolis, Minnesota de la marca Wolf. Los propietarios colombianos le pidieron permiso a la firma norteamericana para ponerle el nombre de la maquinaria al prometedor molino, para lo cual hubo respuesta positiva, llegando a la vida productiva Molinos Wolf.

Martínez narró que en tiempos en los que dirigió el país el General Gustavo Rojas Pinilla, fue prohibido erradicar los nombres en inglés y por esa razón el molino pasó a llamarse El Lobo. Evocó que cuando su padre compró la compañía, esta era relativamente pequeña y fue cuando los Martínez decidieron invertir y agrandar la empresa.

 

 

La familia Martínez sabe y honra el nombre que alcanzó su papá, don Rafael Martínez Nieto, un hombre inquieto, iluminado e idealista quien nació en Guayatá, Boyacá, un pueblo pequeño de la Provincia de Oriente en donde brota café suave, pero también maíz, plátano, arracacha, yuca frijol ahuyama, calabaza, arveja y muchas frutas. Paradójicamente el respetado Rafael creció con una alimentación muy buena en donde no hizo falta el sagú, una harina blanca que viene de la planta con igual nombre de donde salió pan, pero también amasijos tipo postre, cremas y sopas deliciosas y dulces cargadas de proteína.

Desde muy joven el precursor de la molinería en la saga de los Martínez empezó a negociar productos básicos y fue así como vendió maíz en Bogotá y un trigo cultivado en Boyacá, un trabajo que lo hizo enamorarse de la molinería, tanto que montó su propio molino y es allí en donde nace el CEO de El Lobo Hernando Martínez, un empresario amable, lleno de conocimiento, aferrado a la ruralidad y a la agroindustria, más exactamente a esa que tiene que ver con la transformación de granos, en este caso el trigo.

También nacen en el molino sus hermanos, empresa montada en un lote grande con dos plantas importantes, en la parte trasera el espacio destinado a la molinería y en el costado frontal o principal estaba la casa habitada por padre, madre e hijos.

Con el amabilísimo del CEO Hernando Martínez hubo tiempo para recordar marcas, apuestas empresariales y lugares en donde hoy caminan sin rumbo las almas del pasado en sitios abandonados que fueron emporios de industria e inspiración para los que siguen en el mercado hoy.

Como no hablar de pastas El Gallo, según los historiadores de la Alcaldía de Bogotá, la primera fábrica española dedicada a la obtención de pastas con sede en la capital colombiana cuyos fundadores llegaron a finales del siglo XIX. La apertura de la empresa fue toda una novedad ya que en su portafolio contaba con formas, sabores y nuevas opciones culinarias.

De El Gallo no queda sino el recuerdo y un edificio vetusto, pero llamativo construido en el sector de la Plaza España, todo un ícono de cuitas industriales y de inversiones hechas en tiempos complicados. Los que saben de construcción y arquitectura dicen que la edificación fue diseñada con influencias o tendencias españolas e italianas. Todo comenzó en 1892 cuando el ciudadano italiano Antonio Faccini, logra llegar a la fría Bogotá con la idea inamovible de darle vida a una fábrica de pastas, y vaya que lo logró.

 

 

La empresa alcanzó un mercado importante pese a que los espaguetis no eran un plato común y estaban destinados a las más exigentes y pudientes familias. En 1928 fallece Faccini y sus familias toman el negocio, pero este se fue marchitando hasta que cerró cuando era dirigida por la familia Marengón. Con la gran factoría se fue parte de Bogotá y la descomposición social fue tomando el lugar hasta terminar en una invasión que fue resuelta de maneta afortunada. La otrora firma muestra huellas del pasado, en sus muros se plasman la alegoría del triunfo comercial pero así mismo la tragedia de guerras, momentos y bogotazos.

Igual fue importante molinos La Monjita, molinos Ricaurte, Harinera del Valle, Roncallo, y las que operaron en la Costa Norte, muchas sobreviven, pero otras salieron, fueron liquidadas o sencillamente terminaron absorbidas. Por fortuna y gracias a una disciplina innegociable, El Lobo siguió su camino y triunfó porque entendió que su vocación era una, la heredada, moler, moler y moler.

 

“El año pasado Molinos El Lobo cumplió 75 años de vida y recibimos una carta de felicitación de la ANDI, gremio que igual llegó a las 75 primaveras. La verdad yo llevo la molinería en el ADN y se mantiene viva, pujante y con deseos de seguir sin pausa”, declaró el señor Martínez.

 

En este tiempo Molinos El Lobo ha hecho una apuesta por el crecimiento del país, de igual forma por la generación de empleo, innovación, tecnología y mejoras año tras año.

La marca al ser lacónica es sonora, fuerte y genera recordación al igual que fidelización, algunos empresarios del sector admiran la marca y le ven potencial pues no en vano se acompaña de un inmejorable eslogan, “Más y mejor pan”.

 

 

La molinería, enfatizó Martínez, ha sido siempre una industria de familia, pero hay una particularidad pues en la segunda y tercera generación las empresas se acaban como pasó con Molinos Ricaurte de Boyacá.

