Generalmente hablar o escribir de economía nos lleva a plasmar letras muy exactas sobre el acontecer de los mercados, el mundo de la banca, los hidrocarburos, el sector primario, las pensiones, el tema de salud, educación, vivienda, construcción, minería, las bolsas de valores, análisis sobre monedas, multilateralidad, acuerdos comerciales, ventas, industria, tecnología, inteligencia artificial, digitalización, turismo, servicios y muchas otras cosas, pero dejamos de lado a Dios, omitiendo que el Gran Creador es más que un indicador, visiblemente con sus obras, misiones y oficio por la sociedad contribuye con el crecimiento, el empleo, la inclusión y el tejido social, es grato dedicarle este especial al Altísimo y a los santos que han hecho del catolicismo con mucho arrojo y humildad una verdadera fuente de laboriosidad, ingreso para los necesitados y calidad de vida para los mismos, todo apoyado en valores, trabajo, amor, respeto, honorabilidad y un destacado compromiso. Nos complace recordar al queridísimo padre Rafael García Herreros y reconocer con total agradecimiento el encomiable trabajo del amable y generoso sacerdote Diego Jaramillo, un hombre de Dios que tomó una riendas muy duras para cabalgar por ese campo agreste de la caridad, posiblemente de las dificultades, pero amoroso y placentero cuando de los rostros más opacados por el hambre, la pobreza y el terror, brotan sonrisas alentadoras y totalmente esperanzadoras, hoy es un gusto y un privilegio hablar de una gran obra, de una inconmensurable misión hecha fundación y corporación, el Minuto de Dios.
En charla con Diariolaeconomia.com, el presidente de la Corporación Organización Minuto de Dios, padre José Diego Jaramillo Cuartas anotó que, en la línea histórica, objetivamente el sacerdote Rafael García Herreros comenzó su programa radial llamado el Minuto de Dios en febrero de 1950. Lo trabajó entre seis o siete meses, dijo Jaramillo, interrumpió para ir a Europa a adelantar estudios por espacio de año y medio, regresó en enero de 1952 y le pidieron que fuera a Cali en donde laboró hasta septiembre de 1954, pasó por Medellín y llegó a la capital del país a finales de ese mismo año. Tanto en Cali como en Cartagena el religioso tuvo a diario su programa de radio.
Al llegar a Bogotá no paró con su programa el Minuto de Dios y fue llamado por las directivas de la entonces Radiodifusora Nacional fundada en 1940 la cual manejaba radio y la incipiente televisión que había llegado al país en 1954, en ese momento cambia su nombre por Radiotelevisora Nacional de Colombia. En 1963 nace el Instituto Nacional de Radio y Televisión, Inravisión, y con ello la radio pasa a ser una dependencia del nuevo ente encargado de los espectros electromagnéticos.
En su momento García Herreros, evocó el padre Diego Jaramillo, pidió hablar por televisión, gestionó los permisos y el 10 de enero de 1955 se logró llevar el Minuto de Dios a la televisión, de manera que en el próximo mes de enero se cumplirán 70 años de estar el televisión, medio que cumplió esa edad el pasado mes de junio.
“Cuando empieza la televisión a los seis o siete meses se dio inicio a las emisiones del Minuto de Dios, son 70 años y se suele decir que es el programa más antiguo del mundo porque, aunque en otros países hubo televisión antes que, en Colombia, los programas se fueron acabando, fueron reemplazados en el mundo, pero el programa del padre Rafael García Herreros perduró y hoy tiene una historia de siete décadas, razón por la cual le damos gracias al señor por eso”, declaró el sacerdote.
Techo para los más desprotegidos
El sacerdote eudista Rafael García Herreros fue un hombre de Dios con grandes metas y compromisos, uno construir viviendas para darles amparo a las familias más pobres. Siempre amó a Colombia y deliraba con ver un país sin tugurios porque consideraba que Colombia tenía lo suficiente para no pasar necesidades.
