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Domingo, 25 Junio 2023 00:23

Caficultores en caos y total abandono ¿Y dónde está el gerente?

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Los productores no la pasan bien, cae estrepitosamente el precio, no sienten al estado cerca y menos institucionalidad. Al parecer les están cobrando un error ajeno.

Los productores colombianos de café atraviesan por un momento sumamente difícil, de un lado los precios se derrumban y no hay manera de contener la fuerte caída, posiblemente con una intervención oportuna y apelando al valor agregado, sin embargo, son visibles las fisuras y se adolece de un gobierno que les dé una mano, tan solo si aceptan un canje leonino, entregar en bandeja de plata la cabeza del Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros Germán Bahamón.

El país, todo está confundido, desde la Casa de Nariño no llegan soluciones al campo y caso opuesto se acrecientan las diferencias entre el presidente y los productores. En un gobierno supuestamente social, la ruralidad sigue en harapos, no hay avances en productividad y todo pasa por la promesa entregar unas tierras para sumar activos mas no para cultivar, como si fuera poco no logran meter en cintura el asistencialismo que le quitó la mano de obra a la producción primaria.

Los reclamos siguen, no se ve voluntad en brindar seguridad pues la delincuencia manda en Colombia, roba, secuestra, asesina, quita niños de manera impía por causas lamentables y proscribe familias. Un hecho cierto es que el futuro está en el campo, pero las políticas agrarias son sencillamente un saludo a la bandera. No puede ocultarse que la tragedia campesina viene de vieja data y que muchos son responsables por todo lo que pasa o tristemente por lo que no pasa ya que no hay agricultura. Al Gobierno le está costando hablar y alcanzar consensos, se nota arrogancia y poco interés en mejorar lo presente para asegurar un futuro en donde las hambrunas serán protagonistas.

Este medio no tiene partido político, tan solo vela por una democracia real y no hipócrita, amañada, corrupta y mentirosa como se vio en los últimos cien años. Es urgente que los asesores le digan al presidente de la República que él es eso, el Primer Mandatario de los Colombianos más no el dueño de los gremios, de las empresas o de todo el engranaje productivo. Es muy necesario propender por el diálogo y generar los puentes de entendimiento pues de lo contrario seguiremos cosechando odio, paradójicamente en el gobierno del amor.

 

 

Hoy los productores necesitan ser escuchados para conciliar, actuar, y seguir en esa dura faena de cultivar, cuidar y cosechar, a Colombia quizás se le olvida que gracias a las manos campesinas, de las que no quieren saber muchos, el país tuvo alimento y provisión, igual en la tragedia de la crisis global logística, pero de eso nadie habla y no es justo que los productores, después de siglos sigan con el Cristo de espaldas, que no se noten los destellos de una política de productividad con trato preferencial sino una distancia malsana que puede salir muy cara.

Saliendo de la agricultura como un todo y entrando al tema cafetero, es lamentable el panorama, un Gobierno que le pasa factura a 540.000 familias por su animadversión con el nuevo gerente, democráticamente escogido y que, al parecer, por lo que se escucha, tiene muy cerca su fecha de vencimiento. Hubo dos hechos cuestionables, sacar de la FNC a Roberto Vélez Vallejo, en un acto de soberbia estatal y el otro desconocer un Gerente que llegó en franca lid, solo porque envío un trino que no le gustó al presidente.

Ahora el caficultor de base y los productores de una hectárea o menos están llevando del bulto por esa distancia y malquerencia, resulta que ahora los campesinos, los que están volviendo a la bancarrota, no tienen una voz o un guía, simplemente porque su presidente que prometió el oro y el moro, no quiere hacer caficultura federada con el actual elegido, tremenda dicotomía.

