Sábado, 11 Abril 2020 18:21

Política en plena pandemia, ¡qué plaga!

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En esta Semana Santa hace carrera como nunca el lavado de manos y la hipocresía de don Poncio Pilatos.

Qué mal le queda a Estados Unidos y a unos cuantos pusilánimes que le hacen la fiesta barata al hasta hace poco imperio, el señalar o culpar al de al lado por su gigante negligencia y poca inteligencia frente a las grandes tragedias de la humanidad, escenario en donde su protagonismo es absoluto. Hoy escuchamos voces en el Congreso americano que piden sanciones contra China por el famoso Covid-19, pero las corporaciones legislativas y el gobierno americano acusan fallas y falta de astucia a la hora de blindar a su población, lo cual encuentra lánguido paliativo en lo de siempre, amenazas y mucho blablablá.

Hoy en Estados Unidos tildan al Covid-19 como virus chino y hablan de las terribles pandemias que sacudieron al mundo, pero omiten que ellos, los americanos, los señores de la guerra y la exclusión fueron los que le regalaron al planeta la gripe española en 1918 que se llevó, ni más ni menos, que 50 millones de vidas, y eso contando mal lo que empezó en Kansas en unas brigadas militares.

La pregunta es, ¿tiene Washington la autoridad moral para hacer estos señalamientos?, el país peor administrado, el más endeudado del mundo, el estado con las peores prácticas empresariales, un país señalado por los horrores de la guerra, el invasor número uno, pues no en vano casó guerras por petróleo y llevó a la tumba cientos de miles de inocentes jóvenes americanos que tan solo anhelaban paz y el calor de sus hogares, ¿si hay criterio? Retomamos pasajes bíblicos, quien esté libre de pecado que lance la primera piedra.

¿Cuándo le han pedido al gran imperio responder por sus errores y sus faltas? La respuesta es obvia, jamás. Mataron miles de inocentes en Japón, llevaron a extremos la relación con el Medio Oriente, expusieron a la humanidad a los vejámenes de la crueldad con una guerra fría que no se mereció ni el mundo ni los nacionales estadounidenses porque igual que cualquier familia en Colombia, en Francia, Moscú o en donde sea, los gringos de a pie salen a trabajar, le piden a Dios por sus familias y han resultado víctimas de sus propios mandatarios. Hoy no hay que juzgar a los nacidos en Estados Unidos ni a nadie de ese respetable país, tan solo hay que revisar que ha hecho su clase dirigente y sus mandatarios, creo que muy poco por la vida, la justicia, la equidad, el amor, la confraternidad y el respeto.

No sabemos muchas cosas, pero si un país esconde sus secretos, tan salpicados de pecado y mácula es precisamente Estados Unidos. Por ejemplo, hay muchas preguntas que se hicieron inclusive en la gran nación sobre los hechos que rodearon el 11 de septiembre de 2001. Hay mucho duelo por Hiroshima y Nagasaki, los asiáticos no olvidan las incursiones atrevidas, los estallidos nucleares y las balaceras, pero un planeta casi que al unísono le cuestiona al Tío Sam sus procedimientos. En este momento de riesgo, luto y desdicha vuelven a hacer ruido las voces imprudentes y llenas de un odio que mata posiblemente más que el virus en cuestión. Hoy, cuando debiéramos estar juntos, en plena compañía y mezclando las inteligencias para pasar una página terrible, algunos discursos disonantes le meten política a la adversidad como si eso fuera prioridad. Hay que decirles a esos americanos oportunistas y poco listos que es preferible perder unas elecciones, ya en riesgo, pero salvar las vidas de su pueblo. Otro acto por fuera de actuar así sea tarde, resulta absurdo.