Desde la perspectiva del Gerente de Molinos El Lobo, Hernando Martínez, hacer empresa no es tan complejo ya que si un industrial sabe y quiere lo que hace, con dificultades y lo que venga, sale adelante pues la idea es hacer las cosas bien, pagar impuestos de manera correcta y llevar de manera transparente la contabilidad y administración de la fábrica.

Sobre impuestos, Martínez anotó que la parte impositiva no debe preocupar en Colombia en vista que es muy del entorno de América Latina y del mismo Estados Unidos en donde los gravámenes son más altos para la industria molinera.
Insistió que el desarrollo y los retos de Estado piden impuestos, los mismos que hay que pagar y sin problemas salir adelante, un asunto diferente es que el Gobierno que sea no ejecute o invierta bien los dineros aportados vía tributos por el empresariado.

El CEO no escondió su orgullo porque El Lobo produce la mejor harina del país, totalmente fortificada e ideal para la panificación, además la firma cuenta siempre con inventario y materia prima a disposición de las panaderías del tamaño que sean. Una ventaja competitiva es tener dos océanos por donde llega a granel cereal cosechado en Canadá o Estados Unidos.

El empresario invocó la sensatez de los pueblos ruso y ucraniano para que alcancen la paz y cierren un capítulo que cuesta vidas humanas, pero además todo un embrollo en comercio por los palos en la rueda que el conflicto pone en materia de comercio exterior, un asunto que en trigo es dramático porque se refleja en ajustes al alza con perjuicio para los molineros, los panificadores y consumidores que ya vieron subir el precio del pan.

 

“Hay que hacer votos porque todo vuelva a la normalidad y no falte el pan diario de cada día, en Colombia hay gente muy pobre que para poder almorzar deben guardar el valor de una gaseosa Colombiana y un hogaza de bajo costo, especialmente quienes trabajan en la construcción en donde calman el antojo diario gracias a estos productos”, acentuó Martínez.

 

La empresa Molinos el Lobo adelantó una importante inyección de capital en la planta de Mosquera que a juzgar por lo visto es para mostrar, todo un orgullo de la familia que sigue invirtiendo y afianzando la marca sobre pilares de tecnología, innovación, buenas prácticas así como en el notorio compromiso ambiental y sostenible que en la nueva fábrica es resaltado con áreas verdes y un humedal que a toda vista preservado.

 

Una planta de gama alta para replicar

 

 

Molinos El Lobo es una empresa que siempre ha estado interesada en tener maquinaria de última tecnología porque sabe que de ello depende la calidad de la harina de trigo y la puesta oportuna de producto en el mercado.

El jefe de molino en El Lobo Alexander Prieto Algarra, manifestó que los nuevos equipos permiten mayor precisión a la hora de limpiar el grano y optimizan los procesos, haciendo que El Lobo sea un molino eficiente y de alto rendimiento. El molino instalado en Mosquera tiene una capacidad para triturar 312 toneladas en 24 horas y en promedio produce dos millones de sacos de harina por 50 kilos al año. Mensualmente la planta muele 12.000 toneladas de trigo.

La nueva planta de El Lobo, explicó Prieto Algarra, expone generosamente la acelerada evolución de la industria molinera en Colombia y el mundo que si bien mantiene los principios molineros, los potencia con maquinaria, tecnología y adopción de normas europeas. Los nuevos desarrollos y la ciencia ya adaptados, subrayó, garantizan la producción de una excelente harina.

En su plática, señaló, los equipos están tan bien dotados que resulta prácticamente imposible que pasen residuos agrícolas, metales pesados, piedras pequeñas, trozos de vidrio, pasto o trazas químicas. Añadió que la última compra de avanzada fue una máquina que funciona por color lo que permite clasificar granos dañados, con hongos y mezclados con residuos.

El experto afirmó que el nuevo molino es una planta que opera en diferentes etapas de molienda la cuales van cambiando por reposos, acondicionamiento de grano y otras circunstancias inherentes a la molinería.

Un dato importante es que de acuerdo al clima en los países que cosechan el cereal, varía la calidad del trigo y se hace trascendental para alcanzar harina de gran calidad.

 

 

Los panaderos del país, advirtió, pueden estar tranquilos porque hay harina suficiente y a disposición de la industria panificadora. La empresa, detalló el técnico, trabaja con trigos canadienses considerados los mejores del mundo, caracterizados por una limpieza a toda prueba que dan la máxima seguridad a la hora de hacer la molienda la cual termina con la obtención de excelente harina, inocua y apta para el consumo humano.

El tema, enseñó, es sencillo con tecnología de avanzada y un cereal de grandes propiedades ya que la molienda exige limpiar el trigo, adicionar cierta cantidad de agua para facilitar su trituración y hacer la separación por tamizaje.

Es oportuno decir que el mercado del trigo fija sus precios en bolsa, motivo por el cual Colombia no puede hacer absolutamente nada para intervenir en el valor de este commoditie. El mundo reporta 220.4 millones de hectáreas sembradas con el cereal, en Colombia el área con este producto es de 4.570 hectáreas.

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