Los impuestos son tarifas muy añejas y empezaron a cobrarse hace unos 5.000 años aproximadamente en la poderosa Mesopotamia y el antiguo Egipto, en esos tiempos los contribuyentes no tenían dinero y tuvieron que pagar con ganado, cosechas, minerales y hasta con trabajo, sí, esa mano de obra que sirvió para construir las pirámides.
Las obligaciones tributarias fueron registradas en la antigua Sumeria y en ese pueblo los escribas utilizaron tablillas de arcilla con una escritura cuneiforme en las que se llevaban las cuentas y las obligaciones pendientes con los templos.
Así empezó todo, los faraones egipcios y los reyes cobraban un diezmo agrícola u pusieron a operar la corvea, el terrible trabajo obligatorio. También cobraron impuestos los griegos que empezaron con la eisphorá, un aporte que se exigía en tiempos de guerra.
El imperio romano cobró impuestos directos a los tenedores de tierra o tributum soli, impuestos personales, en la época tributum capitis, de igual forma aranceles de aduana o portorium y unas cargas adicionales por hacer uso de caminos o puentes, los portazgos y pontazgos. Los romanos fueron pioneros en impuestos que hoy prevalecen, un ejemplo, los cobros impositivos a las herencias.
El impuesto sobre las ventas es igualmente antiguo, los romanos cobraban un impuesto sobre las ventas y por eso en tiempos de César Augusto era obligación pagar una tarifa del uno por ciento sobre cada operación comercial llamado centésima rerum venalium, aplicable a ventas de mercado o subastas.
El impuesto sobre la renta al perecer tiene sus orígenes en la antigua China, allá en el siglo nueve antes de Cristo al emperador Wang Mang de la dinastía Xin se le ocurrió cobrar un impuesto del 10 por ciento por ingresos agrícolas libres, allí también fueron incluidas actividades por fuera de las siembras y algunos tipos de comercio.
La edad media basó sus tarifas bajo ese sistema feudal en una mezcla efectiva para la corona, impuso el diezmo eclesiástico que iba acompañado de pagos o cargas paralelas a los vasallos. En ese momento de la historia se creó el escúdaje que consistía en pagar para no ir a las tropas de su majestad y fue famosa la alcabala, un gravamen cobrado es España muy parecido al IVA de hoy.
En tiempos modernos hay anécdotas, una de ellas surge en Inglaterra en 1215 cuando por abusos del Rey Juan I apodado Juan sin tierra se acordó firmar la Magna Carta en la que se precisaba que el soberano requería de una aprobación para establecer impuestos. Tiempo después con la primera Revolución Industrial que inicia a mediados del siglo XVIII en 1760 surgen gravámenes únicos como el impuesto a las ventanas o Windows tax, una tarifa impuesta a la vivienda que se medía de acuerdo a la cantidad de ventanas que el inmueble tuviera y que aplicó hasta el siglo XIX. Ya en tiempos contemporáneos y posterior a la Revolución Francesa, que parece resurgir en este siglo XXI, vino un replanteamiento al amparo de los estados nacionales en donde los impuestos se hicieron atendiendo principios de legalidad y equidad. Allí se dividieron de manera formal y nacen los directos que aplican a renta o patrimonio y los indirectos que se cargan al consumo.
Colombia, impuestos desde tiempos precolombinos
Colombia ha pagado impuesto toda la vida, los que pensaban que todo había empezado con la colonia estaban equivocados ya que las comunidades indígenas previa a la conquista tenían que endosar parte de sus cosechas a los caciques que prometían protección y redistribución, en esos tiempos se pagaba con papa, yuca y maíz.
Se puede decir muy a lo colombiano que con la colonia, indígenas y criollos siguieron de chorro, es decir continuaron pagando impuestos porque en tiempos previos al florero de Llorente y por orden de la corona española se puso en marcha un plan fiscal que administraban los tribunales de cuentas, uno muy famoso el de Santa Fe.