El padre García Herreros inició sus obras de vivienda en Cali, en esa ciudad empezó a levantar un barrio, pero no prosperó por los cambios de la época, la urbanización se iba a llamar el Ojo de la Aguja, pero retorna a Bogotá y en medio de sus caminatas cerca de su sitio de vivienda en una iglesia del centro de la ciudad llamada Nuestra Señora de las Angustias, parroquia ubicada en la calle 23 con la carrera 13A la cual era manejada por los servitas o los mismos miembros de la Orden de los Siervos de María, el presbítero en sus salidas de sábado o domingo por los parques de la Independencia o el Nacional, alguna vez pasó por un tugurio que se encontraba en donde hoy está el Hospital Militar de la calle 50 con la calle segunda o tercera y habló con un hombre que habitaba el lugar quien reposaba en un camastro.
El hombre le dijo al padre, ¿qué quiere?, de inmediato el padre se presentó, soy el padre Rafael García Herreros y comenzó una charla, en medio de ésta, el sacerdote le propuso al individuo pintar el tugurio de blanco para que se viera más claro y algo elegante, el sujeto automáticamente le contestó que no tenía plata para comprar pintura, García Herreros ofreció la pintura, pero nuevamente replicó el hombre, “no, lo que pasa es que yo no sé pintar”, el padre salió al paso y le dijo, no importa “yo vengo con un grupo de personas y pintamos”.
De manera increíble aquel morador de la humilde vivienda expresó que no le interesaba la ayuda porque la pintura fresca le iba a producir mucho frío lo cual en Bogotá no era nada afable, el padre volvió a hablar, “Tranquilo yo trato de conseguir un hospedaje por cuatro o cinco días mientras la pintura se seca y así usted no tendrá problemas”. Nuevamente vinieron objeciones y respuestas hasta que el humilde cristiano dijo, “listo, venga pues y lo pinta”.
El sábado siguiente llegó el padre con unos potes de pintura blanca y por fin logró pintar el tugurio, apenas terminó el trabajo el padre le dijo al hombre que ya pintado de blanco el sitio había quedado más feo de lo que estaba y le propuso tumbarlo para hacer una casa de ladrillo, como era de esperarse llegaron los reparos y la recurrente frase “no tengo plata”.
El padre le ofreció los materiales, sin embargo el beneficiado manifestó que no sabía construir, a esa respuesta el padre le dijo que él se encargaba del equipo constructor y al final llegó la respuesta esperada, “venga pues y la hace”.
El padre tiró el tugurio y edificó una casa de ladrillo, eso, como dijo el padre Jaramillo, fue diciendo y haciendo, en una semana la casa estaba hecha y arreglada, después llegó el vecino a preguntar que cuándo le hacían la de él, en ese momento se erigieron ocho o nueve casas, pero cuando iban en la última vivienda llegó una carta firmada por el señor Rubio Marroquín dueño de los terrenos expresando su pena y solicitando la interrupción de la obra por estar ejecutándose en un terreno de su propiedad. El padre se excusó con el hombre acaudalado e hizo lo propio en televisión, espacio que aprovechó para contar la historia.
Un señor llamado Antonio Restrepo Barco quien después diera origen a una importante fundación en favor de niños y jóvenes en vulnerabilidad lo llamó y le dijo que sabía que no tenía terreno y procedió a regalarle una fanegada en el municipio de Engativá, el padre feliz aceptó el obsequio que es lo que actualmente se conoce como el barrio Minuto de Dios. Antes de desarrollar el proyecto el padre Rafael García Herreros contó y emocionado narró que tenía una fanegada para hacer un pequeño barrio y en ese momento el señor Antonio Maldonado compró otra fanegada y se la regaló al religioso, de manera que ya había dos fanegadas para el barriecito.
“A los dos o tres años le ofrecieron en venta un terreno aquí mismo, mucho mayor y entonces él dijo por televisión que tenía la opción de comprar más suelo para construir, pero el asunto es que valía 100 mil pesos, un montón de millones de hoy, reconoció que no tenía de dónde sacar para cerrar el negocio, públicamente dijo que si alguien los podía prestar, se comprometía a pagar poco a poco en un término de dos años. A los tres días de haber dicho eso, vinieron de Medellín tres empresarios judíos, los señores Rabinovich, Mankevich y Farberoff y dijeron usted pidió prestados 100 mil pesos, aquí los tiene, pero no es un crédito es un regalo que le traemos porque nosotros hemos hecho nuestra fortuna en Colombia y queremos devolverle al país algo a través de lo que usted está haciendo”, milagro, llegó la plata, anotó Jaramillo.
