Tristemente la política atomiza las buenas relaciones y eso que desprende de errores gubernamentales termina envileciendo el ánimo de naciones enteras que durante siglos se han entendido, respetado y admirado. Si bien hay puntos de vista distintos entre gobiernos, estos no pueden comprometer negocios, tranquilidad o vidas humanas, pues en las guerras absurdamente se liquida a una persona inocente en donde quien acabó con su existencia jamás conoció al difunto, un juego impío y necio que presencian presidentes y altos mandos militares por las bondades de las comunicaciones, pero jamás en el frente. El saldo queda en las familias de quienes terminan inmolados a cambio de una bandera perfectamente envuelta, ese emblema, el costo de un hijo, una hija, de un padre y de un ser humano que no pidió ir a la confrontación.
Es hora de observar y exigir coherencia a la hora de superar los problemas, no se trata de aplaudir los caprichos y necedades de los señores de la guerra, hoy más que nunca es urgente apelar al diálogo, la concertación y la inteligencia. Es preocupante que en Colombia existan voces cómplices de la invasión, amigas del cadalso y mendicantes de una justicia que se viola desde las tribunas locales cuando se vive de la corrupción, del narcotráfico, el despojo y del grave delito de traición a la patria. Esos señores y señoras que exhortan daño para Colombia no son sujetos que generen confianza ni en la tierra del café y menos en Estados Unidos, son seres humanos indeseables que venden a sus madres por un poco de oro y decadentes sillas de poder. Con gente así lo mejor es la distancia y la precaución, porque quienes no exploran salidas bajo el amparo de la calma, sino que engañan y gestan desde el imaginario delitos arrancados del odio, no pueden ser dignos de buen recibo o credibilidad en el electorado.
Asusta que en medio del diferendo entre Colombia y Estados Unidos haya voces infames en los dos países y por ello es urgente revisar con el mínimo de detalle las endebles tesis de quienes lanzan gasolina al fuego porque ningún bien le hace a una relación diplomática de 203 años matizada por el aprecio, la colaboración y el respeto ese tortuoso bombardeo de palabras, amenazas y señalamientos. Alguien no dice verdades y por eso el presidente Donald Trump debe sentarse con personas de bien, examinar minuciosamente los hechos y procurar enrutar unos diálogos que edifiquen una política binacional necesaria, transparente y eficaz, todo apoyado en la ley y la sinceridad, pero jamás reclinada sobre bordones de rencor o acaloramientos. Sabemos que hay ángeles, sin embargo, y compitiendo fuertemente terribles demonios, los que hablan sin información fidedigna al oído o con la perversa intención de provocar caos y azuzar las masas nacionalistas. Sencillamente cuando se alborota el cotarro es más fácil sacar provecho de la cuestionable degradación moral, de la perplejidad y de la infamia disfrazada de buenas intenciones.
Hoy es muy fácil para quienes cometieron errores culpar al mandatario de turno y por ello omiten la historia reciente que muestra con toda claridad que Colombia estaba en el borde del abismo, un filo al que se llegó por políticas equivocadas y en algunos casos por mala fe. Los colombianos tuvimos activos importantes, pero estos fueron entregados al capital extranjero y a unos grupos económicos locales, en esas operaciones se fueron bancos, electrificadoras, la emblemática Telecom, sin dejar de lado que fueron liquidadas otras entidades para entregar mercadeo agropecuario al sector privado que entró en la moda de las importaciones. Hasta hace poco, los analistas presagiaban un caos, la economía nunca tuvo un buen orientador y los ministros de hacienda tan solo forjaron las recurrentes reformas tributarias que terminaron ahogando a los contribuyentes y borrando la competitividad. Desde 1991 Colombia no ve una, todo lo canalizado por petróleo se esfumó porque resultó más fácil importar alimentos caros que sembrar y en esa misma línea comprar calzado y confecciones fuera de las fronteras así la medida quebrara empresas con arraigo, pues el asunto era ayudar a unos pocos.