En la colonia hubo una retahíla de impuestos, en primer lugar, el diezmo que era un 10 por ciento para darle musculatura financiera a la Iglesia Católica, tuvo vigencia la alcabala, ese impuesto que recaía sobre transacciones, compras y ventas. Otro rubro tributario fue el de los estancos que operaron como monopolios estatales en la producción y comercialización de bienes, verbigracia aguardiente, tabaco y sal.
También se impuso el tributo indígena que se puede interpretar como un desfalco a los dueños ancestrales de las tierras puesto que se les exigía pagos en metales preciosos como el oro y otros, pero también incluía obtención agrícola.
Los quintos reales también provocaron mala cara en la época, expresión que nunca cambió, porque se pagaba el cinco por ciento o un porcentaje fijo de los metales explotados que supuestamente correspondían a la Corona, de allí la expresión tiene Corona u otra cosa del inexistente sector avícola.
En 1821 luego de que Colombia alcanzara la independencia se realizó el Congreso de Cúcuta que cambió el sistema impositivo, acabó con varias cargas heredadas de la abusiva colonia y sentó las bases para la política impositiva de la república, a la fecha el país perdió la cuenta de las reformas tributarias y contrario a mejorar Colombia pasa por una crisis fiscal que se fue acumulando por errores del pasado, uno de ellos la apertura económica y el terrible Consenso de Washington, un modelo puesto a la brava para favorecer al Fondo Monetario Internacional, FMI, que presta en dólares a tasas impagables sin advertir que pone en el mercado una moneda cada vez más débil y menos confiable porque el dólar no tiene respaldo y sí una máquina adquirida por la Reserva Federal que imprime lo que sea necesario en verde, es decir que si un país pierde activos por no pagar, sencillamente se queda en la calle por culpa de un simple papel, un tema a revisar en estos tiempos en los que los ricos son de verdad en otras latitudes y los imperios están mandados a recoger porque ya se les ve hambre, descomposición social y harapos.
Hay problemas en Estados Unidos, la deuda pasó a unos niveles de alerta y las guerras, diferente a las del pasado, no dieron sus frutos, tan solo las reservas petroleras de Venezuela tomadas por asalto que finalmente son de ese país soberano en donde hubo un proceso de independencia. Hay vientos de crisis y de cambios profundos, las elecciones estadounidenses están encima y parece ser que la paliza será tremenda, los gringos no quieren reyes, piden presidentes serios, sin prontuario o bajo sospecha, nada lunáticos y amigos de generar riqueza limpia en cadena y sin alborotar el cotarro en el vecindario.
Colombia necesita una reforma tributaria audaz que evite sumarse a las del pasado, debe ser estructural, equitativa y el bordón del progreso, de toda una nación no de cinco o diez familias. Durante décadas el país se ha equivocado, se atendió lobby, se pagaron favores políticos y nada salió bien, tan solo se sofocaron incendios coyunturales.
Es hora de acabar las gabelas y consideraciones que cuestan más de 50 billones de pesos, hay algunas exenciones que se quedaron como las tarifas bautizadas como transitorias, para siempre, y eso no puede seguir en una nación que cada vez vive peor y en donde los consejos del FMI atomizaron economías, empresas, empleos y hasta la clase media. Los llamados doctos de la economía nunca se vieron y tristemente pasaron los años y esa Colombia tan promisoria en la década de los 70 se desplomó por las políticas erradas.
Hoy el nuevo gobierno tiene una enorme oportunidad para enderezar las cuentas estatales, sin parecerse a nadie, de manera original y atendiendo los afanes de la patria y no exclusivamente los del FMI, una entidad lamentable, llamada a revisar y quizás cerca de perder vigencia porque los cambios globales ya asoman. Hay un ejecutivo mandado a liderar una política distinta en donde los milagros no se necesitan, tan solo la inteligencia y el valor de proponer equidad y revisar lo que se ha hecho mal.