Si bien, el gerente escogido no aparece, al hablar con caficultores expresan su inconformismo porque no hay liderazgo y aseguran que la interinidad se prolongó, tan grave es el asunto que ya se escuchan voces alteradas hablando de la necesidad de un paro cafetero, de una protesta fuerte al amparo de la Constitución porque al cafetero nadie lo respeta, se lo pasan por la galleta las multinacionales, la bolsa de Nueva York que sigue especulando con cargo a la miseria, los gobiernos y hasta los consumidores que siguen tomando cafés importados de la peor calidad, unas pasillas de las que no se conoce su trazabilidad.

La actual situación demandaba una rueda de prensa y aprovechando los medios, el Gerente General de la FNC debió explicar la situación y plantear opciones, pero no, el silencio siguió en la institucionalidad cafetera y en un edificio con menos empleados en donde tan solo se hace inmarchitable la memoria del grandilocuente “Cofrade”.

A la fecha los caficultores están muy preocupados, los buenos precios partieron y están retornando a su cruda realidad. Debe dejarse muy claro que lo poco que lograron obtener con precios por arriba de dos millones de pesos por carga de café a duras penas pagó la tragedia de los años anteriores y los costos de los insumos que se dispararon en precio hasta el punto de hacerse imposible su adquisición, verbigracia la urea y los nitrogenados. Ahora se hace perentorio seguir con el legado del súper extrañado Roberto Vélez Vallejo, quien articuló el mundo cafetero para lograr acuerdos y humanizar la caficultura.

En el departamento del Huila la angustia es muy grande, el precio del café sigue desmoronándose y la carga de 125 kilos ya va en $1´438.000, como dirían muchos productores, no hay doliente y en efecto, la procesión va por dentro.

 

 

En charla con Diariolaeconomia.com, el caficultor y empresario Diego Horta Céspedes, gerente de la firma Buenavista Best Coffee, expuso que el derrumbamiento de los precios tiene a los cafeteros en alerta porque algunos prevén que la caída seguirá, un asunto crítico porque si bien se esperaba una inclinación negativa en las cotizaciones, jamás se pensó que llegará tan pronto y a los abrumadores niveles, algo que en efecto generará estragos en la economía cafetera y en general pues el grano jalona crecimiento y hoy mira con zozobra hacia abajo.

 

“Algunos no saben si vender, guardar o esperar que repunte nuevamente el precio del café. Algunos más pesimistas creen que puede venir la ruina, pero por fortuna la caficultura tiene una comercialización segura y esa garantía de compra tranquiliza, claro está con montos que remuneren el esfuerzo y no con un precio interno de compra que regrese al sector a los tiempos en que se producía a pérdida y con unos costos de producción superiores”, declaró el joven caficultor.

 

El tema, señaló Horta, es manejar muy bien el dinero, ajustar el cinturón y no invertir en cosas innecesarias, si hay deudas, apuntó, habrá que refinanciar y lograr acuerdos con la banca, un mecanismo urgente si se tiene en cuenta que la cartera cafetera pasó del billón de pesos, 1.1 billones. La idea es disciplinar los gastos, evitar la crisis, los embargos o la venta obligada de las fincas.

Un perjudicado que ya empezó a resentirse es el comercio que depende de la actividad cafetera en 22 departamentos y en 630 municipios, bien es sabido que en buenos tiempos la demanda crece, pero en momentos de adversidad sufren absolutamente todos en más de media Colombia.

Insistió en que la estrategia de algunos productores es guardar grano y esperar una reacción de los precios en agosto.

 

 

Otro tema que inquieta a los caficultores es el mutismo que hay en la Federación de Cafeteros, pues mientras los precios se derriban, no hay una voz líder que entregue reportes y marque el derrotero a seguir para evitar el caos, a la fecha, se nota la misma interinidad y el vacío de poder en el gremio agrícola por excelencia.

 

“El caficultor está totalmente desinformado, se siente solo y no hay ningún vocero que hable y lleve tranquilidad a los muy inquietos productores. Algunos caficultores con futuros pendientes afirman que la caída del precio en el grano sí les favorece”, apuntó el cafetero.