Los nacionales orondos por las riquezas, verbigracia, petróleo, oro, carbón, níquel, coltán y otros recursos naturales, sin dejar de lado la agricultura hecha con las uñas y sin política que la defendiera, reclamaron recientemente y en otros gobiernos, vías terciarias, infraestructura, salud en las zonas rurales y bienes públicos entre tantos derechos, pero la plata se embolató, hubo préstamos con la banca multilateral y nada pasó, todo se desviaba y nadie supo dar razón. Alguien dijo con coherencia que, si Colombia tiene oro por montones, lo más consecuente es llevar ese valioso metal a las bodegas del Banco de la República ya que entregarlo a las multinacionales es regalarlo, y claro que tiene razón, para el país es más conveniente tener una tonelada del anhelado material aurífero en el Emisor que lo equivalente a un kilo. Qué vaina, el país adoptó la cultura del no hacer y permitir la leonina extracción, todo implementado desde años atrás.
De todo este enredo algo debe quedar como enseñanza, uno, Colombia no puede depender de nadie, debe construir su futuro, asumir sus competencias y trazar su agenda. Es incómodo vivir de la plata ajena, pedir que apaguen los incendios domésticos y desconocer que Estados Unidos no tiene obligación con Colombia, tan solo una prolongada e histórica amistad. Estados Unidos intenta salir de sus propios apuros y los colombianos no podemos dejar de lado que los norteamericanos atraviesan por serias dificultades económicas y por un reacomodamiento que demanda concentración y sosiego, no es hora de importunar.
Les corresponde a colombianos y estadounidenses de valores y buenas costumbres defender la añeja amistad, cerrar buenos negocios y hacer los correctivos a que hay lugar en vista de que nada es perfecto. Un consejo sabio, bajemos el tono, miremos la historia y démonos la mano en señal de confraternidad. Los hechos dicen que de la inquina y la maléfica cizaña nada bueno queda, todo se destruye y los recuerdos y acciones atormentan.
No hay que olvidar que un 19 de junio de 1822 Estados Unidos y Colombia rubricaron su amistad, sus relaciones diplomáticas, un momento para siempre tener presente porque hubo alegría en el entonces presidente James Monroe quien fue el mandatario en darle la bienvenida al primer diplomático latinoamericano, al señor Manuel de Trujillo y Torres, un español con cédula colombiana.
En ese enlace Estados Unidos reconoció por primera vez la independencia de una liberada colonia española. Los estadounidenses también colonizados recurrieron a la estrategia y patriotismo hasta declarar su independencia el cuatro de julio de 1776.
Es visible, más allá del idioma, que hay muchas cosas en común entre Colombia y Estados Unidos, el solo hecho de ser americanos genera familiaridad, empuje y compromiso con los ancestros que de manera admirable domaron tierras, soportaron climas y convivieron con las bestias, luego vino una mezcla y un proceso de exterminio y daño que dejó tan solo el recuerdo de los primeros habitantes de las tierras norteamericanas, lugar de bisontes, descomunales osos, renos, pumas, alces y águilas calvas dueñas de cielos y admiración, al sur en la otra América fue adorado el jaguar y una fauna tropical diversa en donde también reinó el cóndor en los techos gélidos de los Andes.
Bien lo dijo el político francés Jean Monnet, “los hombres pasan y las instituciones quedan”, y eso no se puede omitir en la actualidad, los presidentes terminarán su mandato, dejarán su legado y los estados tendrán que darle continuidad a unas políticas ilustres que les garantice sostenibilidad a los nacionales de cada país lo que sugiere inclusión, desarrollo, educación, prosperidad, empresariado, empleo, seguridad, salud, dignidad, agricultura, infraestructura y proyección. Por muchos aspectos los dos países, Colombia y Estados Unidos deben caminar de la mano, buscando oportunidades y socios, ratificando amistades y demostrando que la gallardía puede con el reto más tenaz.
Hoy el comercio entre los dos países fluye, pero hay incertidumbre porque no se sabe qué pueda pasar, qué medida se adopte y cómo se pueda reaccionar ante las eventuales decisiones.
En diálogo con Diariolaeconomia.com, el presidente ejecutivo de la Asociación Nacional de Comercio Exterior, Analdex, Javier Díaz Molina, aseguró que la situación entre Colombia y Estados Unidos es compleja, un hecho que no impide buscar diálogo y procurar afianzar puentes de entendimiento, pero reconoció que no es fácil la labor en vista que el ambiente político infortunadamente termina contaminando el ambiente comercial y generando demasiada incertidumbre.