El libreto del FMI tiene hoy a Argentina como un país inviable, en donde la llamada motosierra acabó miles de empresas y cientos de miles de empleos, pero claro, una cosa es el señor Milei y otra muy diferente Abelardo De La Espriella, el uno ratificando la tesis del caos y el otro de entrada persiguiendo la gloria sobre la base del conocimiento y el manejo consecuente de las finanzas públicas.
Hay miedos por insolvencia en distintos países y el eventual cese de pagos, el onírico default, pero no por sospechas se va a pecar en una situación que puede ser la gran oportunidad de algunos de reorientar sus economías, acomodar sus países y perfilarlos como nuevas promesas en el globo, Colombia es sin duda uno de esos casos.
En diálogo con Diariolaeconomia.com, el analista económico Aurelio Suarez Montoya dijo que la próxima reforma tributaria está llamada a enderezar las cuentas del Estado y a corregir lo que mal se ha hecho durante décadas, pero aseveró que este nuevo paquete impositivo debe ser integral, justo y para todos porque en el país hay una tendencia que no se ha podido enmendar y es extraer dinero de los más vulnerables, dejando por fuera de obligaciones reales a los grandes contribuyentes y grupos acaudalados, un error porque eso que se adopta como solución castiga el gasto de los hogares y se hace recesivo en vista que mete la demanda al congelador reduciendo el consumo.
Sobre el derrotero que ha de tomar la nueva propuesta, Suárez Montoya indicó que los impuestos indirectos como los llamados saludables que gravan bebidas ultraprocesadas azucaradas y productos comestibles igualmente ultraprocesados no fueron el éxito del que se habló y si por el contrario resultaron una solución inequitativa porque han recaudado una cifra que ronda los tres y cuatro billones de pesos desde que la medida fue implantada, tarifa que pagó el público y el consumidor común.
El gran vacío, anotó Suárez Montoya, no está en los impuestos indirectos porque si bien hay bienes suntuarios en los que hay que poner el IVA sin inconveniente alguno, quien compra lujo tiene para asumir el costo adicional por impuestos, pero pretender basar el recaudo tributario en impuestos indirectos es un error craso puesto que el país no saldrá de donde está en vista que hoy por impuestos indirectos se recoge cerca del 52 por ciento del total del recaudo en tanto que los impuestos directos representan el 48 por ciento de ese ejercicio.
“Yo creo que hay cosas por hacer mucho más grandes y es que los impuestos a los sectores populares y no mirar el grueso de los contribuyentes, como lo han dicho conocedores, asesores y economistas de la talla de Luis Jorge Garay, no son otra cosa que el favorecimiento a lo que se conoce como súper ricos ya que en Colombia hay una cúpula de casi el uno por ciento que puede tener el 20 por ciento de los ingresos y por su puesto de las rentas, muchas de ellas rentas de capital y por eso creo que ese es el primer terreno para abonar porque ahí en esas utilidades se está trabajando con tasas y con tarifas sumamente bajas ”, afirmó el reconocido analista.
Agregó que hay un tratamiento que podría ser más eficiente porque si se pone a la pequeña y mediana empresa con una tarifa de renta menor que la de la gran empresa, seguro se superarán líos como elusión o evasión porque no es compatible un 35 por ciento de tarifa renta para una gran multinacional petrolera por decir algo que para una pyme de confección porque resulta verdaderamente absurdo. En conclusión, manifestó, mantener los niveles actuales conduce a la informalidad lo que arrastra el empleo que generan estas empresas que también es informal y todo tiene que ver con una desigualdad de las tarifas en las personas jurídicas, pero el país, remarcó, no ha intentado nada de lo que se está diciendo.
Dadas las condiciones, comentó Aurelio Suárez, el país lo tiene que intentar porque volver a crear más impuestos indirectos es seguir en la equivocación, insistió, si hay bienes suntuarios que tienen exenciones o exclusiones habría que mirarlo, valdría la pena hacerlo, pero ahí, subrayó, no está la solución porque la salida consecuente está en la tarifa de renta diferencial que favorezca a las pequeñas y medianas empresas, llevándolas a la formalización porque esa tendencia de operar sin seguir las reglas lo que incluye el empleo comienza cuando las pymes se ven obligadas a pagar la misma tarifa que las multinacionales.
