Muchos analistas, empresarios y expertos sabían que el inicio de 2024 iba a ser complicado por la estela que quedó en la economía por la inflación y las elevadas tasas de interés, pero igual presentían que el entorno geopolítico no ayudaría y así están las cosas, una serie de ataques a Palestina por parte de Israel, no termina la guerra entre Ucrania y Rusia, muchos entornos siguen avinagrándose como acontece en Ecuador y en otras latitudes en donde la violencia campea, hay temores por el estallido de la tercera Guerra Mundial por casos como el bombardeo a Yemen por parte de Estados Unidos e Inglaterra y como si fuera poco se reavivó el Covid-19, como lo dijo nuestro invitado de hoy, la tormenta perfecta.
El globo sigue girando con muchísimas preguntas, ¿será posible sentar a los países en conflicto y lograr los tan anunciados puentes de entendimiento? o si definitivamente habrá que entrar de lleno en una economía de guerra y sacar lo mejor de la contingencia nacional porque ante un pleito bélico mayor muchos países se verán en muy serias dificultades toda vez que desactivaron los aparatos productivos empezando por el agro, el hambre podría agudizarse y el caos haría presa fácil de quienes no hicieron juiciosos la tarea.
Los bombardeos matan, desconsuelan y deprimen, hoy la humanidad está en alto riesgo de volver a las guerras ecuménicas, el ciclo así lo muestra y la realidad fiscal de algunas potencias precariamente administradas hace pensar que subir el tono armamentista puede traer mayor beneficio. Repito, las batallas ya no se hacen a domicilio, ahora el mundo digital borrará ciudades enteras, vendría una guerra sin cuartel con unos saldos fuertemente deplorables, en una confrontación global, la gran mayoría, por no decir que todos llevarán del bulto.
En medio de la tragedia hay oportunidad y es por eso que con o sin guerra Colombia debe matricularse en las grandes ligas de la productividad y dejar de lado tanto anuncio jactancioso en materia de comercio y productividad, hoy nos supera de lejos Bolivia, Ecuador y Perú, llegó la hora de trabajar, de hablar menos y hacer más, de propender por un país viable, sin regalos ni asistencialismos malsanos que tan solo gestan pereza y delincuencia. Que tanto anuncio de retomar un campo eficiente se vea, que regrese el fomento para la industria y que muchos vean en la empresa una dicha y un orgullo, no una tragedia con amargos sabores impositivos.
El presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior, Analdex, Javier Díaz Molina le dijo a Diariolaeconomia.com, que a nivel internacional, el comercio mundial se vio afectado por la situación de alta inflación y el crecimiento de los precios, asunto que llevó a las autoridades monetarias de cada país a subir sus tasas de interés para controlar ese indicador, el del costo de vida, medida que llevó a que los consumidores bajaran la demanda por la carestía y los casi que imposibles tipos de interés, un escenario que condujo a la gente a no endeudarse y a restringir las compras, una razón de peso para explicar el por qué el comercio creció mucho menos de lo que se preveía con anterioridad.
Colombia, precisó Díaz Molina, no fue la excepción en vista que en el país se pudo ver como la inflación se disparó y la inmediata determinación del Banco de la República que subió recurrentemente las tasas de interés con lo cual los consumidores dejaron de comprar, reduciendo las adquisiciones llevando la economía a crecer menos de lo proyectado.
A criterio del presidente de Analdex, en materia de comercio exterior, debido a esas menores compras por parte del público, las importaciones cayeron porque buena parte de lo que Colombia compra en el extranjero son materias primas, insumos, bienes intermedios, maquinaria y equipo de transporte que son esenciales para el aparato productivo, para fabricar ya sea bienes y convertirlo al mercado local para exportación.
En materia de exportaciones, dijo el dirigente gremial, las noticias igual no son nada alentadoras porque hay una caída superior al 13 por ciento entre enero y noviembre, fruto de una menor demanda internacional, precios bajos en el petróleo y carbón, pero asimismo en productos agrícolas, también menores precios en café, banano, flores y otras obtenciones, en síntesis, un balance negativo porque Colombia estuvo por debajo de los 50.000 millones de dólares, un dato alarmante porque en 2022 el país vendió más de 57.088 millones de dólares.
“Yo espero que este 2024 que recién arrancó sea un poco mejor, particularmente en el segundo semestre porque los primeros seis meses del año tendrán un comportamiento similar al cierre de 2023 habida cuenta que la inflación hasta ahora está empezando a bajar y que las autoridades monetarias fueron cautas al bajar las tasas de interés, pero yo espero que el segundo semestre sea mucho más positivo”, declaró el señor Díaz Molina.
Incertidumbre por guerras y fletes arriba
Ahora, puntualizó, los interrogantes e incertidumbre corren por cuenta de los factores externos, lo que está ocurriendo a nivel internacional en la esfera política, la invasión rusa a Ucrania, ahora el conflicto entre Israel y Hamas y los líos generados alrededor de ese diferendo como por ejemplo los ataques a Yemen y puntualmente a los hutíes, la organización política y armada islamista que surgió en los años noventa.