A juicio del dirigente gremial, la preocupación de los empresarios después de las afirmaciones del presidente Trump en el sentido que impondría sanciones para Colombia y mayores aranceles, fue inmensa porque la gente se preguntaba qué va a pasar y que tarifas aplicarán. Anotó que igual llegó a la mente de los industriales el efecto adverso que acarrearía el castigo para los productores colombianos si Brasil en medio de su sensatez logra negociar y bajar a diez por ciento su costo arancelario, un gran problema si la tarifa del 50 por ciento quedara vigente para Colombia, un escenario de máxima incertidumbre en donde los acertijos e interrogantes pasaban por el alcance de las nuevas condiciones.
Díaz Molina apuntó que por fortuna se logró que en Estados Unidos se entendiera que no debería caer una sanción sobre el sector formal y fue cuando optaron por adoptar medidas individuales o personales, una determinación que tranquilizó un poco, pero sin dejar a los industriales del todo tranquilos porque innegablemente en cualquier momento algo puede pasar más si se tiene en cuenta que los temas binacionales se manejan a través de las redes sociales lo que puede ocasionar que súbitamente se dispare el asunto lo que no es fácil para nadie.
“Aquí en Colombia la gente sigue haciendo la tarea, los empresarios continúan defendiendo el mercado americano, vendiendo allá, pero asimismo viendo opciones y nuevas formas de diversificar porque hay consciencia de que se sebe minimizar los riesgos, estrategia que lleva a ser precavidos y no poner los huevos en una sola canasta, entendiendo que eso no se hace de la noche a la mañana, pero que es un proceso que de manera perentoria se debe iniciar, con gran incertidumbre por lo que pueda pasar hacia el futuro”, declaró el señor Díaz Molina.
En medio de las angustias a las que lleva caminar sobre la cornisa en temas económicos con Estados Unidos, el presidente de Analdex dijo que todos los bloques comerciales son importantes y tienen mucho que ofrecer, pero aclaró que el empresario está mirando más hacia la región y aseveró que China es un mercado que toma más tiempo porque hay que desarrollar una oferta exportable para ese país particularmente en el tema agrícola porque es complejo por lo que se observa venderle al gigante asiático manufacturas.
La agricultura, recalcó el directivo, brinda opciones en China, pero manifestó que no todo es tan fácil porque allí entra el tema de admisibilidad, una prueba en el sentido que China toma mucho más tiempo, recordando que el presidente Petro dejó algunos funcionarios en Asia y resultado de esa visita, acordaron un protocolo fitosanitario para limón y aguacate, pero en la Casa de Nariño nadie ha firmado ese documento luego no han salido los mentados protocolos a pesar de que ya hubo un acuerdo, algo que deja al empresario y a los agentes estupefactos porque se insiste en tener un relacionamiento con China y una mayor integración, pero de manera increíble no se adoptan los protocolos que ya están negociados, luego eso lleva a pensar que entrar a ese país demandará más tiempo del estimado.
Un tema cierto es que, si bien con China apenas se está haciendo el curso, hay que continuar en el salón y por ello Díaz Molina subrayó que es necesario seguir haciendo la tarea, entender lo que es un proceso que en este caso será de tiempo extenso porque entender el mercado chino es dispendioso y bastante diferido en el tiempo.
Colombia tiene que reindustrializar
Si bien existe una coyuntura alarmante con Estados Unidos en donde nada es claro todavía y más complejo aún cuando la política de Washington es dejar de lado el libre comercio e imponer un proteccionismo a ultranza, abandonando y casi que, desarticulado la multilateralidad, es urgente que Colombia entre en un periodo de reindustrialización, optimización de su agricultura, producción a gran escala y mejora de su oferta al mercado local, pero también al mundo.
A juicio de Díaz Molina es indudable que el asunto de la reindustrialización es algo que debe retomarse y anotó que precisamente en ese tema el gobierno de turno se gastó un año definiendo una política industrial y de reindustrialización, apuntó que luego se tomó otro año sacando un documento del Consejo Nacional de Política Económica y Social, CONPES, y ahí todo quedó sin que nada se haya ejecutado y lo importante en ese frente, precisó, es hacer.
“Yo pienso que le corresponde al próximo gobierno de entrada ejecutar una política de desarrollo productivo, de reindustrialización, pero creo que sin espacio para más discurso porque vuelvo y digo hay que ejecutar, desarrollar lo que se plasmó en los documentos y llevarlo a cabo. En ese aspecto, la tarea está por venir”, afirmó Javier Díaz Molina.
