fbpx
Imprimir esta página
Miércoles, 31 Agosto 2016 10:19

Tobia: Un paradisiaco sitio de montaña con aroma de caña y sabor a panela

Por

Los productores de panela de este rincón de Cundinamarca piden condiciones para el agro y lamentan que el fenómeno de El Niño siga presente en la pujante región del Gualivá.

La misa dominical con la que se despidió el mes de agosto tuvo una particularidad en la renovada y muy bonita iglesia de Tobia, San Pedro Apóstol. El párroco, Leonel Mora Lizarazo, en su homilía elevó sus manos al cielo y con una fe visible y por fortuna contagiosa, exhortó al Todo Poderoso por el retorno de las lluvias, pues hace dos años que esa localidad no sabe qué es un invierno y la economía turística y agropecuaria está seriamente amenazada.

Con sus ojos cerrados los feligreses, en su mayoría campesinos dedicados al cultivo de la caña panelera, suspiraron ante la petición del respetabilísimo sacerdote aperado con una sotana blanca y una estola verde. Segundos después expusieron sus admiradas pupilas y tras la petitoria dejaron escapar al unísono la rúbrica de tan bella y urgida plegaria. “Amen”.

Independiente de su condición de inspección, Tobia tiene todas las características de municipio, cuenta con una población importante en su área rural y en el casco urbano. El comercio es dinámico y el sitio se está afianzando como una despensa así como en un paraje turístico.

Diariolaeconomia.com recorrió sus calles, sus veredas e hizo un pare en el camino para hablar de las vastas siembras de caña, de la molienda y de la fabricación de panela, ese alimento popular que podría inclusive tener IVA con la nueva reforma tributaria.

Por unas carreteras secundarias y terciarias, propias de la geografía nacional, bajan a buen paso las recuas de mulas cargadas de caña que esperan turno para llevar el palo dulce al trapiche que envía ese dulce jugo al calor intenso de las pailas en donde hierve y espesa paulatinamente hasta hacerse dulcemente sólido. Allí se hace un alimento y un negocio que requiere de una mano, incluida la de Dios.

Los cascos golpean el piso a un ritmo casi que uniforme y las bestias nerviosas se meten casi que entre ellas mismas para refugiarse de posibles peligros. Algunas más ariscas corcovean, pero al final van a un acopio en donde sueltan la caña para volver por más producto a las fincas o focos de cultivo por esos polvorientos caminos y bajo un sol canicular que cansa y produce congoja en animales y trabajadores.

El esperado domingo día de mercado los lugareños bajan de las fincas en busca de provisiones o quizás a llevar panela a los centros de acopio. Cabe decir que la panela de Tobia tiene un destino comercial bastante interesante pues la absorbe casi que en su totalidad la cadena de almacenes Éxito.

En este día especial y diferente para la familia campesina hay oferta de servicios varios que van desde restaurante o asadero hasta diversión. Como característica de la tierra caliente, la cerveza está a la orden del día y alrededor de esta un sinnúmero de temas que se abordan con risa y por momentos con algo de silencio o sarcasmo entre los participantes de las pláticas dominicales.

En ese día cálido, despejado y agradable el señor, Delfín Medina, productor de caña de la vereda San Miguel en Quebrada Negra, de manera amable accedió a contarnos parte de su vida y de la situación del campesino. Aseguró que como todo en la agricultura, unos días son buenos y otros malos, es decir que no hay una certeza de rentabilidad y pareciera que la economía rural estuviera sometida a la suerte y el azar.

Propietario de 20 fanegadas cultivadas con caña, Don Delfín dijo que justo este domingo no traía buenas noticias porque el precio de la panela que siete días atrás se pagó a 285.000 pesos, bajó hasta los 240.000 pesos por carga en promedio, mal punto si se tiene en cuenta que los productores tienen costos muy altos en su producción.

Indicó que un factor que no ayuda es el clima que sigue seco en la región y generando todo tipo de problemas pues aparte del daño en las plantas, también hay incendios y alto riesgo de afectación por plagas.
Lo único cierto es que por fuerza de mercado o por la nombrada ley de oferta y demanda, los precios para las amas de casa pueden subir porque cada vez es menor la producción de caña panelera ante la falta de un distrito de riego que garantice una productividad sostenida.

El verano sigue intenso

Para Delfín Medina, el fenómeno climático de El Niño pasó en el Ministerio de Agricultura, pero lamentablemente, dice, se quedó en Tobia y en la región del Gualivá en donde aguardan con ansiedad que llueva fuerte y de manera permanente.