 

Diego es un emprendedor y próspero empresario de Santa María, Huila, cuna del café especial, jurisdicción fundada en 1923 y elevado a la categoría de municipio en 1965, un lugar agradable entre las montañas que conforman la cordillera central por donde avanza con prisa hacia el Magdalena el brioso río Baché. El lugar es especial por sus gentes, más no por la población flotante que llega a emplearse en caficultura, agricultura, ganadería o minería, todo un lío en seguridad para sus pobladores.

Los productores aseguran que el trabajo realizado por Diego es admirable ya que maneja una tostión muy profesional, demasiado acorde con las variedades y los gustos nacionales y foráneos.

Santa María es un lugar al que se llega por una vía vertiginosa desde Palermo, recibe viajeros que ya empiezan a ver el lado bueno de Santa María, el turismo de aventura arranca desde que el visitante se sube al bus. No es un secreto que los samarios han vivido aislados y lo poco que lograron en pavimentación fue arrasado por los incontables camiones y volquetas que invaden la angosta vía, generando todo tipo de riesgo a la comunidad, claro está, hechos sin control de las autoridades, se trata de otro mundo en donde la gente hace lo que le viene en gana sin pensar en la integridad de las familias.

 

 

La plaza ofrece una vista amable de montaña, enamoran sus serranías sembradas con café que hacen el contraste ideal con el azul del cielo en tiempos de verano. Ya entre sus cafetos empieza a contarse otra historia, la de los productores que han sabido poner producto de excelencia en los mercados y que hoy avanzan en valor agregado y calidad del bebestible en taza porque en tiempos de caída, lo mejor es vender más y mejor con origen, calidad, tostión y variedad.

En la población de 11.346 habitantes ya se ven negocios especializados en café gourmet, quienes van de visita cuentan con un pequeño eje en donde se brinda la mejor bebida la cual resulta una incomparable experiencia ya que convergen aromas, fragancias y sabores, uno de esos sitios es precisamente del dinámico Diego. Otros visionarios ofrecen turismo en las fincas en donde se toma café diferenciado y se le da rienda suelta al alma para que navegue por unos paisajes extraordinarios.

 

Café samario en China con muy buenas perspectivas

La actividad cafetera no pierde dinámica en Santa María y muy por el contrario abre caminos de esperanza puesto que la caficultura maneja una condición sui géneris, cuando le llega la oscuridad es cuando más luz filtra, es por eso que para Diego Horta Céspedes en los instantes de complejidad es cuando hay que explorar nuevas alternativas para desarrollar un trabajo diferente sin dejar el café.

Santa María, hay que subrayarlo, fue el lugar en donde se dio el primer paso para diferenciar el café con un valor agregado que impactó paladares de alta exigencia, pero como dice el contertulio los caficultores samarios mataron el tigre y se asustaron con el cuero. Reconoció que la caficultura del municipio siendo joven ha hecho en el tiempo un muy buen trabajo, pero al final del ejercicio se nota más el café del sur del Huila y el norte del departamento quedó sin muchos reconocimientos, pasando por alto que por allá en el año 2000 el municipio se ganó un premio por tener el mejor café del mundo.

Este productor lamentó que la comarca no conozca muy bien el frente de comercialización porque independiente de que obtenga un grano de muy buenas condiciones, a la hora de vender y hacer embajada con la caficultura, la población se quedó corta y por eso nadie va por el café de Santa María porque no lo muestran y tampoco lo venden, eso por seguir en la misma línea, sin dejar de reconocer que se ha avanzado.

La región sigue metida en el negocio de los commodities, destinado a las multinacionales, pero de a poco empieza a abrir los ojos, sobre todo con los actuales precios y empieza de nuevo la apuesta por el valor añadido. Insistió que la calidad del café parte de una buena recolección y un cuidadoso beneficio para darle apertura a la comercialización y así determinar a qué cliente va dirigido un producto de condiciones excelsas, una mixtura de procesos, variedades y toques mágicos.