Manifestó que el otro tema esencial en el que se piensa es explorar las posibilidades de profundizar de alguna manera la integración latinoamericana y expresó que la actual coyuntura debería permitirles a los países tener un mayor proceso de integración en la región, superando escollos porque las diferencias políticas en los países ha impedido su consolidación, una muestra es que Colombia sigue sin embajador en Perú por las diferencias con el gobierno de Bogotá, México igualmente está distanciado con los peruanos, pero señaló que en la medida en que nuevamente se puedan alinear los astros, ya Bolivia deja ver una cara otra vez pro mercado como también pro empresa, y en la medida en que eso pueda avanzar se puede pensar en procesos de regionalización que le permita a América Latina defenderse del proteccionismo y unilateralismo que se ha impuesto en la política de Estados Unidos.
Estimó que agrupar la región será determinante para encontrar asimismo apoyo en otras áreas más cuando el presidente de China Xi Jinping aseveró que su país es amigo del libre comercio por lo que gobierno y empresarios están dispuestos a trabajar con los países que quieran en materia de librecambismo.
En su plática indicó que con Europa igualmente se podría hacer alguna tarea en ese aspecto, de cómo defender el multilateralismo, cómo recuperar de alguna manera la institucionalidad como por ejemplo la Organización Mundial de Comercio, OMC, algo que, si no se puede de manera total, por lo menos por bloques o regiones, unas tareas hacia el futuro para tratar de equilibrar las fuerzas frente a esas posiciones proteccionistas de los Estados Unidos.
Añadió que Latinoamérica debe ponerse a tono en todo lo atinente a cadenas regionales de valor y suministro porque quedó claro que con la guerra comercial entre Estados Unidos y China quedaron atomizadas las cadenas globales de valor y por ello hay más posibilidades de desarrollar esas cadenas de valor empresarial, todo el tema alrededor del nearshoring, friendshoring y el offshoring, según Díaz, las opciones ahora.
“Si una empresa no puede tener cadenas globales por lo menos puede aspirar a cadenas regionales y por eso hay que apostarle al mercado de Estados Unidos porque creo que ahí hay posibilidades y por eso insisto en que se debe defender ese mercado”, puntualizó el presidente ejecutivo de Analdex.
Fletes a la baja
Los fletes, manifestó el dirigente gremial, han bajado y afirmó que seguramente el acuerdo entre Estados Unidos y China va a ayudar a que eso no siga con el proceso que venía porque Estados Unidos le había puesto aranceles a las navieras así como a los buques chinos y China en su momento respondió de igual manera, sin embargo, comentó, ahora que llegaron a un punto de entendimiento, los dos acordaron eliminar las restricciones y los aranceles algo que evidentemente ayuda a la logística la cual se espera permitirá operaciones más tranquilas en los próximos meses con fletes más hacia la baja y con un mejor cumplimiento en niveles de servicio tanto en frecuencias como en puntualidad con los horarios.
De otro lado, Díaz Molina dijo que la tasa de cambio no ayuda en materia de exportaciones porque el dólar sigue muy bajo algo que no depende de los exportadores colombianos o de los empresarios, simplemente obedece a que por las políticas de Estados Unidos la divisa se ha debilitado y mientras eso siga en los términos actuales no se ven posibilidades de que la moneda de cambio referente para Colombia suba, una tendencia con la que cerrará el 2025, lamentablemente con un dólar débil.
Hay preocupaciones, la coyuntura quita el sueño, los empresarios y el gremio del comercio exterior están conectados con la economía internacional por lo que determinan que los resultados no dependen exclusivamente de los que los actores hagan internamente sino que están atados a las variables internacionales, el tema de la política comercial y política monetaria de los Estados Unidos, obviamente de la respuesta de sus socios sin duda termina impactando a un país pequeño como Colombia y por eso apuntó Díaz Molina, el margen de maniobra que se tiene en el país es muy poco porque se depende mucho de qué ocurre en los mercados internacionales.
Con el capítulo apremiante de hoy con Estados Unidos queda claro que los años de amistad y hermandad sellados a nivel binacional no pueden tener un punto final por caprichos en Washington o Bogotá ya que prima el interés de los países y sus nacionales.
“Por eso yo creo que les corresponde a los sectores privados defender ese relacionamiento, por lo menos en lo que respecta a Colombia creo que esa ha sido la tarea del empresariado, ver como resguarda la relación con un socio tradicional y aliado como lo es Estados Unidos”, concluyó el presidente de Analdex Javier Díaz Molina.