A juicio de, ingeniero industrial de la Universidad de los Andes, cuando una pyme sabe que tiene que pagar el 35 por ciento de renta como lo hacen las transnacionales, sencillamente se aparta de lo legal y se matricula en la informalidad o sencillamente hace una evasión o una elusión directa.
Manifestó que en términos de renta a personas naturales y de las demás ganancias y utilidades que derivan fundamentalmente de rentas de capital, hay también todo un terreno por explorar.
“Es una vergüenza que en Colombia como en ningún país del mundo, así sea cierto que las empresas pagan mucho, las tarifas de impuestos directos sean inferiores a los indirectos. En Francia que está tan de moda no sucede lo que esto0y diciendo porque hace parte de los países en donde las rentas de las personas naturales súper, súper ricas se compadecen con sus ingreso y ganancias, creo que en renta hay mucho por hacer”, apuntó el experto.
Indicó que si eventualmente hay que ampliar la base de renta lo que incluye que quien gane el mínimo la declare, pero la pregunta, repitió, es ver si esa medida solucionará el problema porque en términos prácticos y coherentes la plata hay que buscarla en donde está y se ubica en los sectores ya referenciados. Expuso que es probable que el IVA sea eficiente, pero visiblemente es mucho más inequitativo.
Aclaró que en la devolución de IVA alguien hablaba de devolver por Sisbén solo que a esa persona se le pasó que ya no hay Sisbén porque ahora entrará el Registro Único de Ingresos, el RUI, mecanismo que disminuirá el número de personas sujetas a devolución de IVA.
Para el analista económico Aurelio Montoya es necesario ser reiterativo e insistir que en el campo de renta hay mucho por hacer y poder tener opciones de recaudar más y de manera justa, algo que se debe ensayar para tener salidas y mejoras fiscales.
Expuso que Colombia tuvo un régimen especial para pymes, pero indicó que ese era un régimen sobre los ingresos algo que lamentablemente terminaba siendo confiscatorio y por eso la medida no pegó, al parecer, dijo, no llegó a 150.000 contribuyentes de los millones que hay que optaron por esa opción.
A juicio del versado, Colombia tiene que buscar la ruta de la formalización por la vía de un sistema tributario equitativo que no es un capricho particular sino un derecho que prescribe la Constitución, aclarando que las empresas deben acatar unos principios fiscales básicos porque si bien generan la licencia, también debe garantizar la equidad tanto horizontal como vertical.
En su charla, el analista se hizo una pregunta, ¿por qué Colombia debe tener una inequidad vertical y no pasa nada cuando lo detalla la Constitución?
“El país debe ensayar todo este tipo de cosas que no solamente resuelvan el problema de aumentar algunos recaudos, sino que también tiendan a formalizar la mayor cantidad de empresas posibles porque una tarifa de renta del 35 por ciento para todas las factorías no tiene ni riesgo de buscar la formalización de pequeñas y medianas unidades productivas”, recalcó Suárez Montoya.
En materia tributaria existen y se pueden combinar todo tipo de fórmulas, el tema pasa por ser eficiente en el recaudo, llegar a los capitales de mayor tamaño y evitar trastocar las rentas endebles que son las que mantienen la economía con vigor porque ese dinero de salarios, pymes y otras actividades menores mueven la economía y son las que disparan o retraen la demanda interna de bienes y servicios, es decir que si se quiere una economía dinámica y en crecimiento los impuestos deben ser pagados sin ningún tipo de consideración por amistad, afinidad política o lobby, ese mecanismo llevó al país a los extremos y actualmente las dádivas y las equivocaciones han salido caras.