Horta Céspedes ya envió café a China a través de la firma La Finca Foods Coffee, aliada comercial de su negocio, la cual notó el gusto por los cafés arábicas de Colombia y particularmente los de Santa María. Los empresarios por petición de los consumidores chinos llegan buscando cafés muy florales, aromáticos y exóticos, por lo que piden granos alicorados lo cual obliga a un proceso de fermentación más rígida para que arroje un producto que ofrece esa sensación.

Los alicorados, explicó el cafetero, se logran con cafés de variedades Colombia, Castillo y Tabi, un proceso que exige más de 200 horas en fermentaciones cerradas, todo con máxima vigilancia para evitar sobre-fermentación puesto que podría ser caldo de cultivo de microorganismos los cuales no deben ir en el café, en resumen, se logra un producto confiable, seguro e inocuo.

 

 

Recalcó que en China entendieron el valor agregado que se hace en Colombia para optimizar el perfil de la bebida y por eso pagan muy bien por ese café, razón por la cual llevan Geisha, Java, Borbón Rosado y los convencionales, la firma de este incisivo empresario ya inició el proceso para la variedad Típica, una variedad con historia porque según los cronistas, fue el primer café cultivado en Colombia.

La perspectiva es más que halagüeña en vista que las negociaciones de Buenavista Best Coffee iniciaron hace más de dos años con la variedad Java, totalmente exótica, llena de notas florales y sensaciones aromáticas de menta, un sabor que percibe el paladar. La primera venta se hizo en pergamino y a la fecha los despachos han crecido de manera importante porque hacen cuatro exportaciones anuales, en promedio una tonelada de café por trimestre, sumando Geisha, Java, Borbón Rosado lavado y los naturales que igualmente se obtienen.

China con una población superior a los 1.425 millones de habitantes, la segunda más grande del mundo, se afianza como un mercado sólido para los cafés especiales de Colombia, un mercado que de crecer obligaría a disparar los cultivos de café en el territorio, pero con la característica de suave y diferenciado.

 

“Suena como imposible, porque la franja cafetera ha venido subiendo por el tema del cambio climático, en este momento reportamos una buena oferta ambiental y bajo las alturas para siembra, es tan bondadoso el momento que en sitios en donde los líos atmosféricos acabaron con los cultivos, de manera increíble se reactivaron para la plantación de café. Hoy la parte más alta, los 2.100 metros sobre el nivel del mar se está haciendo difícil, pero cuando cambie el fenómeno volverá a subir la compleja franja y dificultará el crecimiento del parque cafetero”, explicó Horta Céspedes.

 

Actualmente los cafeteros se hacen varias preguntas y una de ellas es por qué cayó el precio del café suave si al revisar la oferta y la demanda, las cotizaciones de los granos suaves deberían permanecer altas, habida cuenta que no hay mayor oferta en Centroamérica y que los suaves colombianos mostraron una producción a la baja.

 

 

Diego logró también hacer negocio con una empresa de Estados Unidos, Desnudo Coffee, que lleva dos viajes de café al año con quienes se adelanta una comercialización armoniosa desde 2022 ya que llevan muy buen café y lo pagan a precios altos. Con China y Estados Unidos, Diego Horta sabe que lo importante es evolucionar, ir más allá de la caficultura tradicional, entender el mercado y acomodarse a los requerimientos de los clientes. Hoy la firma de este empresario hace sus procesos en una sugestiva finca en donde acopia grano y opera como central de beneficio, un sitio en donde se toman decisiones sobre los cafés que llegan porque se procesan y se les marca el destino.

El negocio de café, puntualizó Horta, funciona mejor con personas de la misma edad pues ayuda a unificar conceptos y a acelerar las determinaciones, en China el comprador es un colombiano casado con una china y en estados Unidos la historia es aún más increíble porque arrancó con dos bogotanos vendiendo café en un tráiler en donde se operaba con una tostadora de libra y una máquina de expreso tan pequeña que colapsó, la creciente demanda los condujo a un concepto más empresarial y moderno. Los colombianos llevaban dos toneladas semestrales de las cuales una sale de Santa María, Huila.