Con ese dinero García Herreros compró el resto del terreno del Minuto de Dios y por eso hay familias y gente de bien allí, lo que incluye la corporación. Tres o cuatro después, en 1968, siguieron las compras y en ese tiempo el padre se hizo a un terreno más amplio. En ese tiempo se hizo en Bogotá un Congreso Eucarístico y al padre le propusieron hacer casas para alojar peregrinos, las cuales serían finalmente entregadas a familias, no llegaron muchos peregrinos, pero creció el sector Morisco que ya había construido en 1956. Así nació la monumental obra del Minuto de Dios.
En ese tiempo no solo hubo techo, también valores, credo, respeto y gente que quiso ayudar, un ejemplo el ciudadano español Fernando de Ayreflor que fue a ver las casas que se estaban construyendo y felicitó al padre, acto seguido, recuerda el cura Diego Jaramillo, el ibérico ofreció ayuda y el padre le dijo de inmediato, “véngase a vivir aquí, usted va a ser el primer director de la escuela”, sin vacilar, el español se instaló en Colombia y con él se fundó el colegio en 1968.
El centro educativo fue un flamante referente, pero hoy, señaló el padre Jaramillo, la organización tiene 25 colegios, 10 guarderías infantiles, un instituto tecnológico y la universidad Uniminuto que está en 70 municipios del país de tal manera que poco a poco los proyectos comienzan y si hay trabajo, constancia y ayuda de la gente se sale adelante.
La Uniminuto está en Costa de Marfil, África, y aprovechando que hay sacerdotes eudistas fueron animados desde Colombia para que hicieran una universidad, recibieron todo tipo de ayuda y se logró fundar el alma mater hace tres años la cual está caminando.
Iglesia católica, bondad y desarrollo
Por todo lo visto con el padre Rafael García Herreros, el empuje del sacerdote Diego Jaramillo, pero también trabajos sociales trascendentales como el adelantado por Monseñor José Joaquín Salcedo en Sutatenza con la revolución educativa, la apuesta de la comunidad Salesiana con educación técnica y otras iniciativas clericales es visible que la iglesia católica resultó vital para equiparar las cargas en materia social porque diseñaron modelos de educación y de vivienda que hoy siguen siendo dignos de imitación. La iglesia resultó más efectiva y afectiva que el Estado y gracias a los proyectos católicos para la enseñanza y las mejoras en calidad de vida, hubo empleo, familia, escolaridad, principios y oportunidad.
El padre Diego Jaramillo anotó que tristemente en Colombia hace falta compromiso y anotó que resulta irónico que en la primera estrofa del himno nacional se hable de que el pueblo comprende las palabras del que murió en la cruz, algo lejano a la realidad porque si así fuera el país sería totalmente distinto y no habría la violencia que hay en Colombia, caso opuesto habría paz, deseo de ayuda al prójimo, amor y no deseo de robar que es otra de las lacras locales lo que muestra que hace falta un profundo compromiso cristiano en donde la iglesia, propone pero por otra parte se hace necesario contar con una sociedad organizada.
Los presbíteros eudistas se la han jugado por Colombia, han hecho todo lo posible por construir una sociedad mejor y más justa, con valores y verticalidad cristiana como estandarte, pero los tiempos han cambiado y los comportamientos también. El tema de la paz sigue siendo increíblemente retador en las alturas actuales del siglo XXI, muchos quieren seguir en el escenario del conflicto, el despojo y el abuso, pero hay quienes están agotados y quieren ver un país distinto más no descuidado.
El padre cree y confía en que podría haber paz, pero aclaró que para ello se necesita la conversión de todos los individuos, indicó que se necesita que los propios colombianos sepan que es necesario amar al hermano lo cual no es igual a atacarlo con un revolver sino que deben existir entornos de orden, amor, colaboración, piedad y el ánimo de conjuntamente salir adelante, algo espectacular porque se trata del mismo género humano por la creación en donde todos son familia porque provienen de la mezcla de españoles, indígenas y africanos, de manera que todos están en la obligación de servir a la tierra.