“Este año ha sido muy duro y aquí las cosas se complican porque no tenemos riego ni nada de eso, solamente lo que nos mande las nubes”, expuso.

Le pidió al Ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri Valencia, no solamente visitar la zona y constatar que hay falencias sino diligenciar un distrito de riego que ayude con las siembras y estimule aún más la agricultura porque esta zona es compleja en su topografía, condición que impide el uso de tractor y menos de las quemas que pueden ser parte de la solución ante la falta del recurso hídrico.

Actualmente la caña se está secando y lo propio pasa con la yuca así como con otros productos de pan coger. “Los que tienen ganado están sufriendo porque los animales tienen que hidratarse, pero como no hay agua deben buscarla como sea y eso se nota en las bajas producciones de leche y carne pues no hay una plena conversión de pastos húmedos”.

En opinión de Delfín Medina, con un país totalmente pacificado sería viable pensar en progreso y en mejores producciones agropecuarias, pero expresó su escepticismo por la política de paz al considerar que el país tiene que fortalecer el campo que es la única salida consecuente para enfrentar problemas como el hambre, el desabastecimiento y la desigualdad. Según este noble hombre de los campos, como todo en Colombia, “Hasta no ver no creer”.

Con Colombia Siembra hay esperanza, pero el tema no convence porque para los campesinos de esta región aún no hay definido nada en ese sentido. Para colmo de males tomaron unos créditos bajo la promesa de un alivio con el Incentivo a la Capitalización Rural (ICR), pero dicho estímulo no llegó y los productores tuvieron que pagar el préstamo de manera normal.

Otro lío en la ruralidad es que la mano de obra prácticamente se acabó y eso se agudiza porque los jóvenes migran a las ciudades y nada quieren saber de la alicaída y maltratada ruralidad.

“Esto está tan grave que uno mira hacia atrás y no ve nada de perspectiva, el día que fallezcamos los viejos muere también la agricultura y ahora con la mecanización el campo será un recuerdo y una profunda nostalgia”, apuntó el señor Medina.

Muy directo y muy franco, Medina no se calla nada y dice lo que cree y siente porque como a él, a muchos campesinos los gobiernos les prometieron de todo, el oro y el moro, pero tristemente hoy el campo está en sus últimas y casi que con el certificado de defunción en la mano.

Hoy don Delfín tiene 56 años y recuerda los buenos tiempos de la agricultura al lado de sus padres, de su recordado progenitor, Cruz Medina y de su amada madre, Ana Celina Hernández, quien sigue dando pasos en la tierra que otrora vio más fértil y mucho más generosa. En un tiempo Tobia y sus alrededores sembraron café, pero por el cambio climático ese cultivo pasó a la historia.

En la actualidad Delfín vive con su señora esposa, Luisa Hernández, y en la intimidad de su finca bajo un silencio prolongado que rompe el canto de la naturaleza, esperan que el agua llegue de la casa de Dios para poder seguir en una actividad que hacen por apego al campo mientras miran como definen su futuro sus tres hijos ya crecidos y poco amigos de la siembra.

Un valor agregado de la caña del señor, Delfín Medina, es que es orgánica porque no utiliza fungicidas ni químicos. Aprovecha y de qué manera el estiércol de sus robustas mulas que combina con ceniza para tener en sus suelos el mejor abono. Sobre esto explica que fertilizar con químicos no solamente es extremadamente costoso sino que maltrata la tierra.
Por el clima hay unos problemas fitosanitarios que pueden crecer toda vez que hay presencia de hormiga loca y de barrenador, temas delicados que invitan a que el ICA y el gobierno miren con más interés este amable sector de Cundinamarca.

“Lo de la asociatividad como modelo para crecer económicamente es bueno, pero aquí eso no funciona porque genera solo peleas y distanciamientos. En el tema económico todo el mundo está pendiente con lo de la reforma tributaria porque un impuesto a la ligera para el campo de verdad que nos aniquila”, afirmó.

Al terminar la charla, don Delfín monta su mula y mira reflexivo hacia los cerros cubiertos de monte, quizás pensando en la falta de agua o de pronto en lo bueno que es tener salud y caminar con tranquilidad. Mientras ausculta silencioso pensamientos sobre su fuerte cuadrúpedo, avanza lento acomodando su sombrero y aplanando su bigote en forma de arco que lo hace algo recio y templado. Plácidamente progresa el paso de la bestia que transporta al campesino amable y buena persona que añora pronto llegar a casa a tomar café, a imaginar nubarrones en los picos de las montañas y a llevar los encargos de su sinigual e incondicional compañera.