Los insurgentes, también llamados huzíes están impidiendo el tránsito de buques por el Mar Rojo, motivo por el cual Estados Unidos y Reino Unido atacaron ciudades de ese país incluyendo su capital Saná. El tema complejo, razonó el presidente de Analdex, es que nadie sabe de qué manera ese hecho puede escalar, pero lo cierto es que nuevamente los fletes están subiendo, derivado de esa situación porque el 18 por ciento del comercio mundial pasa por el Mar Rojo y ante esas circunstancias los buques están dando unas vueltas mucho más largas, lo que demanda mayor tiempo y dificultad, una realidad que encarece nuevamente el precio de los cargamentos un problema que termina afectando en valor el comercio global ante tanta logística.
Las tarifas de los fletes hay que recordar se habían normalizado y recordó que antes de la pandemia, a raíz de la crisis comercial entre Estados Unidos y China, los fletes habían caído inclusive por debajo de 500 dólares, con el tiempo retomaron la normalidad, pero cuando llega la pandemia los actores económicos arrancaron con tarifas de 2.500 dólares, precios que llegaron a 20.000 dólares por contenedor. En Colombia, rememoró Díaz, se llegó a pagar 16.000 dólares por un contenedor de China a Buenaventura, en los últimos días, ante la difícil situación bélica, el flete retomó el nivel de los 2.500 dólares, pero con los eventos del Mar Rojo ya hay unos tramos en donde la tarifa supera los 3.000 dólares.
“Esperaría que rápidamente podamos superar estas situaciones y volver a un contexto de normalidad, entre comillas, que no afecte de manera negativa el comercio internacional”, manifestó Díaz Molina.
Los análisis que apuntaron a tremendos apuros en la economía por aspectos geopolíticos, al parecer acertaron porque hoy la globalización está en problemas y enfrentada a lo que decidan los países en conflicto. Muchos están pensativos porque todo puede precarizarse en el Canal de Suez y en la ruta esencial del Mar Rojo, hay serias diferencias, ataques permanentes y el riesgo de una Guerra Mundial porque tal y como están las cosas, recalcó el directivo, nadie sabe en qué puede terminar tanto conflicto en donde el odio marca una pauta sumamente alarmante.
Díaz estimó urgente lograr consensos y acuerdos porque si bien una guerra de mayor volumen no es deseable, lo cierto es que todo puede terminar en unas situaciones que no son las mejores.
Agregó que el riesgo en la economía pasa también por el tema ambiental y el calentamiento global que hoy tiene en serios apuros al Canal de Panamá porque la dura sequía está ocasionando que no se tenga el agua suficiente para alimentar el cauce, una situación apremiante que llevó a las autoridades a disminuir el flujo de buques, disposición que en efecto tiene menos barcos pasando por el estrecho y ante los impactos en las navieras por los tiempos que toma tomar el cruzar el canal, comenzaron a tomar decisiones, por ejemplo, Maersk, ya está pensando en no cruzar el canal con sus buques y hará el tránsito de las mercancías a través del tren para lo cual pondrá operador en el Pacífico y en el Atlántico para hacer el transporte de mercancías que tendrá indudablemente unos costos superiores.
En su análisis Díaz Molina enfatizó que si este inconveniente del Canal de Panamá se junta con el entorno geopolítico se formará la tormenta perfecta para que termine nuevamente afectando las corrientes comerciales, situación a la que hay que agregarle el reavivamiento del Covid-19, un elemento adicional que igual nadie sabe cómo va a evolucionar y que puede impactar todo el tema económico.
El 2024 es un año que mucho quieren, pase rápido porque será de muchas respuestas porque para bien o para mal, pasarán muchas cosas, pero subrayó que siendo optimistas podría haber una recuperación si nada extraordinario acontece en el segundo semestre de este año, ojalá con indicadores positivos para retomar la senda del comercio mundial, algo viable en la medida que la inflación descienda porque ello contribuye con la recuperación de la demanda y el consumo, escenarios afables para que el comercio pueda volver a las dinámicas reales o históricas.
Los apuros también se dan en casa
En su plática, Javier Díaz Molina dijo que en el plano nacional, como si fuera poco, desde hace dos meses hay problemas con la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, DIAN, con la página y los sistemas informáticos en el módulo de importaciones, algo que también afecta los costos porque se toma mucho más tiempo para disponer de las mercancías.
Algunas voces que llegan desde Europa dicen que es posible que en junio o julio quede superado el conflicto entre Rusia y Ucrania.
“Ojalá, porque como le digo, la misma expectativa o predicción estamos haciendo aquí, contamos con un segundo semestre mucho más llevadero y amable para terminar el 2024 en unas mejores circunstancias y con superiores resultados, un terreno abonado para recibir con entusiasmo el 2025, un año en el que debe reaccionar el mercado internacional porque para un país pequeño como Colombia el hecho de que la demanda global sea movida y en terreno positivo, lleva a exportar, si el mercado mundial crece nosotros vendemos más, pero si decrece, como lo vimos el año pasado, venderemos mucho menos”, sostuvo Díaz Molina.
Si bien hay retos grandes para los commodities, lo cierto expuso el presidente de Analdex, es que no se puede perder la estrategia de diversificación, insistió en que el país debe seguir trabajando en el tema para tener mucho más producto, una canasta exportadora mucho más diversificada, un trabajo que debe hacerse sin pausa a pesar de las complejas circunstancias de hoy.

