fbpx
Imprimir esta página
Martes, 08 Septiembre 2015 11:35

Colombia:Del campesino de ruana al campesino de ruina

Por

En Boyacá la queja es generalizada, hay un problema de olvido y descuido por los campesinos que está redundando en menor productividad y en un pavor por los efectos del libre comercio. Problemas en Tuta.

En la provincia Centro de Boyacá, en la región del Alto Chicamocha hay un pueblo pequeño, pero hermoso llamado Tuta que conserva su nombre desde tiempos precolombinos y que traduce “Propiedad del Sol” o “Labranza Prestada”. Así denominaron los Muiscas esa pintura puesta por los altísimos en las montañas de Boyacá y que desde siempre, con orgullo y tenacidad mencionaron y mencionan sus hijos con voz fuerte y lacónica.

Tuta vio romper la calma que reinaba en épocas de los caciques con la llegada de los españoles en 1556, pero con toda la imponencia, el abuso y la arrogancia ibérica, el pueblo de indígenas laboriosos conservó su nombre.

Esta bella población conocida por ser también formadora de fe y clérigos le entregó al país más de cien curas y tres obispos que salieron del Seminario Apostólico Vocacional de Tuta que fundó Monseñor, Marcos Dionisio Sánchez Lozano.

En este pueblo de balcones y calles angostas se escuchan aún las matronas de la colonia y el galopar de caballos que iban y venían con encargos y correspondencia, al entrar a sus casonas viejas que tienen ese aroma mohoso de la historia, se percibe todavía la huella de la campaña libertadora y toda la agonía del régimen impuesto por la corona española.

Tuta tiene una plaza enorme y adoquinada, con enchape en baldosa roja y en granito que sirven de atrio a su imponente iglesia amarilla hecha de piedra y ladrillo. Desde sus cuatro esquinas se puede contemplar una población de gente buena, campesina y trabajadora que hoy ve con tristeza la realidad de la economía rural, totalmente postrada y urgida de una mano amiga que les lleve soluciones, pero no mentiras ni discursos baratos, que al parecer es lo único de baja valía que tiene el país.

El señor Custodio Fonseca Camargo, es un campesino nacido en Toca, Boyacá, pero muy familiarizado con Tuta toda vez que son municipios circunvecinos que comparten muchas afinidades productivas, políticas y sociales.

Nacido en 1948, cuando estalló la tragedia social y política más terrible y violenta que cobró la vida de miles de inocentes, don Custodio se aferraba a la vida en los brazos de su señora madre y muy protegido por su padre, era un bebé de tres meses cuando las migraciones y la proscripción eran comunes, las personas huían del conflicto tras la muerte de Jorge Eliecer Gaitán el fatídico nueve de abril de ese año. El bogotazo le daba vida a una revolución compleja que le dejó muchas heridas a la nación. En ese tiempo ya existían problemas en el campo porque la producción no era asunto fácil y para completar, los productos salían como podían y los que no, se descomponían, dejando pérdidas y deudas.

Según don Custodio, quien habló con Diariolaeconomia.com, el campo siempre ha sido complicado, pero reconoce que la situación actual es de verdadera tragedia porque hay ruina y una pérdida incontable de la mano de obra rural.

“No nos digamos mentiras, los campesinos en Colombia estamos muertos por culpa de una clase política mediocre, negligente e incapaz, estamos muertos y mandados a recoger porque nos arrinconó la corrupción y una serie de gobiernos vendidos y traicioneros que nos entregaron en bandeja de plata con los acuerdos de libre comercio, tristemente hay que reconocer que muchos fuimos alcahuetes y culpables por entregarles el voto a presidentes y congresistas que agradecieron ese favor con olvido y traición”, declaró este lugareño.