En Estados Unidos gusta mucho el café suave lavado tradicional, pero los bogotanos le dan intensidad en el tostado. Diego viene de una saga cafetera, sus abuelos y padres crecieron entre cafetos y él, obviamente, no podía ser la excepción, entre otras cosas porque supo de la rentabilidad de la siembra que alimentó, vistió y formó a dos generaciones anteriores.

Este empresario razonó que lo importante es descubrir la importancia del valor agregado, pero también identificar con acierto a quién se le va a vender grano, todo como un homenaje a una caficultura ancestral que merece seguir en lo más alto.

Los tiempos no han ayudado, entre Covid-19, crisis logística y la guerra en Europa Oriental, sin sumar lo doméstico que incluye altas tasas de interés, devaluación e incertidumbre, el valor agregado ayudó a la familia Horta a contener un poco los costos de producción, lo que no hubiese sucedido en la comercialización normal en donde la FNC es el ente que garantiza el precio, un escenario que tendría apretados a los caficultores de la casa, impidiéndoles inclusive hacer renovación porque sin café no hay plata y sin dinero todo se suspende o se aplaza.

 

 

La familia Horta Céspedes lo supo hacer, siembra café en la finca El Rincón que beneficia y tuesta para la tienda de su propiedad, HIL´DI Coffee, o para exportar a sus clientes en China y Estados Unidos, una manera inteligente de garantizar rentabilidad y sostenibilidad, el commoditie, como están las cosas, arruina. El secreto, a juicio de Diego, está en explorar e identificar a quienes buscan lo mejor sin importar el precio. Esta recomendable y encantadora tienda, hay que recalcarlo, es una evocación sublime al siempre presente abuelo materno Hilarión Céspedes.

Cuando el café estuvo a niveles de 2.1 millones de pesos, la firma de Diego vendió por encima de 2.6 millones, una tesis que ratifica que la caficultura debe cambiar y pensarse más para el productor primario que para la industria que sigue quedándose con un negocio que posiblemente va a perder por las nuevas tendencias y propuestas del mercado.

La llegada de Germán Bahamón a la Gerencia de la FNC, no generó mucha expectativa en varios productores del Huila porque como Diego, no sienten el amparo gremial o el respaldo general, algo que según el productor quedó constatado con la venta de futuros, un mecanismo que no debió darse en el café porque perjudicó a muchos, obligándolos a correr o a buscar abogado para evitar que las cooperativas embargaran predios.

Del Fondo Nacional del Café, seis centavos por libra que le quitan al productor, no están sacando para amortiguar el problema de algunos caficultores que casi a ciegas firmaron un contrato porque jamás se les instruyó sobre el modelo de negocio, tampoco se les informó que no podían asegurar la cosecha en más del veinte por ciento y en los contratos un número importante puso el 100 por ciento de su cosecha con ventas a 1.1 millones cuando el grano alcanzó los 2.8 millones por carga.

En opinión de Diego Horta, el problema es bien grande, se vendió una idea para vender café, pero la institucionalidad cafetera llevó a esa instancia que hoy tiene en la quiebra a varios productores, de manera increíble, el precio de los fertilizantes no golpeó tanto como esa precaria e inconveniente negociación porque si los caficultores no conocían la Bolsa de Valores de Colombia, mucho menos las movidas del mercado bursátil de Nueva York.

 

 

En su diálogo, el empresario manifestó que la Federación de Cafeteros es una buena entidad, sin desconocer errores y horrores, pero afirmó que con el modelo federado hay un precio fijo más no como pasa en Centroamérica en donde el productor recibe lo que quiera pagar el cliente. En Colombia la FNC debe trabajar muy duro para llevar un ingreso más holgado al cafetero, algo que refleje el tremendo esfuerzo.