En el tema de las exenciones que unos economistas han pedido revisar porque superan los 130 billones de pesos y algunas hacen parte de tratos especiales, ayudas o gabelas, no sobra dar una mirada, pero teniendo mucho cuidado porque no todo en exenciones hace parte de un obsequio. A propósito del asunto, el versado analista Aurelio Suárez Montoya expuso que se pueden ver esas exenciones con toda la cautela porque hay exenciones de IVA y exclusiones de IVA que no pueden ir las dos en el mismo costal por las implicaciones que eso tiene. Anotó que por ejemplo en ese punto pueden encontrarse por lo menos 150 productos de la canasta familiar y no sería lógico meterse con la papa, el huevo, la carne, la leche, el arroz y otros productos básicos en la dieta nacional, sencillamente porque ese no es el camino y la salida está muy seguramente por otro lado porque hay unas exenciones en renta muy grandes con una proporción aproximada de 70-50 y desde su punto de vista ve más viable la de 50 que la de 70.
“En renta, lo repito, hay mucho que trabajar e inexplicablemente todo el mundo está mirando para abajo, para el IVA porque saben que eso se reparte entre todos y yo creo que la solución está explorando y trabajando en renta. Es más, hay cosas que en Colombia existieron antes y que no se ven ahora, un ejemplo el impuesto a los giros de las empresas multinacionales que hacían al extranjero. Ese cobro del 7 por ciento tuvo vigencia en cuatro años del gobierno de Álvaro Uribe, infortunadamente lo quitamos y no lo volvimos a poner. También creo que haber eliminado los parafiscales para cierto tipo de empresas y de salarios desde luego creo problemas porque todos están exentos de eso”, puntualizó Suárez Montoya.
Acentuó que hay mucho para trabajar y reiteró que resolver el problema fiscal por la vía fácil la del IVA podría ser eficiente, pero totalmente inicua y de acra a conjurar grandes males, sentenció, no le ve ninguna posibilidad.
Insistió que si hay productos o servicios que por su naturaleza requieren que se revise lo del IVA, pues sencillamente que se haga la inspección, pero expresó que allí no está la mina de oro habida cuenta que esa veta está en la renta y en otros tributos, el del patrimonio, por ejemplo.
Recordó que en la reforma tributaria de 2022 del entonces presidente de la República Gustavo Petro y su ministro de Hacienda José Antonio Ocampo se elevó el impuesto al patrimonio, en ese tiempo fueron modificados los umbrales para gravar los patrimonios más altos del país en aras de buscar mayor equidad y redistribución de la riqueza. La iniciativa se convirtió el impuesto al patrimonio en permanente y progresivo para las personas naturales con mayores niveles de riqueza, pero el tema resultó hasta irrisorio dijo Suárez Montoya, porque los ricos salieron a llorar por un tacaño billón de pesos mientras que las bebidas azucaradas y los alimentos ultraprocesados representaban en ingreso entre tres y cuatro billones de pesos, es decir que la gaseosa terminó dando más tributo que el impuesto al patrimonio.
Una tributaria ganadora, recalcó, es la que busca la plata en donde efectivamente está, pero no en pymes pagando tarifas del 35 por ciento de impuesto de renta porque con seguridad en ese segmento es donde hay de todo menos plata. El conocedor aclaró que no se está pidiendo que suban a las grandes empresas por arriba del 35 por ciento, pero resaltó que si les pone una tarifa diferencial a las pymes, del 20 por ciento como en algunos países, uno de ellos Estados Unidos que tiene costos del 21 por ciento, habrá forma de formalizarse y crear en consecuencia empleo formal y contribuir con el crecimiento del país, pero si se imponen tarifas imposibles y plenas porque generalmente en las pymes no hay asesores jurídicos ni abogados tributaristas, la gente termina pasándose al andén de la informalidad.
Señaló que una de las raíces de la informalidad es el tratamiento que se les está dando a las pymes pues si se les dice que se les va a cobrar el 15 de la renta y no el 12 por ciento de los ingresos, con seguridad que ese es un gran estímulo para la formalización de las pequeñas y medianas empresas porque a nadie le gusta estar informal, pero si el empresario quiere hacer las cosas al derecho y eso implica pagar de cada 100 pesos que le ingresan, una renta de 35 pesos, seguro que nadie estará dispuesto a hacerlo.