Lamentó que en sus años de existencia no haya podido dar fe de un gobierno preocupado por el campesino o por los cultivos y si por el contrario debió ser testigo de la muerte violenta de siembras básicas e indispensables en la economía de Boyacá como lo eran el trigo, la cebada y el maíz. Con preocupación anotó que hay miedo en los campesinos porque tal y como van las cosas con el libre comercio van a arrasar otros cultivos como la papa y la misma producción de leche.

Señaló a los últimos gobiernos como responsables de la debacle social y de la hecatombe rural que empezó con la apertura económica de 1991 en donde muchos cultivos pasaron a la historia porque para los gobiernos era más rentable darles trabajo a los extranjeros que un decidido apoyo a los hombres y mujeres de las veredas y los campos del país.

El campo está muy solo, no tiene dolientes

La condición de pobreza, falta de apoyo y literal postración del llamado agro-negocio tiene a muchos, si es que no a todos los jóvenes campesinos, engrosando los cinturones de miseria de las capitales.

“El campo está solo, aquí ya no hay gente joven, este es un sitio para la tercera edad y lo triste es que cuando nos toque morir, estas tierras quedarán en manos de extranjeros o de los ricos colombianos porque nuestros hijos y nietos no quieren saber de fincas, de siembras o de ganado porque ya relacionan las actividades campesinas con pobreza, mal trato, riesgo para la vida e injusticia porque aquí ganan los intermediarios, nosotros estamos en la inmunda”, comentó Fonseca Camargo.

Este labriego denunció que la situación de los pequeños y medianos productores es de drama total porque los insumos valen mucha plata, los costos de producción crecen y las cosechas se venden a precio de huevo. Tan dura es la realidad campesina en Boyacá que muchos colombianos de ruana y sombrero tuvieron que deteriorar su dieta o pasar hambre porque cuando hay para una cosa no hay para otra.

“El campo está en estado de coma, no hay una solución de corto plazo a la vista. Aquí se nos olvidó que es una mazamorra, un cocido o algo rico en la mesa, eso quedó en el recuerdo, cuando esa alimentación me la proporcionaba mi madre o mis abuelos, hoy eso que era elemental, ya no existe”, narró Fonseca.

De manera irónica, este campesino como muchos de Tuta y de Boyacá pronosticó que al ritmo de hoy y con la entrega del campo, las sopas boyacenses, el cuchuco y el mismo cocido llegará enlatado.

Los paros campesinos, afirmó, no son gratis, esas protestas son causa efecto de los gobiernos que meten a los campesinos en unos TLC sin la debida preparación y exponiendo al país porque está de por medio la seguridad alimentaria. “En Boyacá el campo está acabado, necesitamos un presidente que sepa del sufrimiento de los productores, que nos de riego y que se acuerde del campo porque no miento cuando digo que el campo está en sus últimas”.

Fonseca tiene una pequeña finca en Tuta en donde cría ganado y siembra algunos productos de pan coger. Criticó las promesas del gobierno porque no han recibido abonos ni agro-insumos. “En Tuta y en Boyacá usted ya no ve campesinos de ruana sino campesinos arruinados”.

En medio de todo hay esperanza en este labriego y en otros que lo acompañaban en la tarde de sol de Tuta porque aseguran que las cosas deben cambiar, y puede mejorar si hay conciencia en todos los colombianos y logran elegir gente comprometida con el campo, que lo quiera y lo respete.

Reclamó un verdadero mercadeo agropecuario para que los productores puedan volver a la renta sin tener que acudir o depender de la intermediación que les quita prácticamente todo a los agricultores.

Dijo que antes de la apertura económica había mejores condiciones en el campo y mayores opciones de ganar con la tierra y las siembras. Agregó que Colombia pasó de las buenas fincas a los peladeros.

Este hombre ya entrado en años deplora el mal trato y las duras condiciones para la producción primaria la cual está condenada a desaparecer porque los gobiernos así lo determinaron. Para completar los créditos no son fáciles de conseguir y cuando los aprueba, la plata ya no se necesita porque hay muchos trámites y demasiadas trabas para un préstamo.