Hoy en medio de esta pandemia, la clase dirigente y los congresistas americanos quieren hacer ver negra la pared pintada de blanco, hablan de sancionar como si Estados Unidos fuera el país rector del planeta y pasan por alto que toda esta coyuntura es una lección de vida que puede pasar una factura inclusive mucho más elevada. En momentos en los que celebramos la resurrección de Cristo y en donde el mundo católico pide perdón, igual lo debería hacer una nación arrogante en algunas esferas y hacer de la situación la mejor oportunidad para tener amigos y trabajar sobre estrategia y con sinergias para salir adelante de una nada desestimable amenaza sanitaria que hoy prácticamente se les salió de las manos a las autoridades americanas. El asunto es muy grave y ello no se mide solamente en contagiados o en personas fallecidas, el asunto se refleja en una economía que sigue colapsando y que no podrá detener su libre caída porque ya era una tendencia antes del Coronavirus, luego no pueden señalar a nadie de su tragedia ya que ellos mismos, los americanos la empezaron a cultivar con guerras comerciales, sanciones, bloqueos y todo un cúmulo de órdenes y procederes que dejaron mucho que desear inclusive al interior de la misma sociedad de Estados Unidos.

Subrayo, hacer juicios y señalamientos hoy no queda bien cuando la preocupación debe centrarse en salvar vidas y en mejorar los indicadores económicos porque lo real es que después de semejante relicario de errores cuando la humanidad salga de la nube negra y logre ver el sol de la nueva era, notará de inmediato un cambio geopolítico, con líderes nuevos, sin represión multilateral, sin ambiciones malsanas y sin líderes bélicos o guerreristas que tan solo esconden sus fallas y precarios mandatos con invasiones, muertos y poder destructivo, para ellos la mejor dosis de “Rambo” diseñada a la alterada medida de una humanidad joven que no busca salidas sacrificando vidas, sino sellando consensos y arreglos para tener un mundo cada día mejor y muy al servicio de los valores, esos que sepultó, no una pandemia, sino la rapiña económica y voraz que hoy queda resumida en estupidez y fracaso pues quien se va de este mundo no se salva del infierno por más que cotice en bolsa o tenga armas nucleares.

¡Ya basta!, no más pretextos para hacer daño o para simular las equivocaciones, el mundo todo merece respeto y ese no se pide, se gana. Ya hay cansancio, cada vez que algo le pasa a Estados Unidos, los demás pagan los platos rotos y eso es en todos los contextos pues por citar un ejemplo hay que ver que en política de narcóticos no han querido entender que el problema no es Colombia ni Suramérica, sencillamente pasan por debajo de la cerca que el problema es su país y su intoxicada sociedad, víctima de unos carteles que tienen cédula americana, pero igual de un legislativo que no da una solución apenas consecuente.

Las Sagradas Escrituras dicen que la oscuridad dejará en la ruina a quienes devastaron al mundo lo cual incluye seres humanos impíos y llenos de terrible ambición. Habla de reprimendas para el comercio, las deshonestas finanzas y las falsas iglesias. Hoy es doloroso ver como el sueño americano de muchos terminó en fosa común por el virus, pero hay que decir que gran parte de los hombres y las mujeres que vieron a Estados Unidos como la salida a su banca rota, son víctimas de estados lamentables, corruptos e insensatos lo cual incluye a América Latina y a todo el mundo. Como dicen, al que le caiga el guante que se lo plante.

Queda una nueva inquietud, ¿estamos mal por el recién bautizado virus chino o por la plaga americana encarnada en errores y horrores políticos, económicos, militares y de falta de prevención?

En medio de pandemia y volcanes haciendo erupción en un lado y en otro, en un cuadro afín al apocalipsis, Dios dirá si nos agobia el virus chino o la plaga de Estados Unidos, esa que infectó la política y dañó lo que seguro no les pareció a los inquilinos de la Casa Blanca, algunos pletóricos de perversión, sed de poder y revancha, una particularidad que los hizo reinar bajo la férula de la hecatombe.

Es hora de ser pensar, orar y trabajar por la vida, un deseo inmenso para todos en este equivocado mundo.

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