“Habrá paz en la medida en que se pueda educar, pero hay un tema que me preocupa, desde que esta universidad, Uniminuto, empezó a graduar gente desde 1999 lo cual nos alegra porque hemos educado a nivel superior a más de 20 promociones, unos 250.000 profesionales. Yo me digo, qué bueno que hubiésemos educado bien a ese número de personas porque 250.000 profesionales trabajando en Colombia tiene que significar algo, en la formación de alumnos si son maestros, en la construcción de vías y casas si son arquitectos e ingenieros, y cada uno, según la opción que haya tomado en la vida, pero que bello que fueran esos 300.000 antiguos alumnos que se comprometieran todos en el trabajo del mundo. Yo he estado hablando en estos días con padres y profesores diciéndoles que tenemos que convencer a nuestros estudiantes y egresados que ellos además de una carrera profesional, aquí tienen que aprender a ser servidores de Colombia, tienen que haber en la universidad hombres y mujeres sensibles a las necesidades del país”, expuso el padre Diego Jaramillo.
Un hombre con pasión por Dios, Jesús y la Santísima Virgen
El padre Diego Jaramillo lleva 66 años de sacerdocio y de vida 92 años y medio, si bien goza de buena salud y se ve dinámico y con deseos de trabajar mucho más dijo que es consciente que la edad cobra sus impuestos. Puntualizó, sabe que no le queda muchos años de vida, pero expresó que quiere, en la medida que pueda, animar a los colombianos a vivir bien, a sus hermanos eudistas a ayudar bien a la educación y a la gente del Minuto de Dios a trabajar todos para servirle a Colombia.
El padre José Diego Jaramillo Cuartas nació en Yarumal, Antioquia, municipio ubicado a unos 130 kilómetros al norte de Medellín. Vio la luz de la vida en 1932 cuando el país era gobernado por el presidente Enrique Olaya Herrera, fueron tiempos difíciles y la historia dice que llagaron tiempos aún más complejos, seguramente por esa huella que dejó la Guerra de los Mil Días desarrollada entre 1899 y 1902 cuando era una tragedia ser Liberal o Conservador, partidos políticos que se enfrascaron en una violencia impía e innecesaria, tan absurda que la gente se mataba por pertenecer a un partido o a otro, una gran tontería, pero así era.
Ese, afirmó el eclesiástico, resultó ser el germen de la violencia porque hubo temas políticos, pero igual la influencia de ideologías externas y fue cuando la gente empezó a creer que los asuntos se arreglaban disparándole uno a otro y realmente se llegó a una etapa de luchas en donde la pregunta que surge es ¿cómo pudimos llegar a eso un pueblo católico y civilizado, etcétera, sino es por qué religiosamente o políticamente se ha perdido muchas veces el norte?
Hacer trabajo social en Colombia es para algunos nacionales, pecado, darle la mano al necesitado y pedir justicia social matricula a muchas personas buenas en una lista oscura. Al mismo padre Rafael García Herreros, recordó Jaramillo, lo señalaron algunas veces, de todas maneras el reverendo salió a la prensa para hacer las aclaraciones y precisiones del caso, en ese tiempo dijo “yo no soy comunista, soy comunitarista”.
El campo hace mucha falta
Un pesar que lleva el padre Diego Jaramillo Cuartas es la pérdida de productividad en el campo, las migraciones de la ruralidad a las grandes ciudades y la poca rentabilidad en la agricultura. Esa fábrica de alimentos sigue marchitándose y el sacerdote anhela que vuelva la gente, que regresen los campesinos y que retornen las cosechas y la tranquilidad.
Anotó que el campo colombiano es muy bello, dijo que en una buena proporción los campesinos son hombres y mujeres, tradicionalmente educados y respetuosos, pero lamentó que al mismo tiempo entró la guerrilla y la lucha, todo un compendio de inseguridad, de manera que es una pérdida que tuvo Colombia. En ese sentido, recalcó, los pueblos de Colombia tenían unos valores muy grandes, después entró el sueño de la ciudad y de esa manera muchísimos campesinos empezaron a migrar generalmente a barrios de pobreza extrema y allí en ese contexto empezaron a perder los valores, formándose en otros ambientes que no siempre fueron favorables.
Los campesinos en su gran mayoría llegaron descalzos no solo al naciente barrio El Restrepo sino a otros sectores de la capital pues no se puede olvidar que muchos suburbios o distritos de Bogotá nacieron con vivienda subhumana o difícil, lo lamentable es que aún existe en barrios de la periferia en donde la gente vive en tugurios.