Mi señora Doña Rosario

María Rosario Amaya, nació en Útica, al frente de Tobia, porque esta inspección tiene una particularidad y es que se atraviesa en varios caminos.

Al indagarle por el negocio de la panela que a simple vista es rentable y prometedor, hizo unas cuentas que cambiaron cualquier buen concepto de la actividad panelera.

“Nosotros los finqueros estamos pagando limpia de caña, comida de los obreros, jornales de 27.000 y 30.000 pesos diarios, hay que pagar 4.000 pesos por bajar la carga de panela, a lo anterior hay que sumarle combustibles, cajas y mulas sin contar mi trabajo y el uso de mi batería. Eso dice que así el precio de la panela supere los 250.000 pesos, este no es bueno y los productores seguimos mal porque no tenemos rentabilidad con costos de producción por arriba de los 320.000 pesos”, narró doña María Rosario.

Reclamó del gobierno mayor compromiso con el campo y recalcó un apoyo real porque contrario a llevar soluciones, lo único que recibe el agro es castigo e indiferencia. Dijo igualmente que la caña que daba tres y hasta cuatro trozos para moler, por efecto del clima da un pedazo de caña es decir que la productividad está por el suelo.

“El Ministro debería salir de su despacho y venir a mirar lo que pasa aquí en Tobia y en toda esta región. Nosotros esperamos que el jefe de esa cartera venga y nos diga con sinceridad cómo y con qué piensa ayudar al campesino”, sostuvo.

Una carga de panela la conforman cinco cajas de 40 unidades de libra por caja. La medida se puede dar en panelón o en unidades más pequeñas.

La productora dijo que por el clima el barrenador de la caña está haciendo de las suyas impactando la economía de la región que está expuesta a esos inconvenientes fitosanitarios por las altas temperaturas.

“Ese gusano carcome y pudre la caña y ahí sí necesitamos a los técnicos del ICA porque al paso al que vamos lo que nos espera no es halagüeño”, dijo.

Doña Rosario también habló de reforma tributaria y aseguró que el campo no aguanta más cargas tributarias y manifestó que un IVA entre el 18 y el 19 por ciento afecta la canasta familiar y los productos que con tanto esfuerzo y sacrificio se elaboran en el campo. Lo increíble es que sin hacer nada, el gobierno si tiene rentabilidad con los impuestos, mientras que un productor primario trabaja, no gana y no le dan condiciones.

Esta es la realidad de una productora de caña panelera, que gasta más de 320.000 pesos para sacar al mercado una carga de panela. La situación no es fácil porque los costos de producción siguen muy altos. De todas maneras esta excelente empresaria del campo sigue en su lucha porque tiene una familia que defender compuesta por su esposo y cinco hijos. Allá en la vereda La Montaña también hay angustia y una pregunta enorme, ¿Cuándo vendrán las lluvias?

Y es que la situación no es para nada fácil porque la productividad mermó con cargo al clima por cuanto áreas de producción de 40 cargas bajaron a 18 cargas y hasta menos.
También hay preocupaciones porque el campesino sigue perdiendo calidad de vida y la situación es tan cierta que paga leche a más de 2.000 pesos y carne a 7.000 y 8.000 pesos la libra, es decir que hasta la alimentación se precarizó en las zonas en donde se produce comida.

Por las montañas en jeep Willys

Luis Hernando Medina es lo que en el común llaman un todero, lleva más de 30 años conduciendo un Jeep Willys entre Tobia, Quebrada Negra, Nimaima, Caparrapí, La Palma y todo el eje del Gualivá y el Río Negro.

Nos recogió muy amablemente en una subida que jamás terminó pese a la promesa de un planito afable. Lo bueno es que el carro llegó a la vereda San Miguel, la misma en donde produce caña don Delfín. En ese sitio hubo tiempo para conversar y departir con un muy alegre y ameno grupo de campesinos que tienen como afinidad el arduo trabajo, la honestidad y el empuje.

El estanco o tienda Tres Esquinas nos acogió y allí hubo tiempo y espacio para la charla y los lamentos de muchos productores que tienen los cultivos secos y prácticamente perdidos.