Mucha gente, dijo Diego Horta Céspedes, está saliendo de la caficultura y con los precios actuales posiblemente el fenómeno se agudice, porque ven rentabilidad en ganadería, aguacate Has, plátano, banano y otras frutas, todo en un entorno de agricultura más dinámica, algo que no pasa con el café, llevando a los productores a otras actividades que redunden en calidad de vida, sin el estrés de los costos de producción o lo más grave, la dificultad con la mano de obra.

Las cosas están difíciles, la plata no alcanza y hubo cafeteros que no pudieron fertilizar porque no fue suficiente lo que vendieron, algo que impactará la cosecha y que seguirá por un tiempo, porque pese a que han bajado, los insumos siguen caros. Hace dos años el café estaba a un millón de pesos y los fertilizantes valían entre 100 y 150 mil pesos, el café cuando estuvo a dos millones tuvo fertilizantes por arriba de los 200.000 pesos, un tema a revisar porque quien quiera optimizar su caficultura verá todo más complejo, menos con una Federación de Cafeteros que hoy brilla por su ausencia, sin tener en cuenta que la producción, seguramente seguirá cayendo.

Para los productores el tema político sigue metido en la caficultura y hoy con los distanciamientos entre la Gerencia General con la Casa de Nariño, el panorama no es halagüeño y allí si pagarán injustamente justos por pecadores, algo infausto porque están dejando de lado a unos caficultores empobrecidos, con líos jurídicos y con el fenómeno de El Niño encima, pues La Niña partió y se llevó las ganancias.

La caficultura demanda equidad, los productores afirmaron que no todo se puede quedar en determinadas regiones, los recursos, alegan, deben irrigarse para todos los que producen café por igual, pues para no ir tan lejos el sur del Huila es una tierra de gama alta en tanto que el norte sigue en una esquina esperando que llegue algo.

 

Los jóvenes cafeteros no tienen cabida en la institucionalidad

 

 

Horta Céspedes evocó el primer encuentro nacional de jóvenes cafeteros en 2018 en donde se habló de los grandes líos de la caficultura, en la Fundación Manuel Mejía, ubicada en Chinchiná, Caldas, 180 muchachos hablaron de la problemática sectorial, algo que no cambia en las regiones porque se precisó sobre el conflicto armado, las dificultades del acceso, problemas para acceder a tecnología e inclusive no poder contar con las herramientas mínimas para recolectar grano o vender café mojado por falta de infraestructura para el secado, cosas que aún se ven.

Los jóvenes cafeteros de Santa María lograron sensibilizar a las autoridades cafeteras y con ello lograron capacitación, viajes e interactuar con otros productores, tan grande fue el logro que vendieron café a 900.000 pesos cuando era liquidado a 800.000 pesos la carga. El momento fue imborrable, pero el programa de jóvenes quedó en el limbo y perdió un marcado liderazgo que incluía el tema género.

El distanciamiento de la FNC con los jóvenes es tan grande que productores como Diego Horta creen que es factible hacer caficultura por fuera de la federación o sin ella. Hoy, manifestó el invitado, hay dos tipos de cafeteros, los que están porque les tocó heredar la actividad del papá y los que conocen o entienden la mecánica del negocio, algo que los lleva a plantear variedades y opciones de mercado, dos instancias en las que no está la FNC, luego el gremio agrupa caficultores viejos y no los jóvenes que tienen la cabeza puesta en otra propuesta y que ni siquiera buscan la cédula cafetera porque ven mejores oportunidades sin la FNC.

 

Nuevas generaciones quieren vender café colombiano de verdad

El Gerente de Buenavista Best Coffee, Diego Horta, aseveró que los jóvenes cafeteros están totalmente dispuestos a vender café colombiano en Colombia, único país que no toma buen café en vista que lo enseñaron a tomar cualquier cosa y a precios altos.

 

 

Agregó que el compromiso de los jóvenes es total con la caficultura, con los consumidores colombianos y con la calidad. Dijo que haciendo cuentas es muchas veces más rentable dejar el grano en el país y vender un café especial, de grandes propiedades y no pasillas con orígenes en Brasil o Centroamérica, cuando no Vietnam.