“Precisamente una de las finalidades de Minuto de Dios es ayudar a construir vivienda para que la gente toda, cualquiera sea su origen, el departamento de dónde vienen, o si son extranjeros, tengan una vivienda de acuerdo a la dignidad que el ser humano necesita”, manifestó el amable y reconocido cura.
Sacerdote de cuna
En tiempos de infancia el entonces niño José Diego, sus padres y su familia vivieron en el centro de Yarumal, recuerda que sus progenitores trabajan en el casco urbano, pero su abuelo paterno tenía dos fincas que eran más de recreo que producción.
Su llegada al clero no es coincidencia ni una decisión de última hora, los padres del clérigo Diego Jaramillo, sobretodo su señora madre, eran profundamente espirituales. Le llega a la mente la figura de una señora muy cristiana y bondadosa en todas sus acciones, de hecho a su mamá la recuerdan en el municipio con respeto y cariño, luego no recibió de ella sino ejemplos de devoción y de vida cristiana.
De su padre, apuntó Jaramillo Cuartas, recibió ejemplos de trabajo, honradez y servicio a los seres queridos y allegados de manera que creció en una familia de clase media, cristianamente muy comprometida.
Sus padres Gabriel Jaramillo y doña Carmen Cuartas fueron personas temerosas de Dios formadas al amparo del amor por el prójimo. La señora Carmen estudio en la normal femenina de Yarumal, una vez terminó sus estudios trabajó como profesora en el mismo sitio, pero una vez conoció a don Gabriel dejó el trabajo y se dedicó a la casa.
Al padre Diego Jaramillo lo motiva demasiado la gente que se va superando, al comienzo de su sacerdocio fue profesor en el seminario de Cali, trabajó en dos ocasiones tres años y medio en la primera y otros tres años y medio en la segunda, los dos años intermedios de eso los dedicó a estudiar en Francia, cuando regresó volvió a Cali y en 1967 fue trasladado a Bogotá en donde trabajo en el seminario de la calle 119 en Usaquén, después en 1971, siendo muy amigo y cercano al padre Rafael García Herreros, el fundador de Minuto de Dios lo llamó y lo invitó para que le ayudara con algunos trabajos, por eso a finales de agosto de 1971aterrizó en el Minuto de Dios, es decir que ya lleva 52 ya casi 53 años de estar laborando en la corporación.
Inicialmente le colaboró al padre Rafael en la construcción de casas y en servicios del Minuto de Dios y cuando falleció García Herreros el 24 de noviembre de 1992 le pidieron que siguiera coordinando las actividades de la organización y siguió prestando ese servicio a la Iglesia y a la comunidad.
Para la corporación el padre Jaramillo tiene muchas metas para él, aseveró, pues dice que por los años ya no es factible alcanzar muchos propósitos, pero aclaró que una de sus metas es morir e irse al cielo.
Apuntó que el Minuto de Dios es como una familia de entidades que va cumpliendo Su deber social, en primer lugar explico el padre Diego Jaramillo, está la Corporación Minuto de Dios que es la que se ocupa del servicio social, de manera especial de la vivienda. Se calcula que desde que el padre Rafael García inició la vivienda, hasta el día de hoy se han construido 200.000 casas aproximadamente lo que implica que se le dio vivienda a un millón de personas poniendo fuera del papá y la mamá o algún adulto mayor que viva con ellos, unos dos o tres hijos.
Ese, insistió, es un ideal del Minuto de Dios y ha estado por muchas partes del país, últimamente ha servido en La Mojana y en Bogotá, pero lleva soluciones a muchas partes.
La Corporación Educativa asume jardines infantiles y colegios y otra Corporación Universitaria que se ocupa de la universidad y del Instituto Tecnológico.
“Dar educación a la gente ha sido para nosotros un ideal y por eso inclusive estamos dando bachillerato en las cárceles gracias a una alianza con el ministerio de Justicia y el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, INPEC. Hemos dado bachillerato a muchachos privados de libertad y también hemos entregado carrera profesional a jóvenes que ya habían hecho su bachillerato porque que creemos que ayudando a los privados de libertad, una vez cumplan su pena tengan otro horizonte y trabajen con otras expectativas y herramientas, es un servicio que le hacemos a Colombia impidiendo que malogre su vida y perjudique a la sociedad”, detalló Jaramillo Cuartas.