A criterio suyo, las cooperativas no son una mala idea, pero sin burocracia ni exigencias imposibles de cumplir porque por citar un ejemplo una licencia para la denominación de origen vale hasta diez millones de pesos, asunto incoherente porque esos avales deberían darse sin costos o muy económicos por tratarse de campesinos pobres en la mayoría de los casos. “Estoy de acuerdo con la organización, la tecnología y el trabajo aunado, pero no con esos costos porque entonces no hay ninguna ayuda”.

Don Custodio es un hombre casado el cual tuvo cuatro hijos con su esposa, María Elena. Dos de ellos están en Bogotá devengando su sustento con el transporte, ellos son taxistas.

Sus otros dos hijos están con él, pero muy aburridos porque se levantan a ordeñar las vacas a las cuatro de la mañana y el litro a la fecha no pasa de 700 pesos, un valor a pérdida frente a los costos de producción. ”Ese precio no nos sirve, la ganadería de leche ya no da ni para sostenernos”.

Con su mirada cansada que protegen dos medicados lentes y con un ceño fruncido, escondido bajo su sombrero de tono café y cinta negra en satín, este buen hombre marcado con el blanco de los años en su cabello, asegura que en los últimos veinte años vio a muchos campesinos vender su finca, dijo que fue testigo de embargos y grandes pérdidas porque en muchas ocasiones las cosechas no cubrían los compromisos. “Yo tuve que ver mucho, pero lo cierto es que hoy todos estamos quebrados y le repito el campo está a punto de morir”.

Indicó que el precio de la papa sigue deprimido y le pidió al gobierno cumplir con los compromisos porque el bulto del tubérculo no está es 60.000 pesos pues ese precio aplica para la carga que en el mejor delos casos llega a 70.000 pesos cuando es de calidad.

Hoy por hoy, afirmó, tener un predio es un problema porque lo que si tiene valor es la carga impositiva y los costos de producción más otros factores hacen que el campesina piense en salir de esa tierra las cual dicen, regalada es cara.

“Nos va a tocar regar la tierra o desplazarnos porque el campo boyacense como el colombiano no da renta, es triste, pero nos estamos viendo forzados a ir a amontonarnos a Bogotá”, concluyó.

Tuta, un municipio fértil

El municipio de Tuta tiene una tierra generosa que permite el cultivo de varios productos como fresa, durazno, ciruela, pera, uva y manzana orgánica dentro de la canasta de frutas. El municipio es reconocido por la producción de papa, maíz, frijol, habas, hortalizas y algo de cebada, no menos importante es la ganadería de leche y la cría de especies menores, puntualmente de ovejas.

El cacique Tutazua que en Muisca significa “Hijo del Sol”, inspiró el nombre de Tuta así como el de Tutazá, este valiente guerrero le hizo una fuerte oposición a los enviados de Fernando VII.

Tuta ha logrado desarrollar un turismo importante por estar en el grupo de apoyo del anillo o ruta de las Hinojosa y por el mejoramiento de la infraestructura vial así como por sus ferias y exposiciones reconocidas de especies menores.

La concejal de Tuta, María-Elva Yinet Cano Garavito, dijo que este municipio tiene un potencial económico importante que puede ser de mayor envergadura si hay un respaldo más decidido del gobierno a los productores del campo.

Precisó que Tuta es una población de puertas abiertas que tiene mucho que ofrecerle al país, entre otras cosas, porque cuenta con unos habitantes hospitalarios y muy entregados al turista.

Sobre esta ruta de las Hinojosa, en la hermosa Tuta, pudimos ver campos y montañas verdes y llenos de producción agropecuaria, pero de igual forma escuchamos las quejas y los reclamos de muchos productores que están cansados de las promesas palaciegas las cuales están más desprestigiadas que la reputación de la muy bonita mestiza venezolana doña Inés.

Visto 3458 veces

Otros artículos