El tema no pasó de agache y el cafetero dijo que los jóvenes pueden cumplir y darle café del bueno a Colombia porque sencillamente el trabajo y el esfuerzo lo ponen ellos, algo que incluye probar con distintas variedades, trabajar muy duro, sudar a cántaros y recibir el espaldarazo de los ilusionados padres que quieren ver otra forma de hacer caficultura. Cuestionó las importaciones de café que salen al mercado con sello colombiano, un mal ejemplo y una refutable práctica empresarial, el golazo más grande a los consumidores.

Lo injusto, apuntó Horta, es que a los cafeteros colombianos los castigan por errores mínimos o procedimientos indebidos que impactan la parte físico-sensorial del café, un lío que implica menor pago por una baja puntuación en taza frente a los cafés especiales, una potestad llamada a corregir porque lo mismo no pasa con los cafés importados en donde la calidad no está a la orden del día, factor grave porque no se dicen verdades, daña la calidad y destruye el buen nombre.

A criterio del emprendedor, el valor agregado empieza con la venta de café en dólares y anotó que el resto pasa por variedades y tostión porque no es lo mismo tostar un grano variedad Castillo que un Geisha o un Borbón Rosado, el tostado alto de un Castillo desarrolla más azúcares y sensaciones amargas como chocolate, algo que le gusta al americano, lo que pagan bien. En un sitio especial, el barista, tostador y catador, puso el café Típica, considerado el padre de la caficultura en Colombia al que se le busca un mejor perfil para ponerlo con inmejorables notas, florales y aromáticas, en el mercado chino.

Al hacer un ranking de los mejores cafés, Horta indicó que comercialmente se queda con el Geisha pese a sus problemas fitosanitarios, segundo, caturra, un café muy importante y en tercer lugar puso al Borbón Rosado, aunque aclaró que todos los cafés vienen de Etiopía, su verdadero origen que se comporta bien en Colombia por regresión genética.

Al caficultor le ha ido mejor innovando que poniendo en el suelo los trabajos de Cenicafé, por ejemplo, innovar es adicionar 20 horas de fermentación, hacer una muy buena recolección y omitir la cosecha mecánica o en malla. Los logros se han visto por el trabajo del cafetero que ha arriesgado su activo experimentando con otras variedades.

 

Vereda San Joaquín, un referente en caficultura

 

 

Yesid Bonilla es otro caficultor de Santa María, Huila. Su finca cafetera, La Esmeralda, está ubicada en San Joaquín, un lugar para ir, conocer y quedarse unos buenos días porque la geografía ofrece encanto, descanso y la vista sin exagerar maravilla a cualquiera.

Este productor está en la moda porque cultiva Borbón Rosado, hoy por hoy, el café de Santa María, un grano dulce por naturaleza, igual floral y mucho más almibarado con el proceso de fermentación que exacerba los sabores a panela y miel, un producto espectacular que evita endulzar porque la variedad lo hace desde la mata.

Entre canto de pájaros, el volar de una que otra golondrina y bajo un cielo azul intenso, con una temperatura promedio de 25 grados centígrados, Bonilla, propietario de Café Esmeralda, dijo que el principal problema de la caficultura en Colombia es la fertilización porque los campesinos o productores no tienen apoyo del Gobierno o de la Federación Nacional de Cafeteros, el comercio, dijo, maneja el mercado como quiere, nadie lo regula y pone el precio a su antojo.

No hay, agregó, un programa de fertilización orgánica en donde la pulpa del café es un excelente abono que debe trabajarse previa instrucción porque lamentablemente la gente no sabe cómo hacer un buen compost a partir de este residuo, el trabajo cafetero, comentó, se hace con las uñas, en medio del olvido y sin apoyo, sencillamente, todo lo aplicado es ancestral.

El caficultor anotó que le genera preocupación el creciente comercio y la dependencia de los agroquímicos y se mostró de acuerdo con algunas investigaciones que aseguran que los nitrogenados dañan los suelos y con el tiempo los hace improductivos, algo muy grave con los cambios climáticos y con las elevadas temperaturas.