Otra de las entidades es el centro Carismático que se ocupa de lo espiritual, tiene emisoras, trabaja en televisión y tiene librerías, igualmente está la Corporación Industrial que capacita a los muchachos para el trabajo, luego hay bajo un techo grande un grupo de entidades y ojalá todas ellas y otras más, si Dios quiere, le sirvan a Colombia bajo un esquema de desarrollo integrado ya que se quiere formar hombres y mujeres plenamente capacitados para vivir como ciudadanos honrados y productivos en el territorio.
Los jóvenes no pueden seguir retando la voluntad divina
Un hecho cierto es que Colombia necesita estar más cerca de Dios, de los valores, la Santa Biblia, la Virgen María y de Jesús Cristo, hoy las nuevas generaciones están muy alejadas de los principios que deben regir al ser humano y por ello se ven a diario tantas cosas e incontables hechos tristes y reprochables.
Por este capítulo, el padre Diego Jaramillo habló con otros sacerdotes a quienes les planteó ese asunto a tiempo que les dijo que el trabajo del Minuto de Dios y la organización deben llevar a que todos los que vayan saliendo graduados de colegios y universidades, se comprometan plenamente en el servicio al prójimo y de esa manera contar con hombres y mujeres dispuestos a servirle a Colombia, pero igualmente que esos colaboradores sean unos cristianos fervorosos que sepan hablar con Dios, que sepan orar, leer la Biblia, amar al prójimo y orientar.
Todo listo para el Banquete del Millón
A finales de este año hay una gran cita entre el Minuto de Dios y los dadores de Colombia, los mismos a los que el padre Diego Jaramillo invitó al imperdible Banquete del Millón.
“Yo quiero invitar a todos los colombianos a que den a que compren su boleta para participar en el Banquete del Millón aquí en Bogotá. En esta ocasión la cita es el jueves 21 de noviembre a las siete de la noche en el Salón Rojo del Hotel Tequendama, no hay que olvidar que en Colombia más de cuatro millones de familias viven en condiciones deplorables por deficiencias en las casas, pisos, baños y cocinas. Estas condiciones no solo impactan cada una de las vidas sino que afectan profundamente la salud así como la calidad de vida de niños y abuelos”, precisó el Padre Diego Jaramillo.
El sacerdote ha hecho el banquete en otras regiones de Colombia como en Nocaima y Manta, Cundinamarca, pero además en el departamento se hicieron banquetes del Millón en Subachoque, Sopo, Ubaté, Fosca y Medina, igual en Tunja y en varias poblaciones de Boyacá porque la idea no es solo que los bogotanos ayuden y se hagan obras en la capital o a nivel nacional, no, lo fabuloso según el sacerdote es que en cada municipio le ayuden a la gente más pobre y vulnerable.
El trabajo es arduo porque demanda viajes, organización, velar porque todo salga bien y volver a Bogotá, todo en un solo día. Esta es una invitación que el padre hace a todos los colombianos para que donde esté el banquete, cada quien con la posibilidad que tenga a mano ayude a los otros, la invitación la hizo extensiva el padre a los alcaldes, consejeros municipales y empresarios, todo para que trabajen por el prójimo. Aclaró que para ayudar no se necesita la presencia del Minuto de Dios ya que cada quien puede ayudar a los pobres y cada uno puede pensar en lo que necesita el de al lado.
El mundo no puede ignorar a Dios
Frente a los conflictos bélicos que tienen al mundo a la expectativa el padre Jaramillo anotó que es hora de bajar la agresividad y caminar por senderos de coherencia. Nuevamente citó el Himno Nacional porque en su opinión no cesó la horrible noche y la humanidad entera no ha podido comprender las palabras del que murió en la cruz, pamplinas, anotó, porque Cristo quiso que hubiese amor y respeto entre todos tal y como lo hizo con apóstoles humildes y pescadores con quienes fundó su Iglesia. Afirmó que debe tenerse muy claro que si una persona no es de la Iglesia debe conocer a Jesús y si se es de la Iglesia debe ser consecuente con lo que cree lo cual lleva a trabajar en el respeto, la concordia y el amor.