En sus 30 años de trabajo por las escarpadas y destapadas vías veredales el señor Medina no ha visto progreso porque el estado no tiene una política para el campo razón por la cual el lugareño debe transitar por vías lamentables que no ayudan con una buena productividad en Cundinamarca que dicho sea de paso es una región de alta montaña.

El clima es una coyuntura que le desvela al transportador porque al ser también agricultor está experimentando todas las dificultades para ser mucho más competitivo y productivo.
“La verdad estamos jodidos y uno se pregunta qué pensará el gobierno porque a decir verdad estamos en alerta roja puesto que cualquier incendio será un problema enorme porque no hay agua para combatirlo”, aseveró.

El carro de Luis Hernando quien es dueño también de una sonrisa permanente y un don de gente envidiable carga pasajeros, caña, panela, naranja, aguacate papaya, yuca y lo que saque el productor.

Aparte de conducir el emblemático carro amarillo por las trochas del Rio Negro y el Gualivá, Hernando hace parte de una asociación de productores de frutas los cuales cuentan con el respaldo de Asohofrucol gremio que les da semillas, producto y capacitación. En su finca cultiva aguacate y cítricos los cuales mantiene con agua que transporta al hombro y con fertilizantes.

El amable Hernando tiene diez hectáreas sembradas con aguacate y cinco con cítricos. Hoy hay más de 30 personas asociadas que siembran naranja, pero están buscando compradores porque el mercadeo no ha sido tarea fácil para la cooperativa que en medio de las vicisitudes le creen al progreso construido sobre pilares de trabajo y verticalidad.

Mientras el señor Hernando protege sus cítricos y sus aguacates, en un lugar privilegiado de su finca tranquilo y a la sombra descansa el viejo, pero eficiente Willys J-6.

Tobia es una próspera y bonita inspección que reclaman y niegan muchos, a tal punto que ya varios le dicen “La Hija de Nadie”. Se encuentra ubicada entre los municipios de Nimaima, Útica, La Peña y Quebradanegra en el noroccidente de Cundinamarca en esas verdes montañas que conforman la cordillera oriental.

Pese al intenso verano, la inspección en tiempos de lluvia ve correr de manera vertiginosa por entre cerros y atravesando el casco urbano ríos muy importantes como El Negro y el Tobia. En épocas de pluviometría normal la región cuenta con otras afluentes de menor extensión, pero eso sí de un caudal considerable.

Como los nuevos y remunerados cimarrones, Tobia sirvió de campamento a las negritudes que llegaron a trabajar en la construcción del ferrocarril. Este punto era de manera figurativa un amable palenque en dónde se saboreaba el progreso y crecían las nuevas generaciones sobre rieles de progreso porque paradójicamente Colombia tuvo más desarrollo en sus cuitas.

Un 29 de junio de 1939 fue fundada Tobia, la tierra del Maracuyá y de las mujeres de ojos bonitos. La erigió el cura Aguilera Nava.

El primer negocio fue la botica de don Guillermo Osman que estaba ubicada justo al frente del campamento. Tobia recibe su nombre del señor, Tobías Vásquez, quien con el fin de transportar café abrió el primer camino que venía de Vergara.

El padre Aguilera hizo que los campesinos mostraran su panela en cantidades importantes obligando a que el alimento fuera recogido por la empresa Ferrocarriles para llevarlo a Bogotá. Tobia fue un importante centro de acopio toda vez que allí llegaba arroz, cemento, telas y otros productos.

Dentro de las anécdotas hay que decir que en 1938 fue instalado un puente metálico para darle más vías de comunicación y penetración a Tobia, lo que no sabían muchos es que dicho puente se instaló por equivocación porque el viaducto tenía como destino el municipio de Gacheta. Dice el dicho viejo que lo que por agua viene por agua se va y fue así como una creciente rauda del rio Tobia se llevó ese súbito regalo en 1963.

Luego del mediodía dejamos Tobia con un tufillo de nostalgia porque ese sitio bonito con mucho de sacramental y beato nos dio buen recibo, en medio de un silencio impresionante pensábamos en los fantasmas del pasado, en los negros empujando progreso, en las locomotoras saludando a pito entero mientras tiraban vagones de mucho peso e inclusive escuchamos ríos incontrolables en medio del gran verano. Salimos de Tobia con un penetrante, pero delicioso olor a panela y con el deseo de repetir esa sopa de arroz y esa gallina criolla que solamente sabe tan rico en el calor amable de tan grata inspección.

 

Visto 10505 veces

Otros artículos