“Si a mí me preguntan cuáles son las primeras causas de la informalidad empresarial, yo no vacilaría en decir que es el régimen tributario que trata a la pyme como si fuera una multinacional de servicios, bienes o extractiva, eso no puede ser posible porque no hay margen para formalizar la economía”, precisó Suárez Montoya.
En crédito agrario también hay que mejorar
En Colombia hay temas que muchos no lo pueden digerir porque cuesta creerlo, uno más porque hay varios es el costo del crédito para quienes producen alimentos y materias primas, para esos que le dan al país seguridad alimentaria, pero las tasas no son diferenciadas y pagan el mismo tipo de interés que una empresa petrolera.
En Brasil, dijo Aurelio Suárez, hay una entidad que es el ministerio de Agricultura y otra que es el ministerio de desarrollo rural que está muy ligado a la producción campesina con todos sus elementos, incluso crediticios, tecnológicos, de asistencia y otros. Lo otro tiene que ver con la gran plantación que en Brasil es muy grande en varios renglones de la producción agrícola y por eso Colombia tiene que empezar a mirar ese tipo de cosas porque si se le pone a un taller de calzado de El Restrepo la misma tarifa que a la Drummond, la de AmericanMovil o del Grupo PepsiCo, eso no daría espacio para formalizar.
Consideró extraño que José Antonio Ocampo se negara en la reforma tributaria de 2022 a morigerar las cargas de las pymes argumentando que después se haría, pero nunca se hizo, en la propuesta tributaria de diciembre pasado, expuso el analista, medio intentaron meter la propuesta de manera muy tímida obviando los alcances que eso hubiese tenido en la economía porque habría unos recursos importantes por la vía de la formalización que de haberlo logrado hubiese repercutido en otras áreas de la actividad empresarial, pero remarcó que el país es demasiado generoso con los súper ricos porque les da un tratamiento casi que de clase media cuando en Colombia hay 30.000 o 35.000 grandes contribuyentes de considerables ingresos y en escalas en donde son detectables unos ricos, otros muy ricos, también ultra-ricos y los súper, súper ricos y eso, apuntó el analista, no se trata así. Dijo que tras platicar y asesorarse del economista y tributarista Jorge Enrique Espitia, ya fallecido, le mostró a José Antonio Ocampo en la Academia de Ciencias Económicas en desarrollo del debate de la reforma tributaria de 2022 que el impuesto al patrimonio que planteaba el gobierno en ese entonces llegaba a un punto máximo y en los temas de decires, la teoría legal y económica, y los sentires, esa percepción y realidad financiera del contribuyente, más altos, sencillamente caía porque los súper, súper ricos pagaban un impuesto al patrimonio, igual los ricos porque ahí también hay escalas y no se va hasta el final de la curva con una realidad y es que allí hay plata para recoger.
En Colombia en donde se siguen pagando TES más rentables o iguales a los de Petro, hay expectativa por lo que ha de llegar, para muchos pueden venir gratas noticias y para otros, notificaciones lamentables porque algunos empresarios y economistas consultados creen que podrá surgir un entorno promovido por el Banco Mundial y el FMI bastante complejo, rayando en lo tenaz. Hay reservas por lo que pudiese ser la absurda motosierra de Milei en Argentina. Algo totalmente impresentable porque ya todos en el mundo han visto el caos que fomentó el mandatario en el otrora gran país del Cono Sur.
Otros dicen que el FMI está por favorecer a los acreedores y eso explica el por qué llegarían a salvar caja evitando que Colombia incurra en un default, como quien dice la entidad viene por lo suyo, seguramente salvará los muebles y lo demás, como de costumbre, Dios proveerá.
Lo demás, anotaron, seguramente lo cubrirá la inversión extranjera extractivista para temas de crecimiento, una tesis para sentarse a llorar. Ahora bien, con eso del karma surge una inquietud, ¿podría salirle cara la jugada al FMI si algo pasa en esa endeble economía?, no es una apuesta, son tan solo sumas y restas, sentido común.