Rememoró ese paisaje bíblico cuando a Jesucristo le preguntaron quién era el prójimo, él dijo que un samaritano de una raza que no era amiga de los judíos, bajaba por un camino entre Jerusalén y Jericó, anotó que vio un hombre enfermo, se bajó de su cabalgadura, se acercó al enfermo, le dio el alimento que llevaba, le lavó las heridas, lo reconfortó, después lo subió a su caballo y lo llevó a una posada en donde dijo que lo atendieran hasta que se fuera sanando y que cuando el volviera pagaba todo el excedente, es decir que lo recibieran a costa de él, y eso fue lo que nos enseñó Jesús y creo que fue lo que la Iglesia quiso hacer al principio, pero parece que a los cristianos se les ha olvidado el compromiso.
“El señor nos llamó a que fuéramos amorosos y respetuosos con nuestro prójimo y no que lo estuviéramos atacando, robando y perjudicando, de manera que si acaso algunos lo hacen gracias a ustedes y benditos sean de Dios, si de pronto alguien no lo hace, lo invito a cambiar de vida, el señor nos perdona, nos da la posibilidad de iniciar una vida nueva todos los días, de manera que aceptemos esa bondad de Dios, lleguemos a él, si nos hemos equivocado pidámosle perdón y empecemos nuevamente”, concluyó el presidente de la Corporación Organización Minuto de Dios, padre José Diego Jaramillo Cuartas, uno de los pioneros de la Renovación Católica Carismática.
Una piadosa inspiración
Toda la obra del Minuto de Dios fue inspirada en San Juan Eudes, un sacerdote misionero que nació en una pequeña villa llamada Ri, región de Normandía en Francia el 14 de noviembre de 1601. Después de cristalizar su obra y dejar su legado falleció un 19 de agosto de 1680.
Se le conoce por ser el fundador de la Congregación de Jesús y María, pero igual por crear la Orden de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio, igualmente fue el autor del culto litúrgico del Sagrado Corazón de Jesús y del Corazón de María Santísima Madre de Dios.
Eudes se ordenó como sacerdote el 20 de diciembre de 1625 y tuvo el agrado de celebrar la misa navideña. Nada lo alejó de la obra y ayuda por el prójimo más allá de su enfermedad que lo mantuvo en cama hasta 1626. En el periodo comprendido entre 1627 y 1631, tiempo de terribles plagas, el cura decidió como voluntario cuidar a los enfermos y afectados en su diócesis. Allí dispuso de un lugar especial para ofrecer los sacramentos, igual se percató de que los fallecidos recibieran una digna y apropiada sepultura.
Fue conocido como un apreciable predicador y confesor, quienes lo trataron aseguraban que contaba con un don especial para la evangelización. Las misiones que adelantó eran muy particulares duraban varias semanas o quizás varios meses. Estuvo al tanto de la optimización espiritual de los clérigos, fundo varios seminarios entre ellos el de Rennes.
Tuvo autorizaciones del papa Clemente X, todas con indulgencias para dirigir cofradías y seminarios centrados en los Sagrados Corazones.
Dentro de las anécdotas de San Juan Eudes está la irritación que lo produjo ver los inapropiados refugios ofrecidos a las prostitutas que querían dejar ese modo de vida. Para resolver el problema Madeleine Lamy, una mujer buena que se dedicó a la obra llegó a donde el sacerdote a quien le planteó la situación, fue así como en 1641 fue creada por iniciativa de Eudes la Orden de Nuestra Señora de la Caridad del refugio en Caen para brindar amparo a las trabajadoras sexuales que buscaban hacer penitencia.
En esa iniciativa llegó el apoyo de tres monjas visitandinas que ayudaron incondicionalmente durante un corto lapso de tiempo. En 1644 fue abierta una casa en Caen.
Los miembros de la Congregación de Jesús y María fueron llamados eudistas, sacerdotes reconocidos y apreciados en Normandía y en Bretaña, sitios en donde los obispos les encomendaron dirigir colegios y seminarios.
Al producirse su deceso, los despojos mortales de San Juan Eudes fueron sepultados en la iglesia de los Santísimos Corazones de Jesús y María ubicado en el seminario de los Eudistas en Caen, Francia. Pasó el tiempo en 1810 sus restos fueron llevados a la iglesia de Notre-Dame de la Gloriette, igual en Caen, pero no se quedaron allí, fueron movidos y desde 1884 yacen en la cripta bajo el crucero sur de la vetusta iglesia jesuita.
La beatificación de San Juan Eudes se dio el 25 de abril de 1909 con el beneplácito de San Pio X.