Dijo que los caficultores necesitan asesoría agronómica, pero la que se aferra a la vida en el suelo y no a la que viene de laboratorios, generando inconvenientes inclusive para la salud humana. La música o recital ofrecido por la naturaleza proviene de la quebrada “La Esmeralda”, una afluente del río Baché, y sirvió de escenario para aprender más de caficultura.

 

 

El café que produce Yesid Bonilla ha ido a Estados Unidos, España y Chile, pero por iniciativa de los amigos que llevan la marca y han expresado beneplácito porque el café ha gustado y la gente le ha dado muy buen recibo pues saben que es un café diferente. Esos resultados, han incentivado al caficultor a crecer y exportar, algo para lo que se prepara porque si bien es difícil vender al exterior, no es labor imposible, de todas maneras y para agilizar la salida de su café selló una alianza con el aliado comercial en cabeza de Diego, una buena decisión porque tanto en Estados Unidos como en China están resaltando el café de Santa María, Huila.

Cabe anotar que Yesid Bonilla lleva diez años metido de lleno en la caficultura porque antes de esta actividad experimentó varios trabajos hasta que encontró la razón de vivir, una experiencia laboral que empezó con la cooperativa de caficultores en la parte de análisis sensorial y compras de café. Algo que lo motivó a seguir porque descubrió que el café era su verdadera pasión, la que lo mantiene en la finca levantando germinadores, haciendo semilleros, sembrando y cosechando. Desde hace dos años lleva el grano que produce, tostado y molido, listo para consumir.

El café maneja ciclos y por eso quita y da plata, Bonilla empezó a construir la historia cafetera en su familia porque su padre trabajó en fincas, pero no logró conseguir su predio.

 

“Yo soy la primera generación cafetera en la familia y posiblemente la última porque mis hijos se fueron por la parte tecnológica, mi esperanza es un hijo que se hizo barista, pero sí le hace falta meterse de lleno en el cultivo y saber de dónde viene el encanto del café, en donde se origina lo que tan bien prepara, pero son temas que uno identifica y puede mejorar”, detalló el señor Bonilla.

 

La mano de obra es escaza, la gente no quiere trabajar, la plata les llega a los ex labriegos por el asistencialismo y por eso es más fácil contratar lloronas, poiras y patasolas. Aparte de la complejidad para contratar personal, el cambio climático ha afectado la productividad y por eso los volúmenes son menores, no en vano el invierno de dos años castigó las cosechas principales y la rentabilidad de los caficultores.

Otro apuro del café y la mano de obra tiene que ver con nuevos cultivos como granadilla y otros que ofrecen el doble de lo que paga la caficultura, un ingreso tan generoso que, en medio día, un recolector sacaba un ingreso apreciable.
La Esmeralda cuenta con cuatro obreros permanentes muy buenos en recolección de granos maduros y seleccionados.
El cafetero Yesid Bonilla es casado tiene cuatro hijos, tres varones y una niña, todos estudiando y mirando a unos padres ejemplares que engrandecen la ruralidad ya que están allá, seguirán sembrando y con los años las montañas y los cafetos servirán de guía para encontrar el camino a la eternidad, eso después de cumplir con sueños y metas, todas apalancadas en los buenos momentos que brinda el café.

Al terminar el recorrido, nos despedimos de Yesid y su bonita familia, eso sí, con un sancocho de gallina entre pecho y espalda, todo un manjar preparado con cariño en las montañas samarias. Pasamos en garrucha o mecanismo de polea, diciéndole hasta pronto a las corrientosas aguas de la Esmeralda, Diego encendió su carro y retornó silencioso y pensativo al casco urbano, pero igual retratando en El Rincón a su padre don Martín Horta, seguramente diseñando la estrategia para ampliar su empresa y abrir caminos internacionales al producto célebre de la sublime Cuna del Café Especial, Santa María.

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